Marx – El Capital Tomo I (sin notas) audiolibro audio libro mp3 voz humana

MARX – EL CAPITAL – TOMO I (sin notas) Audiolibro mp3 (Mexico: Siglo XXI, 1975) Traducción de Pedro Scaron.

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Grabación en mp3, capítulo a capítulo, realizada sin ánimo de lucro y destinada exclusivamente a personas discapacitadas (si usted no se ajusta a este perfil no debe oír ni realizar las descargas).
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Aunque esta lectura en voz alta no puede sustituir, en cuanto a fines de estudio, el trabajo de un texto impreso, ya que se carece de las herramientas de búsqueda, marca, anotación y subrayado tan necesarias para estructurar y fijar el conocimiento, espero que la posibilidad de una audición continua facilite al menos su visión de conjunto, y con ello su mejor comprensión.
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Para los detalles, gráficos y notas, deberá acudirse ineludiblemente a las ediciones impresas, entre las que por ejemplo las traducciones de Roces o Scarón son excelentes, pero desconozco si existen versiones adecuadas, por ejemplo, adaptadas para ciegos.
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La obra no tiene desperdicio, pero clásicamente se ha considerado que tiene dos formas de acceso.
  • Empezar por los prólogos y el capítulo I, siguiendo el orden tal y como fue escrita y pensada.
  • O empezar por el capítulo V (siguiendo la recomendación de la edición francesa, y dejar los primeros cinco capítulos y los prólogos para el final).
Personalmente prefiero el primer camino, el más enriquecedor, aunque pueda parecer algo pesado a quienes se acerquen por primera vez a una obra de esta envergadura. Recomiendo simplemente dejarse llevar por el autor, sin mayores pretensiones, sabiendo que Marx no da puntada sin hilo y que su forma de construir conceptos es en permanente espiral, por lo que aquello que no se comprendió a la primera se comprenderá a la décima. Doy fe.
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El texto utilizado en la lectura, en pdf (con todas las notas) puede seguirse en http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/
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A fin de completar la comprensión del texto, puede ser conveniente también la lectura o audición de algunas obras de carácter general:
Las dos primeras situarán El Capital en su contexto, y la última permitirá entender el proceso por el que se llegó a la peculiar estructura de propiedad que dio lugar a la Revolución Industrial.

 

 

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Una petición.

A quienes crean que este proyecto de grabacón de audiolibros para discapacitados visuales es en si mismo algo valioso, y quieran y puedan colaborar económicamente, les ruego que contribuyan en la medida de sus posibilidades, a fin de que el tiempo invertido en esta tarea sea, a la larga, un esfuerzo sostenible.

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MARX – EL CAPITAL – TOMO I (sin notas) Audiolibro mp3 (Mexico: Siglo XXI, 1975) Traducción de Pedro Scaron.

Duración de la grabación completa (tres volúmenes): 30 horas

Indice de la Obra:
00 Prólogos
SECCION 1 MERCANCIA Y DINERO
01 La mercancía.
02 El proceso del Intercambio.
03 El dinero, o la circulación de mercancías.
SECCION 2 LA TRANSFORMACION DE DINERO EN CAPITAL.
04 La transformación de dinero en capital.
SECCION 3 PRODUCCION DEL PLUSVALOR ABSOLUTO.
05 Proceso de trabajo y proceso de valorización.
06 Capital constante y capital variable.
07 La tasa del Plusvalor.
08 La jornada laboral.
09 Tasa y masa del plusvalor.
SECCION 4 PRODUCCION DEL PLUSVALOR RELATIVO.
10 Concepto del plusvalor relativo.
11 Cooperación.
12 División del trabajo y manufactura.
13 Maquinaria y gran industria.
SECCION 5 LA PRODUCCION DEL PLUSVALOR ABSOLUTO Y DEL RELATIVO
14 Plusvalor absoluto y relativo.
15 Cambio de magnitudes en el precio de la fuerza de trabajo y en el plusvalor.
16 Diversas fórmulas para la tasa del plusvalor.
SECCION 6 EL SALARIO
17 Transformación del Valor (o en su caso del Precio) de la fuerza de trabajo en Salario.
18 El salario por Tiempo.
19 El pago a destajo.
20 Diversidad nacional de los salarios.
SECCION 7 EL PROCESO DE ACUMULACION DEL CAPITAL
21 Reproducción simple.
22 Transformación de plusvalor en capital.
23 La Ley General de Acumulación Capitalista.
24 La llamada Acumulación Originaria.
25 La teoría moderna de la colonización.

El Mito de Sísifo, de Albert Camus. Del sentido de la vida sin Dios. Audiolibro audio libro mp3 voz humana

Audiolibro de la obra de Albert CAMUS – EL MITO DE SISIFO, leído a partir de la edición de Alianza (Barcelona, 1981) según la traducción de Luis Echávarri. (Duración de la grabación completa: 4 horas).

Grabación en mp3, capítulo a capítulo, realizada sin ánimo de lucro y destinada exclusivamente a personas discapacitadas (si usted no se ajusta a este perfil no debe oír ni realizar las descargas).

Aunque la lectura en voz alta no puede sustituir, en cuanto a fines de estudio, el trabajo de un texto impreso, ya que se carece de las herramientas de búsqueda, marca, anotación y subrayado tan necesarias para estructurar y fijar el conocimiento, espero que la posibilidad de una audición continua facilite al menos su visión de conjunto, y con ello su mejor comprensión.

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Una petición.

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INDICE

UN RAZONAMIENTO ABSURDO

1 Lo absurdo y el suicidio

2 Los muros absurdos.

3 El suicidio filosófico.

4 La libertad absurda.

5 EL HOMBRE ABSURDO

6 El donjuanismo.

7 La comedia.

8 La conquista.

9 LA CREACION ABSURDA – Filosofía y novela.

10 Kirilov.

11 La creación sin mañana.

12 EL MITO DE SISIFO.

13 La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka.

 

 

 

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ENSAYO

EL MITO DE SISIFO de Albert Camus (o del sentido de la vida sin Dios)

Una lectura personal de la obra de Camus (Editorial Alianza, Madrid, 1985), reelaborando y resumiendo su exposición en un primer intento de aproximación.

(Jorge Negro, Marzo 2012)

INTRODUCCION

 

La primera vez que me enfrenté a esta obra fue en Granada en la primavera de 1985. Todavía recuerdo -¡cómo olvidarlo!- sus noches frescas y húmedas, el perfume de las fores, los balcones llenos de macetas, las ventanas abiertas de par en par, la vida hacia la calle, las voces y las risas en el viento, y el sonido seco de mis pasos solitarios por las calles empedradas del Albaicin. Yo tenía 20 años y -cómo no estarlo- estaba enamorado. Hoy, al releerla, enamorado de otro amor y con más cicatrices, me doy cuenta de que entonces quizás no fui capaz de comprenderla, y de que probablemente ahora tampoco lo consiga. Primero, porque uno nunca se enfrenta a los textos “en si”, sino desde si y desde sus circunstancias. No nos es posible interpretar las experiencias presentes si no es desde la luz de las experiencias pasadas. Por ello hay libros que no pueden ser comprendidos hasta que se tiene cierta edad, hasta que la vida ha dejado en el lector cierta huella que hace que la experiencia de la lectura sea signifcativa. Pero por otro lado, con este libro como con pocos, me he dado cuenta de que en cada lectura el lector lo recrea creando una nueva obra. Toda obra de arte resulta así por defnición inacabada, y se consuma en y mediante la experiencia artística individual, única e irrepetible. La lectura que haga dentro de unos años tendrá otro signifcado, y tampoco entonces habré logrado comprenderla, tal y como seguramente tampoco nunca la comprendió ni siquiera su propio autor. El lector que era yo hace 30 años hoy para mi es un extraño. Su mundo me es hoy tan lejano que no puedo imaginar cómo serían sus emociones o refexiones al paso de las páginas. Sus ojos entonces recorrerían ávidamente esas líneas, a las que yo ahora otra vez me enfrento, subrayando y dejando anotaciones en los márgenes en las que yo mismo ya no me reconozco. El lector que soy hoy es alguien radicalmente diferente al de entonces. Y sin embargo de alguna forma es el mismo. El mismo que ahora me mira como a un extraño desde el espejo. Eso es lo Absurdo.

Albert Camus (1) (1913-1960) fue un representante eximio de la literatura francesa no continental, recibiendo el Premio Nobel en 1957 “por el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Pese a su origen humilde, hijo de padres proletarios, colonos en Argelia, se apasionó por la flosofía gracias a sus profesores, en especial Louis Germain, a quien dedicaría su discurso del Premio Nobel. La enfermedad no le permitió obtener la licenciatura, pero muy pronto se encontró introducido en los círculos intelectuales de tendencias revolucionarias. En 1937 abandonó el Partido Comunista por serias discrepancias con el Stalinismo. Trabajó en el diario Frente Popular de Pascal Pia (a quien dedicaría El Mito de Sísifo) y en 1940 fue a París como secretario de redacción del diario Paris-Soir. En 1943 trabajó con Gallimard como lector de textos, tomando la dirección de Combat cuando Pascal Pia tuvo que ocuparse de otras tareas en la Resistencia contra la ocupación alemana. Pero sus actividades periodísticas le exigían demasiada dedicación y tras la guerra, en 1947, abandonó la mayoría de dichas actividades políticas para dedicarse principalmente a la fcción y al ensayo, así como a la producción y guión de obras de teatro (como Calígula, 1944), entre múltiples adaptaciones de Calderón, Lope de Vega o Dino Buzzati. Permaneció, no obstante, vinculado al movimiento anarquista, lo que le llevó a un enfrentamiento ideológico con Sartre en 1952. Su obra excede a las corrientes flosófcas e ideológicas de su época, y en ella elabora una refexión general sobre la condición humana sin Dios y sin Ideología. Camus murio en 1960 en un accidente de coche dejando inacabado el manuscrito de “El primer hombre”, obra autobiográfca de gran belleza.

“Llega siempre un tiempo en que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Esto se llama hacerse un hombre”. “Con cada forma abortada en las trincheras, con cada rasgo, cada metáfora o plegaria triturados por la metralla, lo eterno pierde una partida. Consciente de que no puedo separarme de mi época, he decidido formar cuerpo con ella. Porque se que no hay causas victoriosas me gustan las causas perdidas: estas exigen un alma entera, igual en su derrota como en sus victorias pasajeras.”(2). Albert Camus fue un hombre comprometido con su época(3) y un heredero de la tradición flosófca de la Modernidad. Conoce los límites de la Razón pero no necesita renegar de ella. Sabe que no hay una Etica más allá de lo humano, pero sin embargo se niega a vivir sin una. Y puesto que para vivir tiene que elegir cómo vivir la vida, elige vivirla con pasión. “El hombre es su propio fn, y si quiere ser algo tiene que serlo en esta vida”. Las relaciones humanas son su único lujo. “En este universo frágil todo lo humano adquiere un sentido profundo. Los rostros tensos, la fraternidad amenazada, la amistad, son las verdaderas riquezas, puesto que son perecederas. Allí es donde el espíritu siente su poder y sus límites. La inteligencia ilumina ese desierto y lo domina. Morirá al tiempo que el cuerpo, y su libertad consiste en saberlo.”

En El Mito de Sísifo (1942) Camus expone su teoría de la libertad y de lo Absurdo a través de la constatación de los límites de la Razón. Contra las evasiones típicas como la esperanza o el suicidio, el Hombre Absurdo es aquél capaz de vivir dichoso y sin apelación en un mundo sin esperanza, rebelado contra sus límites y siempre insatisfecho de conocimiento. El hombre absurdo quiere agotar su tiempo. “No quiero tener en cuenta la nostalgia ni la amargura y lo único que quiero es ver con claridad. El mundo tritura al individuo, y yo soy quien lo libera. Yo le proporciono todos sus derechos.”

 

 

EL MITO DE SÍSIFO

 

Lo absurdo y el suicidio.

Si la importancia de una cuestión depende de los actos a que obliga, se comprenderá claramente que juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirse es responder a la pregunta fundamental de cualquier flosofía. Matarse, en cierto modo, es confesar que se piensa que se ha sido sobrepasado por la vida, que no se la comprende, que se está minado. Ciertamente, el mismo hecho de comenzar a pensar conlleva comenzar a estar minado, pero -salvo por algún honroso suicidio político, de lo que no se tratará en este ensayo- la gente no se suicida generalmente por refexión, sino por algo incontrolable. Y eso es de alguna manera lógico: uno vive por costumbre y respira por costumbre. Morir voluntariamente supone reconocer el carácter ridículo de esa costumbre, y por tanto la ausencia de toda razón y la inutilidad de todo sufrimiento.

¿Qué origina ese sentimiento que priva al espíritu del “sueño” necesario para la vida?

Un universo que se puede explicar, aunque sea malamente, es un universo familiar. Pero un buen dia se produce un divorcio entre el hombre y su vida, entre el actor y su decorado. El universo queda privado repentinamente de ilusiones y de luces y el hombre se siente extraño, en un exilio sin recurso, privado de los recuerdos de una patria perdida o de la esperanza de una tierra prometida. Es el sentimiento de lo absurdo.

Entre este sentimiento y la Nada hay una relación íntima, compleja e irreductible a un simple “si” o a un “no”. No hay más que ver cómo la mayoría de la gente asaltada por esta angustia nunca llega a posturas concluyentes. Quienes afrman que la vida no tiene sentido viven como si lo tuviera; en tanto que quienes se suicidan suelen manifestar estar muy seguros de que la vida tiene un sentido, pero que les ha sido negado. La mayoría de los hombres pasan la vida jugando un juego que consiste principalmente en eludir. En ese juego, la evasión mortal típica es la esperanza: la esperanza en otra vida que hay que merecer, o el engaño de quienes viven no para la vida misma sino para alguna otra idea que la supera, la sublima, le da un sentido… y fnalmente la traiciona.

La absurdidad parece así imponer la elección entre la muerte o la evasión. Pero, ¿realmente no hay más salidas?. Una vez alcanzado el sentimiento absurdo ¿es posible permanecer en él sin doblegarse, tenaces y clarividentes, en esos lugares desiertos y sin agua en los cuales el pensamiento llega hasta sus confnes? La verdad e que, llegados a ese punto, muchos renuncian a la vida, mientras otros renuncian a su pensamiento. Para nosotros, el verdadero esfuerzo consistrá en permanecer allí tanto como nos sea posible, para examinar de cerca la vegetación barroca de esas alejadas regiones, como espectadores privilegiados de un juego inhumano en el que lo absurdo, la esperanza y la muerte intercambian sus discursos.

Los muros absurdos.

Nuestra vida se desenvuelve entre cuatro paredes, y el esfuerzo por comprender las empuja cada dia más allá, ampliando nuestro espacio de lo familiar, llevándolas a veces tan lejos que no las vemos. Pero los muros siguen estando allí, y cada vez que el pensamiento se aventura hasta los límites de lo conocido vuelve a encontrarlos, implacables, inexpugnables, inapelables. Son los muros de lo absurdo.

El tiempo (¿qué es el Tiempo?) nos lleva todos los días por una vida sin brillo, viviendo de

porvenir: “mañana”, “más tarde”, “cuando seas mayor”… son todas inconsecuencias admirables, puesto que al fn y al cabo solo se trata de morir. Pero un día el hombre se da cuenta de que pertenece al tiempo. Irrisoriamente, miserablemente, como todas las grandes acciones, un día la rutina se interrumpe, los decorados se derrumban y todo queda cubierto por una lasitud teñida de asombro. Entrevemos que el mundo es “espeso”, y vemos hasta qué punto una piedra puede ser “extraña”. La ilusión de familiaridad con que revestíamos el paisaje se aleja como un paraíso perdido y la hostilidad del mundo llega hasta nosotros. Nos hemos dado cuenta de que no lo comprendemos: el rostro de la mujer amada se vuelve extraño, la pantomima de cuanto nos rodea, estúpida y sinsentido. Un extraño se presenta a nosotros frente al espejo, y aparece la nausea. Es el sentimiento de lo absurdo.

La sensación absurda es algo que cualquier hombre a lo largo de su vida ha podido sentir. Pero, como agua que se escapa entre las manos, cuando se la intenta formalizar y comprender parece inasible. Obviamente, todo pensamiento es antropomórfco y el universo del gato no es el del oso hormiguero. Para nosotros, comprender la realidad es reducirla, aclararla, hacerla familiar, en términos de pensamiento humano. Pero cuando me pongo a ello, ya la primera operación de la mente consistente en discernir lo verdadero de lo falso, muestra un signifcado lleno de oscuridades y contradicciones.

Puedo sentir mi corazón y juzgar que existe. Puedo tocar el mundo y juzgar también que existe. Pero a partir de ahí todo lo demás es construcción. El mismo Yo que capto escapa a su defnición(4). Entre la certidumbre de mi existencia y el contenido que intento darle hay un foso que siento que nunca podré colmar.

La ciencia describe, clasifca y enuncia leyes que en mi sed de saber consiento en que son ciertas. Pero de pronto caigo en la cuenta de que he reducido la realidad a invisibles sistemas planetarios, electrones y átomos, resolviendo las hipótesis en metáforas y la incertidumbre en obras de arte. Puedo captar los fenómenos y enumerarlos pero no puedo aprehender el mundo. Cuando haya seguido todo su relieve con el dedo no sabré más que ahora. Me veo forzado a elegir entre una descripción que es cierta pero que no me enseña nada, y unas hipótesis que pretenden enseñarme pero que no son ciertas.

Extraño a mi mismo y a este mundo, armado únicamente con un pensamiento que se niega a si mismo, todo parece ordenado para alimentar esa paz emponzoñada que nace de negarse a saber o de renunciar a vivir. Y aqui es donde adquiere sentido el Destino del hombre. Esta relación del hombre con el mundo es lo Absurdo; es su único lazo, consistente en la confrontación entre lo irracional y su deseo desenfrenado de claridad. La Razón se mueve en el orden de la experiencia humana, y la imposibilidad de comprender esa irracionalidad constitutiva nos alza de golpe con clarividencia frente a los muros que nos rodean, mostrando que el espíritu ha llegado a sus confnes.

El suicidio flosófco.

Pero reconocer los límites de la Razón no implica negarla. El absurdo es esencialmente un divorcio que nace de la comparación entre dos hechos: una acción humana y un mundo que la supera. No está, por tanto, ni en uno ni en el otro término de la comparación, sino que nace de su confrontación y de su presencia común. Es por ello que destruir uno de sus elementos es destruir la relación. No puede haber absurdo fuera del espíritu humano ni fuera de este mundo. Esa es la razón por la que lo absurdo acaba con la muerte.

Otra manera de acabar con él es dándole la espalda, pero el hombre es presa de sus verdades, y una vez que las reconoce no puede apartarse de ellas. Ante el angustia de vivir bajo la asfxia de lo absurdo algunas flosofías existenciales, las más patéticas, nos proponen la Evasión a través de una esperanza religiosa. Otras en cambio, desde un pretendido orden racional, resultan en cambio ciertamente paradójicas, ya que pretenden demostrar consecuencias racionales más allá de la experiencia para un mundo al que imaginan sin principio rector. Ambas constituyen formas de suicidio flosófco, variantes de una actitud existencial mediante la que el pensamiento se niega a si mismo, negando signifcación al mundo para acabar encontrándole trascendencia, sentido y profundidad.

Puesto que para lo posible se bastan los hombres, para lo imposible las primeras convierten lo absurdo en Dios: “He aquí lo Absurdo; he aquí a Dios”. De su inhumanidad e inconsecuencia extraen su grandeza. Cuanto más vengativo, incomprensible y contradictorio es, más afrma su poder. Dice Kierkegaard que la antinomia y la paradoja son la puerta a lo religioso: “En el sacrifcio del intelecto (…) en su fracaso, el creyente encuentra su triunfo”. El cristiano entona allí un grito de esperanza: la muerte no es un fnal. Pero este salto, aunque legítimo, no es consecuente, y esta reconciliación mediante la desmesura y la esperanza no justifca nada, ya que como dijimos antes no hay probabilidad experimental.

Entre las segundas, Husserl reduce todo a re-aprender a ver, dirigiendo la propia conciencia, haciendo de cada imagen un lugar privilegiado. La fenomenología renuncia así a explicar el mundo, mostrándolo en una sucesión inconsecuente de ilustraciones. Si simplemente se quedara allí, esa postura sería perfectamente compatible con el sentimiento absurdo. Pero no lo hace y pretende extender esa vivencia a una noción de verdad, descubriendo la esencia de cada objeto de conocimiento, transformando la experiencia en una afrmación metafísica, y dando con ello un salto que a la postre acaba siendo completamente incomprensible.

De este modo la razón y lo irracional llevan a la misma predicación. El flósofo y el religioso parten del mismo desorden y se apoyan en la misma angustia para explicar una nostalgia de unidad perdida, dando un salto por medio de un acto de fe, reconciliándose en la esperanza.

Pero el espíritu absurdo carece de esa suerte. El mundo no es ni tan racional como quisiera ni tan irracional: es simplemente irrazonable. El hombre absurdo posee una razón lúcida que a cada paso que da comprueba sus límites. El pecado, si lo hubiera, no consiste en saber (de ese, a nuestro pesar, somos inocentes), sino que consiste en desear saber. De alli surge esa nausea que se traduce en la ausencia total de esperanza (que no es desesperación), en un rechazo continuo (que no es renuncia) y en una insatisfacción consciente que nunca será colmada.

La libertad absurda.

Entonces ¿qué verdades puedo reconocer que no surjan de una esperanza que no tengo? Hemos visto que solo soy capaz de comprender en términos humanos, comprendiendo solo lo que toco y lo que se me resiste. No se, en cambio, si este mundo tiene un sentido, y tampoco soy capaz de conciliar las otras dos certidumbres que tengo y que son contradictorias: mi necesidad de unidad y la irreductibilidad del mundo a un principio racional.

Si yo fuese un árbol o un gato el problema del sentido no tendría sentido pues yo formaría parte del mundo. Yo sería el mundo al que ahora me opongo con mi conciencia y mi exigencia de familiaridad. Pero soy un hombre y un hombre se exige a si mismo vivir exclusivamente con lo que sabe, con lo que es: se exige vivir sin apelación.

Hasta ahora se trataba de saber si la vida debía tener un sentido para vivirla. Ahora se trata de ver que quizás se la pueda vivir mejor si no tiene sentido.

Vivir un destino es aceptarlo plenamente; pero si se sabe que es absurdo, vivir es ante todo contemplarlo, enfrentarse a él cara a cara. La seguridad en un destino aplastante, sin resignación y sin esperanza puede alejar a la experiencia absurda del suicidio físico, tanto como del otro suicidio en vida que es matar lo absurdo dándole la espalda mediante la evasión. Enfrentándose a lo absurdo, rebelándose, el hombre puede poner precio a la vida restituyéndole su grandeza. Para un hombre no hay espectáculo más bello que el de una inteligencia que lucha contra una realidad que la supera: es el espectáculo del orgullo humano. Y una metafísica escéptica es incompatible con una moral del renunciamiento, ya que se trata de morir irreconciliado. El hombre absurdo no puede sino agotarlo todo, agotar su vida y agotarse en un esfuerzo solitario que testimonia su única verdad: su desafío.

Además constato que yo no puedo experimentar sino mi propia libertad, por lo que el problema de la “libertad en si” se muestra un sinsentido, un problema secundario ligado al problema de Dios: saber si el hombre es libre exige saber primero si puede tener un amo, por lo que la misma cuestión que lo hace posible le quita a la vez todo sentido. Porque ante Dios no hay un problema de Libertad sino el problema del Mal: o somos libres y Dios no es todopoderoso, o no somos libres y Dios es responsable del Mal. Así, vemos cómo la idea de una libertad dada por un ser superior se expresa a través de un oximorón. Discutir sobre una noción que sobrepasa la experiencia individual y, además, es contradictoria, no tiene sentido.

Pero en tanto que lo absurdo aniquila toda posibilidad de libertad eterna, privándome de esperanza y porvenir, me devuelve la libertad individual, de espíritu y de acción. La absurdidad de una muerte posible cuestiona la idea misma de existencia y de libertad superior, dando fundamento a la única y palpable libertad, la de mi ser y la de mi ahora, sin eternidad y sin mañana.

Sentirse extraño a la propia vida se vuelve principio de libertad individual, de esta nueva independencia que reemplaza la ilusión de “libertad en si” y que acaba en la constatación irrevocable de la muerte. La muerte y lo absurdo devienen los únicos y sufcientes principios de la única libertad razonable que un corazón humano puede sentir y vivir: la libertad de acción.

El hombre absurdo, situado en un mundo en el que todo está dado, y más allá del cual solo hay hundimiento y Nada, puede suicidarse física o mentalmente, o puede aceptar vivir en semejante universo sacando de él sus fuerzas, su negativa a esperar y el testimonio obstinado de una vida sin consuelo.

Sin escala de valores ni jerarquías solo queda la cantidad, un estar frente al mundo con la mayor frecuencia posible. Sentir la vida indiferente al porvenir, sin apelación con pasión agotando la sucesión de presentes, en rebelión constante y consciente frente a los únicos obstáculos irremediables que son la muerte o la locura.

El hombre absurdo.

Para quien vive sin Dios todas las morales son justifcaciones a posteriori: él es, por tanto, inocente. Quisiera la certidumbre de un Dios que le diera sentido, pero no la tiene y comienza la amargura. En su universo si bien todo no está permitido, nada está prohibido. Como todas las experiencias son indiferentes se puede ser virtuoso por capricho. De donde se deduce que puede haber responsables pero no culpables. Y así, mirando a su alrededor, constata a diario cómo muchos obran mal con mucha moral, en tanto que la honradez las más de las veces no requiere reglas.

¿Cómo se vive en un universo sin jerarquías? Veamos cuatro ejemplos.

Don Juan no es triste. Los tristes tienen dos motivos para estarlo: o ignoran o esperan. Pero Don Juan sabe y no espera. Es el genio de la inteligencia que conoce sus límites. Don Juan sabe que no hay amor si no se es contrariado y que no hay pasión sin lucha. Sabe que son muy largos los días para quien sabe mantenerse vivo. Por eso, el fn último, nunca deseado, es despreciable. Vive en la eternidad viviendo cada presente.

El actor en cambio reina en lo perecedero. Sus glorias son efímeras. En las tablas los personajes nacen y mueren a lo largo de dos horas sobre 50 metros cuadrados. Cuanto más estrecho es el límite que se le da para crear su personaje, tanto más necesario es su talento. Va a morir dentro de dos actos, en los que tiene que experimentar y expresar todo un destino excepcional, dos actos que le llevarán hasta el fnal de un camino sin salida que el hombre de la sala tardará toda su vida en recorrer. Pero cuando deja el escenario Segismundo no es nada; se le ve comiendo en una taberna. De pronto, el personaje reemplaza al hombre. Recorriendo los siglos, el personaje le imita asemejándose a ese otro personaje absurdo que es el viajero: tomando el vaso reencuentra el ademán de Hamlet al levantar la copa, y sin frontera entre lo que se es y lo que se quiere ser, muestra qué corta es la distancia que separa a los múltiples seres que en él viven. Pero, tanto en la escena como en el mundo al fnal solo se trata de morir. Y en ese momento fatal todo lo que se ha vivido está frente a uno, claro, desgarrador, irremplazable. El sabe, y ahora puede morir.

El tercer personaje es el aventurero. El sabe que la acción en si misma es siempre inútil. Las grandezas de un Alejandro quedan ahora reducidas a una protesta y a un sacrifcio sin porvenir. Aunque no se trata de complacerse en la derrota, pues es claro que la victoria siempre es deseable, sabe que “solo” hay una victoria, la eterna, y que esa es la que no podrá alcanzar jamás. Por eso toda revolución se inicia siempre contra los dioses, como hizo Prometeo. En esa reivindicación del hombre contra su destino (la del pobre solo es un pretexto) defende su condición humana, colocando su lucidez en medio de lo que la niega, exaltando al hombre ante lo que lo aplasta, con su libertad, su rebelión y su pasión. El hombre, ahora lo sabe, es su propio fn, y si quiere ser algo tiene que serlo en esta vida.

Así, el amante, el comediante o el aventurero simbolizan estilos de vida donde basta saber y no ocultar nada. Lo absurdo les da un poder real y la ventaja de saber que todos los reinos son ilusorios. Saben (sin esperanza y sin desesperar) y en ello consiste toda su grandeza. Viven tratando de ser consecuentes, de vivir de lo que tienen sin especular sobre lo que no tienen, sin debilidad, pensando con claridad y sin esperanza en un universo sin porvenir, absurdo y sin Dios.

En la rebelión absurda el hombre tributa un homenaje a su dignidad librando un combate que sabe que está perdido de antemano. Y en esa defensa de la absurdidad del mundo se da una especie de felicidad metafísica.

El más absurdo de los personajes resulta por ello, sin duda, el creador; y el goce absurdo por excelencia es la creación artística. “Tenemos el arte para no morir de la verdad” diría Nietzsche. Crear es la gran imitación, es vivir dos veces, en contacto y consciencia de lo absurdo. Si el mundo fuera claro no existiría el arte. Este comienza donde termina el pensamiento, y consiste en describir, recorrer, agrandar y enriquecer esa isla sin porvenir que acaba de descubrir. La obra total de un artista es una sucesión de obras que se completan, corrigen y contradicen las unas a las otras, de modo que la serie de sus obras no es sino la colección de sus fracasos. La muerte del creador la completa cerrando su experiencia; dándole su sentido defnitivo. En la obra de arte, por tanto, no hay más misterio que la voluntad por mantener la conciencia. La obra humana es el testimonio de la rebelión del artista contra su condición en la perseverancia de un esfuerzo estéril. Es

un “todo para nada”, la ocasión que proporciona al artista acercarse a su realidad desnuda.

El mito de Sísifo.

Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Diferen las fuentes sobre los motivos por los que Sísifo acabó siendo un trabajador inútil de los infernos. Pero se dice que estando a punto de morir ordenó a su esposa que dejara su cadáver insepulto, sabedor de que no podría hacerlo. Al bajar a los infernos, el astuto Sísifo protestó ante Plutón por el incumplimiento de la promesa recibida de su esposa y solicitó el permiso para subir a castigarla. Una vez arriba, disfrutando del sol y la belleza del mundo de los vivos, se negó a bajar otra vez al inferno, haciendo necesario todo un decreto de los dioses, y hasta que el mismísimo Mercurio bajara personalmente a la tierra a coger al audaz y llevarlo por fuerza hasta la roca que en castigo le estaba preparada.

Sísifo, tanto por su pasión como por su tormento, es el héroe absurdo por excelencia. Su desprecio a los dioses y su gusto por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo ser se dedica a no acabar nada, precio que se paga por las pasiones de esta tierra.

Pero los mitos nada nos dicen sobre la vida de Sísifo en los infernos. Podemos imaginarlo llegando a la cima, sudoroso, cubierto de polvo, la cara contra la roca, empujando la piedra montaña arriba a lo largo de ese espacio sin cielo y sin tiempo. Cuando alcanza su meta, Sísifo ve descender la piedra hasta la profundidad de la que habrá de volver a subirla, y baja a por ella otra vez hacia la llanura.

Ese regreso, esa pausa, es la hora de su conciencia. El mito es trágico porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría, si no, su castigo si nuestro héroe tuviera la esperanza de conseguir su propósito?. Al igual que él, el obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y su destino no es menos absurdo. Pero solo es trágico en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, el proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su miserable condición. En ella es en lo que piensa durante su descenso, y como no hay destino que no se venza mediante el desprecio, la clarividencia que debía constituir su tormento se consuma su victoria.

Por ello, el descenso puede hacerlo también con alegría. La roca solo vence, y surge la tristeza, en tanto que las imágenes de la tierra se aferran al recuerdo. Pero la verdad aplastante perece en cuanto es reconocida, y allí es donde comienza la tragedia. “Todo está bien” dirían Hamlet o Kirilov, dejando constancia de la victoria absurda.

La clarividencia expulsa de este mundo al Dios que había entrado en él con la insatisfacción y la afción a los dolores inútiles, y la felicidad surge inseparablemente de lo absurdo haciendo del destino un asunto completamente humano. En el mismo instante en que vuelve sobre su vida, sobre su roca, contempla la serie de actos desvinculados convertidos ahora en destino, un destino creado por el y unido bajo la mirada de su memoria y a punto de ser sellado por la muerte. Sabe que no hay nada más allá del único destino fatal y despreciable, por lo que su destino le pertenece, su roca es su cosa. Sísifo se sabe el dueño de sus días.

Persuadido del origen enteramente humano de todo sabe que la noche no tiene fn y que la roca seguirá rodando. El también juzga que todo esta bien. Este universo, en adelante

sin amo, ya no le parece estéril ni fútil. Cada grano de esa montaña oscura forma por si solo un mundo. Y el esfuerzo mismo por llegar a su cima basta para llenar el corazón de un hombre: hay que imaginarse a Sísifo dichoso.

 

CONCLUSION.

 

“Si la importancia de una cuestión depende de los actos a los que obliga, la discusión acerca de la si la vida merece o no merece la pena vivirse es la cuestión fundamental de la flosofía.”

Desde esa provocación radical, Camus repasa las dos soluciones típicas dadas al asunto: la del suicidio y la de la evasión a través de la esperanza (religiosa o racional). Comprueba que los seres humanos obran contradictoriamente respecto de lo que dicen sostener: quienes dicen creer en la esperanza se aferran a la vida; quienes creen que la vida no tiene sentido obran como si lo tuviera (bajo la ilusión de que la muerte nunca llegará); y quienes se suicidan, por último, parecen tener claro que la vida tiene un sentido que no son capaces de alcanzar.

Analiza las condiciones bajo las cuales los hombre se enfrentan al sentimiento absurdo. Investiga primero al pensamiento, cuando este llega a sus límites, concluyendo que la Razón solo es válida para la escala humana (afrmación rigurosamente kantiana). Luego, se detiene en analizar las condiciones bajo las que se produce la Esperanza, tanto religiosa como racional, constatando que el paso desde lo absurdo a la esperanza es un salto completamente ilegítimo y más allá de toda experiencia.

Estos intentos por encontrar un sentido a la vida, claramente, han fracasado. Son sucedáneos para mantener la vida adormecida, sin brillo. Entonces, se pregunta ¿es posible vivir la vida sin sentido, sin apelación, sin esperanza; sin consuelo y sin evasión?. En este universo sin porvenir y sin libertad metafísica, el hombre enfrentado a lo absurdo, a los confnes de los muros que lo aprisionan, sabedor de que no hay Destino más allá del que él mismo construya, se vuelve consciente de su libertad de acción constitutiva, dueño de si mismo, de su destino y de su vida. En un universo sin amo, el único amo ahora es él. Y es dichoso.

 

 

 

Notas:

1 ALVISU, J. Medio siglo sin el escritor Albert Camus (En Internet. http://www.elespectador.com/entretenimiento/arteygente/articulo-179957-medio- siglo-sin-el-escritor-albert-camus 23-4-2012). Ver también noticias biográfcas en internet: Biografía como Premio Nobel (http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1957/camus-bio.html; Discurso de aceptación del Premio Nobel en 1957 http://gatopardo.blogia.com/2009/103101-albert-camus-discurso-de-aceptacion-del- premio- nobel-de-literatura-ano-1957.php; http://www.biografasyvidas.com/biografa/c/camus.htm; Breve biografía http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Camus; búsquedas de fecha 23-4-2012.

2 Camus, Albert. El Mito de Sísifo. La Conquista.

3 Con respecto al conficto argelino, decía: “He amado esta tierra con pasión, de ella he extraído todo lo que soy y nunca he apartado de mi amistad a ninguno de los hombres que allí viven, sin importar su raza” (En internet: http://www.elespectador.com/entretenimiento/arteygente/articulo-179957-medio- siglo-sin-el-escritor-albert-camus).

4 “¿Qué es pues el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo a quien me lo pide, no lo se”. San Agustin, Confesiones XI, XIV.

El Libro de Job. Una aproximación al problema del Mal (El Mal, como constitutivo de lo Humano).

(Jorge Negro, Julio de 2012).

 

Introducción

 

“(…) ante Dios no hay un problema de Libertad sino el problema del Mal: o somos libres y Dios no es todopoderoso, o no somos libres y Dios es responsable del Mal.”

Es un lugar común que no hay Etica sin convivencia humana. Y así como, decía Camus, el universo del gato no es ni puede ser el universo del oso hormiguero, el universo del hombre es necesariamente antropomórfico, medida de todas las cosas y punto de partida para la interpretación de todo lo que existe. Careciendo del don de la ubicuidad, el hombre no puede ver el mundo sino cada vez desde un peculiar, exclusivo e irrepetible punto de vista. Por ello la Etica (reflexión elaborada de aspiración racional, surgida en y para posibilitar la convivencia humana en sociedades relativamente avanzadas e igualitarias) al igual que la Religión o el Mito (surgidos como explicación cosmológica y cosmogónica, justificación del pasado y del status quo) no podían ser ni pueden ser otra cosa que antropomórficos, parciales y limitados por la experiencia pasada, colectiva e individual. Son, lo quieran o no, deudores de un antropomorfismo creemos (esperamos, mejor) ingenuo en sus comienzos, pero que se vuelve más suspicaz y progresivamente prevenido en su madurez, en la medida en que se hace consciente de sus propias limitaciones. Pero, sea como sea, más sutil o menos elaborado, más racional y aséptico o más o menos dependiente de “autoridades” presentes o pasadas, como no legislamos para un futuro teórico sino siempre para un presente atado inexorablemente a un pasado, el problema del “deber” (suscitado siempre entre dos o más personas) se reduce siempre al problema de lo “debido”, al problema de lo justo, que es aquello está “mandado”, lo que “siempre se ha hecho”, lo que se “espera” de nosotros, verbos todos en pretérito, que remiten en suma lo que esperamos del “otro” (un otro siempre humano) para hacer este universo (también humano) predecible.

Las sociedades primitivas intentaron por todos los medios comprender las terribles fuerzas a las que estaban sujetas. Ese esfuerzo de interpretación, a la postre justificación, se tradujo en un universo simbólico que fue adquiriendo cuerpo como religión, desarrollando una cosmogonía relativa al origen y pasado de la organización social y natural, asi como una cosmología justificativa de lo presente y, por extensión, de las relaciones sociales. Asi, tomando como ejemplo a Egipto, tal como Re era responsable de garantizar el orden frente al caos en el cosmos, el faraón lo era en la superficie de la tierra frente al caos de lo humano, y cada individuo lo era en su interior, único y exclusivo responsable del buen gobierno de si mismo. Cada uno tenía su misión, como garante de Maat, y esa responsabilidad no era delegable. A la muerte, debían dar cuenta del uso que habían hecho de su libertad frente al tribunal de las almas, lugar y momento donde simbólica y significativamente se contrapesaban las miserias humanas que cargaban el corazón con la pluma que representaba a Maat.

En un universo donde las leyes naturales están inextricablemente ligadas al universo de las obligaciones humanas, Mito, Religión, Política, poesía, arte, pensamiento formaban un todo continuo en el que era imposible desligar unos elementos de otros. Y ello siguió siendo asi hasta el advenimiento del pensamiento sistemático filosófico griego, que comenzó a reflexionar, en tanto que se distanciaba incluso de si mismo y tomaba consciencia de sus limitaciones.

Pero entretanto, entre esa explicación simbólica, mitológica o religiosa y una explicación racional y libre de antropomorfismos nunca alcanzada, se han dado multitud de momentos de intensa reflexión teológica, histórica, científica, epistemológica, política y ética, tanto en la tradición oral como escrita, que han llegado hasta nosotros sistematizados a través de la literatura religiosa o desperdigados a través de la herencia poética. A este saber, recogido y transmitido con vocación de enseñar, se le ha dado el nombre de literatura sapiencial, en sentido amplio. A el, entre otros, pertenecen (en Egipto) las Máximas de Path-Hotep (recomendaciones morales dirigidas por un visir a su hijo), la Instrucción al Rey Meri-Ka-Re (consejos políticos de un rey a su hijo) o la Instrucción de Amen-Em-Hat I (ficción, con consejos de un rey asesinado a su hijo) o Instrucción de Any (consejos morales de un funcionario a su hijo), la Disputa entre un Hombre y su Alma (quejas de un hombre frente a su alma, en un mundo donde impera la maldad) o las Canciones de Arpista (con una visión de la vida y la muerte más o menos escépticas, hedonistas y heterodoxas); a Mesopotamia por el contrario pertenecen la Lamentación de un Hombre dirigida a su Dios (preludio sumerio al tema de Job y primer ensayo literario sobre el sufrimiento del justo sin motivo aparente, que concluye con que nadie está libre de pecado), Alabaré al Señor de la Sabiduría (donde se trata del sufrimiento de quien no es consciente de haber cometido alguna falta, concluyendo y aceptando la inescrutabilidad de los designios divinos y su naturaleza), la Teodicea Babilónica (un diálogo entre dos amigos sobre la miseria humana y el sufrimiento injusto de uno de ellos) o Consejos de Sabiduría (con recomendaciones morales de un padre a su hijo).

El género sapiencial fue introducido en Israel por el rey Salomón (970 a.C. – 931 a.C.), quien adaptó los géneros mesopotámicos y egipcios, basados en refranes o proverbios altamente estilizados, mediante la fundación de escuelas de escribas. En 701 a.C. comienzó la recopilación del material del libro de los Proverbios; en 640 a.C., el núcleo del Deuteronomio; en 622 a.C., Jueces, Josué, Samuel y Reyes (hasta Amon); y en 559 a.C., los libros de Jeremías, Lamentaciones, Salmos del Destierro e Isaias (Deutero-Isaias). Pero el periodo de mayor esplendor de este género llegará con la libertad otorgada a los cautivos de Babilonia por Ciro en el 538 c.C.. En 445 a.C. se completaron las recopilaciones de Proverbios, Cantar de los Cantares y Salmos y se escribieron nuevas obras, como los libros de Job, Rut y Jonas, que procuraron alejarse del rigorismo de Esdras itentando dar respuesta a los cambios sociales, políticos y religiosos que se habían producido. La literatura sapiencial sustituyó a los Profetas por los Sabios, humanistas y moralistas que comenzaron a tratar con problemas que afectaban a todos los hombres y no solo al pueblo de Israel. Aunque para el judaísmo la Sabiduría era un rostro más de la Palabra de Dios, la Sabiduría de la literatura sapiencial raramente se ocupó de religión, y por el contrario trató del destino y del comportamiento humanos, circunscribiéndose al ámbito de la experiencia común de la mayoría de los individuos. Lejos de buscar la expiación de la culpa o la relación del hombre con la divinidad, trató de enseñar con simplicidad la rectitud de la conducta en la vida diaria.

Este es el contexto donde el Libro de Job pasa a formar parte del cuerpo canónico del Antiguo Testamento: dentro de la tradición sapiencial hebrea, tradición a la que pertenecen también los libros de los Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría y Eclesiástico.

El Libro de Job trata de un problema tan antiguo como el hombre e irresoluto: ¿por qué existe el Mal y el sufrimiento del Justo?. Como ya hemos visto, en tiempos del Libro de Job este ya era un tema tratado abundantemente, y desde distintos ángulos, tanto en Mesopotamia como en Egipto. Ese gigantesco crisol que fue el Oriente Medio Antiguo, a la par que de la mano brutal de la conquista violenta y del desplazamiento forzado se obligaba a gentes y pueblos a poner en juego toda su imaginación y capacidad de supervivencia; permitió a lo largo de milenios el extraordinario ejercicio intelectual de enfrentar selectivamente problemas similares a mentes, culturas, religiones y costumbres diversas.

En ese juego de supervivencia el diferente marco conceptual con el que cada pueblo se acercara al mundo podía ser una herramienta y un arma decisorias. Para un sumerio, sociedad eminentemente práctica, la existencia del Mal solo podía deberse al olvido o desconocimiento de alguna obligación para con alguno de los innumerables dioses que vivían y exigían de la ofrenda de los mortales. No había pecado, sino solo ignorancia, error o negligencia. La radical trascendencia de lo divino respecto a lo humano hacía incomprensibles e inescrutables su naturaleza y sus designios. Ante el Mal, solo quedaba insistir en la plegaria hasta que el dios vengador apartara su mano dañina del sufriente. Los Consejos de Sabiduría, son un ejercicio de Etica civil, eminentemente práctica, para allanar el camino en la convivencia. El Mal no era por tanto un problema moral.

Para un egipcio, en cambio, el mal terreno proviene exclusivamente de la injusticia realizada por él mismo o por otros, sean humanos o divinos. Y toda agresión a Maat (por acto o por omisión) se paga inexorablemente con el desorden en esta vida y el sufrimiento en la resurrección. En todos los mundos posibles cada individuo es plenamente responsable del mantenimiento del orden personal y del orden a su alrededor. El equilibrio, que se restaura en esta vida por fuerza de la voluntad humana personal o del Faraón, o en el Reino de las Tinieblas por mano de Re frente a Apofis, queda simbolizado en la Maat, Justicia que es lucha constante y eterna por mantener el orden frente a las fuerzas destructivas del Caos. El Mal no es solo un problema moral, sino también político, religioso y cósmico. De cada uno de esos aspectos, de cada uno esos planos, a fin de garantizar el orden frente al caos, debe ocuparse el individuo, el sacerdote, el faraón y Ra. Frente a la transgresión el castigo, y frente al cumplimiento de lo debido el Campo de los Juncos. Puede haber Mal y lo hay. Pero también habrá castigo y recompensa.

Para un judío, por el contrario, la situación era terrible. Isaias o Jeremías insistían en que el mal de un pueblo, colectivo o individual, es una consecuencia solidaria de sus pecados. Pero, si Dios era omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente, y El había creado todo lo que existe, incluso la creación, sostén y perpetuación de todo Bien y todo Mal (¡hasta el Diablo mismo era una creación divina!) el judio quedaba abocado a un dilema fundamental e irresoluble: Si Dios es totalmente Justo ¿cómo puede consentir el Mal en el mundo?. Si lo permite, no es Bueno. Si no se percata del mismo, no es omnisciente. Si no lo puede solucionar, no es todopoderoso. Y si no está cuando el Mal ocurre, no es omnipresente. Es incluso negligente, diría yo.

Nos entregaste como ovejas al matadero y nos dispersaste entre las naciones; vendiste a tu pueblo por nada, no sacaste provecho por su venta. Nos expusiste a la burla de nuestros vecinos, a la risa y al escarnio de los que nos rodean; hiciste proverbial nuestra desgracia y los pueblos nos hacen gestos de sarcasmo. Mi oprobio está siempre ante mí y mi rostro se cubre de vergüenza, por los gritos de desprecio y los insultos, por el enemigo sediento de venganza. ¡Y todo esto nos ha sobrevenido sin que nos hayamos olvidado de ti, sin que hayamos traicionado tu alianza! Nuestro corazón no se volvió atrás ni nuestros pasos se olvidaron de tu senda, como para que nos aplastaras en un lugar desierto Y nos cubrieras de tinieblas. si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios o recurrido a un Dios extraño, el Señor lo habría advertido, porque él conoce los secretos más profundos. Por tu causa nos dan muerte sin cesar y nos tratan como ovejas que van al matadero. ¡Despierta Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate, no nos rechaces para siempre! ¿Por qué ocultas tu rostro y te olvidas de nuestra desgracia y opresión? Estamos hundidos en el polvo, nuestro cuerpo está pegado a la tierra ¡Levántate ven a socorrernos; líbranos por tu misericordia! ” (Salmo 44, 12-27)

A diferencia de los egipcios, el judaismo primitivo todavía no había desarrollado la idea de una vida de ultratumba y no estaba en condiciones de considerar castigos o premios después de la muerte. El Seol (el infierno) no discriminaba entre buenos y malos y Dios, por tanto, solo manifestaba su Justicia en este mundo.

Todo ello lleva a Job a una situación sin salida, fruto del insalvable desajuste entre su percepción del mundo real y la sensación de absurdo de un castigo sin razón, y sus creencias, fruto de la idea de Dios heredada y del principio de castigo-recompensa colectivo, solidario y terrenal.

 

El Libro de Job. Estructura y análisis.

 

La obra consta de cinco secciones bien diferenciadas:

  • Prólogo en prosa (capítulos 1 y 2);
  • Poema con los tres discursos entre Job y sus amigos Elifaz, Bildad y Sofar (capítulos 3 a 31);
  • Poema con el diálogo entre Job y un cuarto amigo, Elihú (capítulos 32 a 37);
  • Poema con el discurso de Dios (capítulos 38 a 41); y
  • Epílogo en prosa (capítulo 42)

A diferencia de la poesía moderna, que consta por lo general de los elementos de rima, métrica, ritmo, estructura estrófica y un léxico poético, la poesía anterior a Adriano (en cuya época se introduce el concepto de rima que se consolidará a lo largo del medioevo) solo cuenta con la idea de ritmo basada “paralelismos” o en el juego de sílabas cortas y largas al estilo, por ejemplo, del hexámetro dactílico griego o latino. Pero la poesía escrita hebrea (como todas las lenguas semitas) carece de vocales, motivo por el cual el juego de vocales largas y cortas no parece posible ejercerlo en la literatura escrita con igual soltura. Ellos debieron recurrir por tanto, predominantemente, a la “corresponden-cia de pensamiento de sus miembros, o sea al ritmo lógico que se llama paralelismo”. Algunas formas de paralelismo hebreo fueron:

  • Sinónimo, cuando el segundo verso repite el pensamiento del primero pero con otras palabras .
  • Antitético, cuando el pensamiento del primer verso se hace más claro por Contraste con el segundo.
  • Sintético, cuando el pensamiento del segundo verso y los que siguen explican y completan la idea del primero.
  • Escalonado o de climax, cuando el pensamiento va en gradacion hasta su término.
  • Emblemático, donde la primera parte se expresa de forma figurada y lo que sigue es literal, o viceversa.
  • Introvertido, donde la cuarta linea corresponde a la primera y la segunda con la tercera.

La conjugación de estos elementos da por resultado una poesía de gran belleza y profundidad, ejemplo eximio de cual puede ser el Libro de Job.

El libro de Job no parece tener un autor único. Por un lado tenemos prólogo, como relato en prosa, de estilo arcaizante. Luego, aparece un primer discurso de Job, arrebatado. Y a partir de alli comienzan tres ciclos de discursos, siendo el último completamente anómalo, no solo porque carece de la intervención del tercer amigo sino porque se ponen en boca de Job argumentos contradictorios con lo que ha dicho hasta el momento. Esto, lejos de ser un error parece una alteración deliberada. Probablemente, Job ha cruzado ya todas las barreras de la blasfemia y el copista ha escogido fragmentos de los otros personajes poniéndolos en boca de Job para edulcorar el texto. Por último, antes del epílogo, aparecen los discursos de Elihu, que tampoco parecen ser del mismo autor que los anteriores, y el discurso de Dios.

 

Resumen de la obra.

Prólogo.

La obra comienza con un prólogo en prosa donde se narra cómo Dios acepta el desafío de Satanás, accediendo a poner a prueba a Job, hombre justo donde los haya que, consciente de la responsabilidad colectiva de su clan, cumple por si y por todos los suyos con las obligaciones mandadas.

1. Sin previo aviso le llegan noticias de que su hijos e hijas, sirvientes y propiedades han sido aniquilados por desastres naturales (rayos, huracanes) o enemigos (caldeos). Pero Job lo acepta con resignación.

2. Dios presume nuevamente ante Satanás de la fidelidad de Job, a lo que Satanás le pide un nuevo intento de torcerlo, llenando de ulceras a Job, de la cabeza a los pies. Contra todo pronóstico, e incluso contra la actitud de su mujer, Job insiste en aceptar el mal recibido. “Igual que aceptamos el Bien, debemos aceptar el Mal”. Pero tres amigos, que se han enterado del padecimiento de Job, deciden visitarle para darle consuelo. Durante 7 dias permanecen junto a el, sin decir palabra, viendo que el dolor de Job era muy grande. Job, que probablemente ha estado esperando una justa retribución o explicación, pero que no llega, da inicia a su lamentación.

Poema dialogado.

 Primer ciclo de discursos.

3. Job en su lamento maldice el día en que ha nacido y clama haber muerto en el vientre de su madre para ahorrar tantos sufrimientos.

4. y 5. Elifaz hace una intervención política, respetuosa, y expone a Job la Doctrina de la Retribución y del Pecado Original, exhortándole a someterse y a arrepentirse, a reconocer los pecados que pudiera haber cometido, diciéndole que cada uno cosecha lo que siembra y que al final de la vida (ya que no hay otra vida futura) todos acaban compensados. En un arrebato de mansedumbre, casi hasta la perversión, le dice como a perro apaleado y totalmente sometido: “Dichosa persona a quien Dios corrige (…) porque hiere y pone la venda, golpea y el mismo la sana”.

6. Job responde que solo el hombre afligido conoce el peso de su desdicha.¡Ojalá Dios le matara y acabara su sufrimiento! Sus amigos le decepcionan, ¡el quiere argumentos, no críticas!. En medio de reproches crecientes, en 7. da inicio a un preludio de Sísifo:

“El hombre tiene el tiempo contado sobre la tierra, y sus días son como los días del jornalero. Lo mismo que el esclavo busca sombra y el jornalero espera su salario, así meses de escarnio son mi herencia y mi cuenta las noches de dolor. Si me acuesto me digo: “¿Vendrá el día?”; si me levanto: “¿Llegará la noche?”, y me siento angustiado hasta el crepúsculo. Mi carne está cubierta de gusanos y de costras de polvo, mi piel se agrieta, purulenta. Raudos como la lanzadera del tejedor fueron mis días: terminaron sin esperanza. Recuerda que mi vida es sólo un soplo, que mis ojos ya no contemplarán el bien. Los ojos que me miran ya nunca me verán; pondrás en mí la vista y ya no existiré. Las nubes se disipan y se van: lo mismo le sucede al que baja al sepulcro: ya no sube; no volverá a su casa ni en su lugar lo reconocerán. Por eso no refrenaré mi lengua, hablaré con la angustia de mi espíritu, me quejaré con la aflicción de mi alma.

Job sabe que no va a vivir para siempre y quiere que le dejen en paz. Sabe que será juguete de Dios solo mientras permanezca vivo, porque cuando muera ya no podrá seguir dañándole: “No estaré aunque me busques”.

8 Bildad reprocha que las quejas de Job atacan la confianza en la Justicia divina.

9 Job responde que ningún hombre está en condiciones de discutir su inocencia ante Dios porque, aun teniendo razón, su poder ilimitado le haría invencible. Dios no es un hombre como para que podamos comparecer ante El en pie de igualdad. Por ello, en ausencia de un juicio ente iguales, meramente reclama su derecho a protestar por un trato injusto, tan injusto que El destruye por igual al inocente que al culpable.

En 10, Job da rienda suelta a lo que diría a Dios si aquel aceptara un debate de igual a igual: ¿Destruye lo que hizo de barro con sus manos? ¿Hizo al hombre defectuoso con el secreto fin de no disculpar sus faltas? Si era culpable, castigo, y si era inocente, aflicción.

11 Zofar sube el tono y en una intervención insultante acusa a Job de maldad. Reitera la idea de la Distribución y amenaza con que solo Dios puede tener razón y conviene arreglarse con El. Para los malos (y quienes no se avienen) no hay esperanza.

12 Job responde con ironía, arma de la inteligencia: “Desde luego, sois la voz del pueblo, con vosotros morirá la sabiduría”. La idea de la Retribución en vida es falsa. El justo es objeto de risas, y viven tranquilos en sus tiendas los bandidos. Pero además, El dispone de la fuerza para hacer suyo lo bueno y lo malo, promueve naciones y las suprime, guiá a los jefes o los lleva a tientas sin luz. 13 y 14 “Todo lo que contáis en defensa de Dios son mentiras y yo quiero encararme con El. (…) Aunque quiera matarme le esperaré, pues pienso defenderme en su cara”. “Estoy dispuesto a mi defensa porque soy inocente”. “¿Por qué ocultas tu rostro y me tienes por enemigo?”.

Segundo ciclo de discursos

15 Elifaz acusa a Job de presunción, de ignorar la sabiduría de los antepasados y de poner en tela de juicio la Justicia de Dios.

16 y 17 Job responde que es muy fácil reprender y calumniar a un desgraciado, por lo que apela a Dios mismo para ser vindicado de los cargos de sus acusadores.

18 Bildad, que para amigos asi mejor contar con la confianza siempre previsible de los enemigos, parece que no escuchara a Job e insiste en que nada puede ir contra el orden divino y que Job sufre el castigo merecido por sus obras.

19 Job, harto de insultos y de falta de empatía y consideración, después de constatar que ante el caído en desgracia sus amigos solo atinan a decir que “algo habrás hecho” o incluso a afirmarlo, apela nuevamente a Dios, advirtiéndoles de que serán castigados por su ignominia.

20 Zofar, en un nuevo gesto de preocupante autismo, vuelve a acusar a Job de rechazar a Dios (cuando Job ¡no hace otra cosa que llamarle y pedirle que no le ignore!) y de poner en tela de juicio la justicia divina.

21 Job, usando nuevamente de ironía, le dice a Zofar que no padezca por él, pues si Dios no le atiende ningún impío pagará sus culpas en esta vida.

Tercer ciclo de discursos.

22 Elifaz, ya sin empacho, recurre a la calumnia e imputa a Job una lista de faltas graves, exhortándole nuevamente a reconciliarse con Dios. Ante la negativa de Job de aceptar el mal, parece que solo queda la ruina social, la amenaza y el miedo.

23 y 24 Pero Job no se amedrenta y, seguramente aleccionado por el espectáculo que le están dando sus amigos, no duda en afirmar que los hechos muestran que el mal triunfa.

25 y 26 Bildad, tras las calumnias de Elifaz recurre a una falacia de autoridad formulando un Himno al poder de Dios, como si el espectáculo de la fuerza bruta pudiera dar a alguien razón alguna. Como no era menos de esperar, nuestro héroe Job responde nuevamente con fina ironía: “¡Qué bien sabes sostener al débil! ¡Qué bien socorres al brazo impotente! ¡Qué buenos consejos das al ignorante! ¡Qué enorme talento has demostrado! ¿A quién diriges tus palabras? ¿Quién te inspira lo que dices?”

27 Y Job continúa: Dios es soberano y juzga al impío, pero no del modo simplista que han expuesto sus amigos.

28 Job intenta hacer una reflexión sobre la Sabiduría y la Inteligencia a las que declara inaccesible al hombre. Dios las ve, porque su vista alcanza los confines de la tierra, pero para el hombre Sabiduría solo puede ser temor de Dios, e Inteligencia el apartarse del Mal.

29 y 30. Job dice que el temía a Dios y se apartaba del mal, pero ahora que la humillación y el dolor le han alcanzado no encuentra auxilio ni respuesta. 31 A Shaddai le toca responder!

Discursos de Elihú

32 a 37 Elihu, hombre más joven que los otros tres, que ha estado esperando a ver el desenlace de los debates, al ver el fracaso de sus mayores y viendo que Job se mantiene convencido de su inocencia, en un arranque de soberbia, pero sin aportar más argumentos al debate, ataca a los cuatro diciendo a unos “Los años no dan sabiduría ni la edad capacidad para discernir”, y a Job que no tiene razones para presumir de su inocencia ni para dudar de las razones de Dios.

Discurso de Yahve.

38 y 39 Yahve, viendo que evidentemente el asunto se le escapa de las manos, recrimina a Job dirigiéndose a él desde una tormenta. En la misma linea que los amigos de Job, hace valer su carácter omnipotente, omnisciente y eterno frente a la finitud humana, confundiendo y apabullando a Job, haciendo una ostentación de su poder y de su conocimiento sobre el mundo y la creación, destinado a amedrentarle… aunque sin dar razón frente a los argumentos expuestos por Job.

40 y 41 Job, acobardado, se disculpa diciendo que habló a la ligera. Yahve se crece más y sigue aun otro rato en su pavoneo de poder sin aportar razones a los argumentos.

42 Cuando Yahve ha acabado, satisfecho de oirse a si mismo, Job, viendo que no van a cumplirse ni por asomo las condiciones de “situación ideal del habla” previstas por él en el capítulo 9, sin más, y dando por zanjada la cuestión, responde: “me doy cuenta de que Tu todo lo puedes. Hable sin pensar y tus maravillas me superan, por lo que me arrepiento y retracto.”

Epílogo.

Tras el discurso a Job, Yahve se dirige a los tres sabios y manifestando algún tipo de disfunción auditiva les acusa de no haber hablado bien de él como lo hizo su siervo Job. Está claro: Job, pese a todo, era el favorito, y viendo estos arranques de Yahve uno comienza a entender mucho mejor algunos otros episodios bíblicos, como el de Cain y Abel.

Finalmente, Yahve cambia la suerte de Job para compensarle duplicando todas sus posesiones. Y aunque no volvió a la vida a todos los que hizo matar, los hijos e hijas de Job, asi como tampoco a sus sirvientes asesinados, le bendijo con una larga vida de modo que no pudiera olvidar, durante la que alcanzó a poseer miles de animales y siete hijos y tres hijas más.

 

Conclusión.

 

El Libro de Job es una obra inconmensurable, tanto estilística como intelectualmente. Como todos los clásicos se muestra siempre fresco y susceptible de múltiples lecturas e interpretaciones, tántas como lectores y épocas haya. Es de esos libros que, según Quevedo, “si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan o fecundan mis asuntos”. Y ello no puede ser asi sino porque trata de problemas humanos, demasiado humanos. Problemas de siempre, a los que cualquiera con una atenta lectura puede encontrar respuestas por si mismo.

El problema del Mal evolucionó desde la literatura sapiencial hasta quedar formulado magistralmente en la paradoja de Epicuro: Si Dios es omnisciente y todopoderoso debería ser capaz de arreglar el mundo según sus intenciones. Como el mal y el sufrimiento existen, parece que Dios quiere o permite que existan, por lo que

  • no es perfectamente bueno,
  • o bien no es omnisciente porque no se percata de todo el sufrimiento del mundo,
  • o bien no es todopoderoso ya que no puede arreglar el mundo para eliminar de raíz el mal,
  • o bien, efectivamente, no es plenamente benevolente.

Entonces, diría Hume… ¿por qué llamarlo Dios?1

El Libro de Job, tras la cerrazón dogmática de los amigos y del propio Yahve, se cierra sin dar respuestas dejando, como todo buen clásico, las preguntas abiertas.

Teologías y teodiceas posteriores intentarían en vano resolver el problema, para acabar cerrándolo en falso, también, mediante el acatamiento del dogma o el recurso tramposo al misterio.

Hubiera sido divertido que fuera en la propia Biblia donde estuviera la clave que desentrañara la paradoja. Divertido, si, pero no extravagante ni ridículo. Porque, al fin y al cabo, una parte importante de la Biblia (como literatura sapiencial) no es sino una privilegiada colección y selección de textos producidos por el pensamiento luminoso de mentes poderosas y preclaras a lo largo de la historia de la humanidad. En cuestiones importantes ¿quién se atreve a enmendar la plana a un Aristóteles? Lo que bien pensado estuvo entonces, para muchas cuestiones vitales, bien pensado seguirá por los siglos de los siglos cualquiera sea el avance de la humanidad y cualquiera sea la cultura de que se trate.

Decíamos en la Introducción que lo moral, y por extensión el Bien o el Mal, es algo que solo tiene significado en un entorno humano y social. Sin conciencia de “si” no hay un “otro” y sin un otro con el que compartir una vida en comunidad carece de significado hablar “deber” o de “Bien” o de “Mal”. Todos ellos son términos rigurosamente antropocéntricos y forman parte del mundo de lo humano. Para un árbol o para un pez solo hay presente. Carecen de pasado y futuro. No tienen conciencia de si. En ellos puede haber expectativas, pero no hay esperanza. Su existencia es “eterna” porque no conocen su finitud. Viven en la rueda de la vida inmunes a un Mal que no les puede alcanzar porque pertenece a otra dimensión. El Mal como Mal Metafísico (producto de la limitación, la finitud y la ignorancia), o Mal Físico (dado en el dolor, la pobreza, la carestía, la ceguera) o Mal Moral (como daño deliberado, perverso, contra lo debido a lo humano o a lo divino) solo tiene sentido en el Hombre.

Cuando Adan y Eva comieron del Arbol del Bien y del Mal, adquirieron conciencia de si y de su desnudez. El veneno de la manzana les mostró el hiato insalvable que aparecía en los límites de su yo y que les separaba irremediablemente de todo cuanto existe. Arrancados por el conocimiento de una naturaleza a la que jamás podrían volver, siendo ya por siempre un “otro” para todo otro y para si mismos, un sujeto o un objeto pero nunca Uno; esa conciencia de si, ahora ya, fuente constitutiva de todo dolor, de toda falta y ausencia y del sentimiento profundo de una naturaleza irremediablemente rota, esa y no otra, fue su pecado original.

Fin.

 

 

 

 

 

Bibliografía.

 

 

  • CAMUS, A. El mito de Sísifo (Alianza, Madrid, 1985)
  • GARCIA ROCA, José. El pensamiento egipcio. Selección de textos. Valencia, UV, 2011).
  • GARCIA ROCA, José. El pensamiento hebreo. Selección de textos. Valencia, UV, 2011).
  • GARCIA ROCA, José. El pensamiento mesopotámico. Selección de textos. Valencia, UV, 2011).
  • HOFF, P. Libros poéticos. Poesía y sabiduría de Israel (Vida, USA, 1998)
  • MARTIN HUETE, F. ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? Del problema de la teodicea al problema de la antropodicea. Disponible en internet en: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/huete58.pdf. Visto 03-07-2012.
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  • NN. Libro de Job. Artículo de Wikipedia. Disponible en internet en: http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_de_Job. Visto 03-07-2012.
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  • NN. Maat. Artículo de Wikipedia. Disponible en internet en: http://es.wikipedia.org/wiki/Maat. Visto 04-07-2012.

 

 

Puedes usar libremente este artículo, citándolo.

<a href=”http://www.safecreative.org/work/1207262026857″ xmlns:cc=”http://creativecommons.org/ns#” rel=”cc:license”><img src=”http://resources.safecreative.org/work/1207262026857/label/standard-72″ style=”border:0;” alt=”Safe Creative #1207262026857″></img></a>

De Haití y del cólera. Qué se puede aprender de una cepa nepalí que mata en las antípodas.

(Jorge Negro Asensio. Diciembre 2010).

RESUMEN

Cruz Roja no suele trabajar en cuestiones de infraestructuras porque entiende que esto compete a los poderes públicos. Pero cuando éstos no hacen su parte (como aparentemente ha pasado en Haití) las calles y los campos de desplazados se convierten en chabolismos, los vectores campan a sus anchas, la contaminación medioambiental y de las fuentes hídricas se multiplica y el costo de la operación de emergencia se dispara. Como consecuencia, los males se cronifican, volviéndose la población dependiente de la ayuda humanitaria y dificultando la retirada del terreno.

Trabajar la Prevención como elemento vertebrador de la acción, no solo del desarrollo, sino también de la emergencia podría dar objetividad a la estrategia de salida, y permitiría ordenar las acciones dentro de un plan global que aúne recuperación temprana, reconstrucción, preparación para desastres y desarrollo. Ese trabajo puede hacerse a cualquier escala, desde la pequeña comunidad de vecinos hasta el país en su conjunto.

Cruz Roja puede liderar un proceso negociador con las autoridades, comunidad y donantes para promover planes de acción en infraestructura que faciliten una estrategia de salida a la ayuda de emergencia, reforzando las capacidades locales y haciendo más eficiente la ayuda.

Pero, además, la ayuda de emergencia misma puede enfocarse con visión de Prevención. El trabajo con las víctimas puede hacerse de manera que deje bienes duraderos (materiales y organizativos) tras la retirada. Dentro de las infinitas posibilidades, pueden valer los siguientes ejemplos:

• Al desplegar una ERU de salud muy probablemente el centro de salud local no existe o está destruido. En los meses que dura la intervención se puede construir uno nuevo, de manera que al retirarnos el material queda colocado en las mejores y más eficientes condiciones de uso, reforzando las capacidades locales.

• Al desplegar una ERU de agua, muy problablemente los pozos o la depuradora local están destruidos. Durante la intervención pueden repararse las instalaciones antiguas, o poner en marcha sistemas nuevos, que permitan retirar la ayuda sin mermar la calidad de vida del beneficiario. Es más, a veces el trabajo podría hacerse en instalaciones previas, reparándolas y volviéndolas operativas. La distribución de agua (sobre todo en nucleos urbanos) podría canalizarse para reducir su coste y mantenimiento, pero también para dar durabilidad e impacto a la acción, dejando operativa una infraestructura de calidad a nuestra retirada.

• Al desplegar una ERU de saneamiento, porque no hay o han sido destruidas las instalaciones previas, junto con el trabajo de letrinas puede canalizarse el agua de lluvia (drenaje superficial) asi como las aguas negras y grises para alejar los vectores de la población. Disponiendo de canalización puede plantearse una depuración o tratamiento de aguas residuales que impidan la contaminación del entorno y los acuíferos, evitando asi depurar el agua que nosotros mismos u otros actores contaminan. Esto, junto a un plan de recogida y tratamiento de residuos, son acciones que darían durabilidad y mejorarían el impacto a la vez que reducirían el coste, puesto que el coste inicial se vería compensado con creces por el ahorro en mantenimiento.

Trabajar en infraestructuras con criterios de prevención, buscando impacto y sostenibilidad, abarata y hace más eficiente la acción, mejorando y anticipando la estrategia de salida.

En general, durante la ayuda de emergencia debería promoverse el trabajo en protecciones colectivas. Por ejemplo:

• Promoviendo la creación de relaciones sociales que permitieran la construcción, atención y mantenimiento de las instalaciones comunes, con sentido cumunitario, bajo bajo fórmulas diversas, desde el trabajo familiar hasta el food for work, o promoviendo talleres de formación profesional y artesanado para que los beneficiarios puedan dotarse de los conocimientos básicos en construcción, carpintería, fontanería, electricidad…

• Canalizando todo lo que sea canalizable, haciendo que enterrar, empotrar, ocultar sea una norma y no la excepción. Las instalaciones ocultas y planificadas dan mayor durabilidad a los trabajos realizados y son enormemente más baratas al ahorrar averías y mantenimiento; además obligan a una previsión a largo plazo de las necesidades presentes y futuras, y por tanto a reflexionar cuidadosamente, a hacer un estudio del terreno, a estudiar sus condiciones y acordar con el beneficiario y las autoridades el emplazamiento más adecuado, su ejecución y mantenimiento. En esto no se puede improvisar ni se debe. Toda actividad estructural debe formar parte de un plan social y urbano, pactado, acordado, querido y realizado por profesionales. Tuberías de agua potable, saneamiento, drenajes, instalaciones eléctricas y/o telecomunicaciones… deben ser ejecutadas y enterradas en condiciones mínimas de buena construcción. Obviamente, en las primeras semanas eso no será posible…. pero una mínima previsión de las necesidades permitiría un envío masivo y barato de materiales desde cualquier proveedor o puerto cercano. La canalización ordenada podría crear infraestructuras que permitirían rápidamente acometer tareas mayores, como el tratamiento de aguas residuales y la gestión de basuras, de gran impacto, vertebrando a la comunidad alrededor de un proyecto común, de un sentido de “nosotros”.

• Creando o reparando o mejorando los sistemas de potabilización y distribución de agua, los sistemas de saneamiento, de drenaje de agua lluvia y aguas grises, y depuración de aguas residuales.

• Ayudando a la racionalización de los recursos hídricos aprovechando aguas para regadío;

• Creando sistemas de recogida y tratamiento de residuos • Promoviendo la reforestación, la cooperativa alimentaria, etc, etc.

Esto, logicamente escapa a la capacidad de los equipos de emergencia, los cuales están desbordados con los trabajos cotidianos. Por ello es necesaria la creación de una figura nueva, técnica, por encima del Team Leader y junto al Jefe de Misión (pero ajeno a la emergencia) dedicada exclusivamente dar unidad a la acción desde criterios de prevención, impacto y sostenibilidad:

• Evaluando y ayudando a redirigir las acciones en marcha (o previstas) y sus estrategias de salida en función del criterio Prevención.

• Asesorando a los Tem Leader tanto en la optimización de recursos como en aspectos técnicos.

• Asesorando al Jefe de Misión sobre las necesidades detectadas y cuya solución tendría mayor impacto, o podrían mejorar sensiblemente el impacto de las acciones en marcha.

• Ayudando al Jefe de Misión en el proceso negociador entre múltiples actores.

Esta figura, gozando de cierta autonomía y exenta de la presión de la emergencia, solo concentrada en el impacto, la recuperación temprana, la prevención y la sostenibilidad, sería el puntal sobre el que pivotaría la estrategia de salida, y por tanto el éxito de la misión en su conjunto.

 

El continuum humanitario.

La antigua dicotomía emergencia-desarrollo (casi antinómica), dio paso al continuum humanitario, llegándose en su evolución actualmente al concepto de contiguum1 que nos obliga a considerar todas nuestras acciones, incluso las de emergencia más extremas, desde el punto de vista de su coherencia con el desarrollo y la sostenibilidad.

Cuando comenzó la antepenúltima crisis de Haití, a raíz del terremoto, todo el planeta centro su mirada en la isla. Se transformó en un fenómeno mediático donde confluyeron todas las agencias y organizaciones humanitarias y la mayoría de los países del mundo. Unas recaudaron enormes cantidades de dinero y los otros, en mayor o menor medida, comprometieron grandes sumas para la recuperación de Haiti. Al descontrol inicial y a la intervención norteamericana, continuó y siguió un inmenso y silencioso trabajo de miles de personas adscritas a cientos de organizaciones que con toda seguridad contribuyeron eficazmente a reducir el sufrimiento de las personas, víctimas directas o indirectas de la catástrofe. Desconozco en “qué” quedó tánto dinero comprometido, y en qué medida pudo gastarse eficientemente el dinero recaudado… Supongo que ni uno sería al fin y al cabo “tanto”, ni el otro pudo gastarse con la eficiencia y velocidad deseables, habida cuenta de las dificultades y de los criterios obvios e imprescindibles de transparencia e impacto que delimitan nuestras acciones y las de las mayoría de las grandes ONGs e instituciones serias.

Pero, con el paso de las semanas, lo que en un primer momento prometía ser la gran oportunidad para los supervivientes pareció transformarse, lenta e inexorablemente, en una oportunidad perdida más: la oportunidad de permitir a la población ponerse en la senda del desarrollo humano sostenible. A la magnitud de la catástrofe, sumada a la magnitud de las deficiencias estructurales previas, pareció sumarse una incapacidad o inhabilidad políticas que abarcaron desde Naciones Unidas, pasando por los gobiernos donantes, hasta las fuerzas y colectivos locales y organizaciones ciudadanas. Y, como suele pasar cuando llueve sobre mojado, mientras se discutía sobre la legalidad de la ocupación territorial, las distribuciones o los planes de reconstrucción, llegaron las lluvias y el cólera. Las dos cosas que eran más previsibles… y cuyas consecuencias nadie supo, pudo o quiso evitar.

Es claro que ni el gobierno fue capaz (o no quiso, o no pudo) asumir el liderazgo. Y es claro también, que los países donantes y la ONU tampoco lo hicieron. Y si lo hubo, ese liderazgo fue tan débil que no fue capaz de gestionar las ayudas recibidas, ni de gestionar la organización y cohesión social de modo que las actividades generasen sinergias que permitiesen a la población salir reforzada de la crisis aprovechando exhaustiva y eficientemente las ayudas recibidas, y/o reclamar con autoridad las prometidas. Todo parece indicar que se tiende a una cronificación de los males, quedando la población inerme ante los desequilibrios futuros y dependiente de la ayuda internacional. Francamente, tiene mal pronóstico.

 

Qué está en el mandato y qué no.

En mayo de 2010 visitó España una delegación de la Cruz Roja Haitiana. En la charla de presentación se habló de purificación y suministro de agua con camiones cisterna, de fabricación y montaje de letrinas, de retirada de excretas con camión cisterna (chupona), de suministro de material de refugio para las familias desplazadas, y muchos otros asuntos de indudable importancia. Sin embargo, llamó la atención un silencio… ¡de las infraestructuras nadie hablaba!. ¿Se estaba trabajando en infraestructuras? ¿Había alguna organización o autoridad trabajando en el planeamiento urbano y en la reconstrucción o construcción de las infraestructuras básicas inexistentes o perdidas? ¿Había alguien trabajando en conducciones de saneamiento, en depuración de aguas residuales, depuración y canalización de agua potable, canalización y suministro de energía eléctrica, ordenación de vertederos y recogida de basuras, dentro de un modelo urbanístico sostenible, y por tanto realista y de largo alcance?, ¿se estaba trabajando en los problemas jurídicos que plantearían las expropiaciones (como restricción del derecho individual a la propiedad en virtud del interés social) y que habría que llevar a cabo para planear y ejecutar la reconstrucción y la reacomodación de la población desplazada, asi como las políticas de desarrollo humano sostenibles referidas a la soberanía alimentaria, reforestación, o creación de empleo de autosubsistencia de caracter cooperativo?, ¿Se estaba aprovechando la fuerza de trabajo disponible para tareas colectivas de infraestructura y cohesión social, mediante procedimientos de cash for work o food for work?. Esto es, a la vez que se atendía la emergencia (ineludible y urgente), ¿se estaba pensando en ordenar los trabajos y los esfuerzos colectivos de manera que tuvieran un resultado acumulativo a largo plazo, que permiese a la población y su gobierno salir de su dependencia en el menor plazo de tiempo posible?. En suma ¿se estaban ejecutando las tareas de emergencia con visión de sostenibilidad y desarrollo, combinando los esfuerzos públicos y colectivos en tareas de ordenación e infraestructuras?

La señora presidenta, muy correctamente, contestó con claridad: “La Cruz Roja es auxiliar de los poderes públicos, y esa tarea de infraestructura y planeamiento compete a la autoridad, no a nosotros”. Compete a la autoridad, de acuerdo, pero ¿hay alguien haciendo esos trabajos? Porque si no se hacen, los asentamientos se transformarán rápidamente en chabolismos inhabitables, focos de todo tipo de vectores y enfermedades producto del hacinamiento. Lo que diferencia una barriada de chabolas de una ciudad no es la renta per capita sino la organización social, el trabajo y las infraestructura colectivas que le dotan de identidad común… y eso, alguien tiene que hacerlo si no se quiere que los esfuerzos caigan en saco roto prolongando y cronificando los males producidos por el desastre… La respuesta fue terminante: “Nadie lo está haciendo”. “Sabemos que se están reuniendo y debatiendo, pero de momento no están trabajando en ese área”. Lamentablemente pasaron los meses, esas tareas de organización colectiva no se llevaron a cabo, y se llegó a la época de lluvias, sin poderse salir de la fase de emergencia porque las necesidades de la población vulnerable siguieron siendo acuciantes, masivas y dependientes de la ayuda exterior.

El reciente brote de cólera ha puesto al descubierto la falta de previsión y falta de acción en infraestructuras. Que una institución “humanitaria” sea responsable de un vertido incontrolado de aguas fecales2, origen de la epidemia que a la fecha se ha cobrado más de 1.500 muertos, es un insulto a la inteligencia y un ataque frontal a toda la acción humanitaria llevada a cabo hasta la fecha. Ese vertido se ha llevado por delante más vidas de las que salvó el despliegue del buque hospital Castilla enviado por el ejército español con un coste de 20 millones de euros. ¿Cuánto cuesta el despliegue de una unidad militar? Resulta inconcebible que no tengan preparado un tratamiento de aguas residuales, o que no contemplen en su plan de trabajo un proyecto de desarrollo que gestiones sus aguas residuales y basura. No se puede ir a “ayudar” para generar más problemas. Es una indecencia. El costo de tratar adecuadamente los vertidos es ridículamente pequeño en comparación con el coste del despliegue en el terreno. Y si eso ha ocurrido presuntamente en un campamento de tropas de Naciones Unidas… ¿cuál será el control de residuos y aguas negras y grises que hay en las ciudades o, peor aun, en los campamentos de desplazados? Ninguno, claro está, y eso es una bomba de relojería que más pronto que tarde siempre explota. Porque es un aberración depurar agua cuando se vierten incontroladamente residuos rio arriba, o cuando se filtran aguas residuales al subsuelo. Cuando la operación humanitaria acabe (o se de por terminada) la población quedará sin agua potable (igual que antes) y con sus fuentes contaminadas… o con el lastre de un coste perpetuo de purificación (otra barbaridad). No es mas limpio el que más limpia sino el que menos ensucia, y el conjunto de la acción humanitaria, todo su sentido, se pone en cuestión si paralelamente a las tareas de emergencia, y vertebrándolas, no se atienden las cuestiones estructurales imprescindibles para solucionar a largo plazo los problemas de un modo racional y sostenible. Este trabajo, además, es barato y tiene mucho mayor impacto que cualquier otra tarea, pues soluciona la causa de los problemas, su raíz y no sus consecuencias. Como en todo, hay que saber distinguir lo importante de lo urgente.

 

La estrategia de salida, como elemento vertebrador de la accion humanitaria.

Toda acción en emergencia debe tener visión de desarrollo. Pero el emergencista es víctima de la acumulación desbordante de problemas importantes y urgentes, como es la vida y la salud de miles de damnificados a su alrededor. El emergencista no tiene tiempo ni posibilidad humana de poner la visión más allá del presente, simplemente porque los árboles de la emergencia no le dejan ver el bosque del desarrollo sostenible. No puede ser de otra manera, y no tiene por qué ser de otra manera. Está, simple y llanamente, actuando bien. Pero ello es claramente insuf iciente. Las actividades de refuerzo institucional, desarrollo y prevención para desastres abarcan ámbitos para los que no tiene competencia política ni profesional. Son verdaderamente transversales y multidisciplinares. Entonces, ¿cómo compatibilizar, entonces, la acción inmediata (de emergencia) con la visión a largo plazo?

Toda actuación debe partir de una identificación, contar con un plan de acción y tener una estrategia de salida. El concepto “estrategia de salida” es vital como elemento ordenador de todas las actividades. Sin estrategia de salida no hay plan de acción ni hay nada, y ello está en íntima consonancia con el concepto de “recuperación temprana”. La estrategia de salida y la recuperación temprana, tenidos como objetivo último metodológico, operativo, permiten ordenar las actividades, transversalmente, dotándoles de un hilo conductor y coherencia que garanticen el éxito de los trabajos y, por tanto, el éxito de la operación que es la consecución del cumplimiento del objetivo último ético: ayudar a la víctima a dotarse de los recursos que le permitan ser independiente y ayudarse, por si mismo, a si mismo y a sus semejantes.

Pero la identificación y formulación, sobre todo en un plano macro, debe ser cronológica y lógicamente anterior (o simultánea, en el peor de los casos) a la emergencia, porque de lo contrario perdemos objetividad, visión global y referencias para la línea de base necesaria para evaluar correctamente nuestros objetivos y los resultados obtenidos. Esta “identificación” no es sino el “negativo” de la “prevención”, y por tanto la más pura expresión de las “ausencias” de los medios, recursos, organización e infraestructuras que serian necesarias (o hubieran sido necesarias) para evitar el desastre ante la ocurrencia de la amenaza, reduciendo la vulnerabilidad, o minimizando los efectos del desastre, facilitando la recuperación temprana.

En Seguridad, suelen dividirse las protecciones en colectivas e individuales. Sabemos que hay que dotar a la persona de las protecciones individuales adecuadas, como equipamiento y formación… Pero sabemos mucho mejor que, cuando la persona tiene que recurrir finalmente a las protecciones individuales ello ocurre porque las protecciones colectivas no están o han fallado. No hay “accidentes”. No existen. Lo que llamamos “accidente” es el resultado de una coincidencia temporal, altamente improbable, de errores, deficiencias, vulnerabilidades y peligros. Altamente improbable no quiere decir imprevisibles. Por ello, los esfuerzos en Seguridad van siempre dirigidos prioritariamente a la previsión de la amenaza y al desarrollo y mejora de las protecciones colectivas, a fin de evitar que se produzca el accidente, esto es a fin de evitar las situaciones en las cuales sean necesarias las protecciones individuales.

En Cooperación esta idea es plenamente extrapolable. La emergencia se produce porque las protecciones colectivas han fracasado, la capacidad de respuesta no es adecuada y las protecciones individuales no son suficientes.

El refuerzo institucional mejora la capacidad de respuesta de nuestras contrapartes, pero no es prevención. Es preparación para desastres. La Ayuda Humanitaria mejora las protecciones individuales cuando todo ha fracasado… pero tampoco es prevención. Es atender la falta de capacidad de respuesta local. Trabajar en Prevención es trabajar en protecciones colectivas, en infraestructuras, en organización social, en formación para eliminar o minorar el peligro o las consecuencias de la exposición al mismo (si es inevitable) o minimizar sus consecuencias. Es trabajar en reducir la vulnerabilidad.

 

La necesaria implicación de los actores locales.

Ahora bien, este trabajo en prevención no puede realizarse sin la implicación de la contraparte, la comunidad y las autoridades locales. Es más, ninguna acción que pretenda ser sostenible puede hacerse sin su implicación y participación activa. No puede ayudarse a quien no quiere ser ayudado3.

El principal mandato de todo gobierno, de donde deriva su legitimidad, es su capacidad para velar por el bienestar y seguridad de sus ciudadanos, de todos los habitantes sujetos a su autoridad. Es una obviedad que en muchos casos (demasiados, es verdad) esto no ocurre: el Estado abandona su responsabilidad, hace dejación de funciones de su deber de protección y vigilancia, abandonando a parte de la población, o a toda, a su suerte, dejándola inerme ante los peligros o los desastres. Generalmente (quisiera creer) esta dejación de funciones proviene de una incapacidad técnica, económica y/o política para realizar y sostener acciones colectivas a largo plazo. En otros casos, cuando esto es resultado de una voluntad torcida, normalmente proviene de la ignorancia de las funestas consecuencias que acarrea esa dejación o maleficencia, pues no son capaces de ver el inmenso peligro que late tras la miseria, la brecha social y la exclusión. Tanto en un caso como en otro son incapaces de inventar, crear, imaginar, espacios de valor, compartidos, para beneficio de todos, donde todos ganen.

Pero crear un espacio de valor implica un trabajo, una “negociación” entre “iguales”. Supone un interés mutuo y genuino por llegar a un acuerdo, la convicción profunda de que retirarse de la mesa lleva a todos al peor de los escenarios posibles. Hace falta habilidad negociadora, pero también hacen falta conocimientos de los hechos, de la realidad, y conocimientos técnicos que permitan avanzar con firmeza, sin pasos en falso. Hay que crear espacios de valor en temas de prevención y sostenibilidad, promoviendo un esfuerzo colectivo que dote a la organización social de infraestructuras y hábitos que reduzcan su vulnerabilidad. Y esto no puede esperar a la fase de desarrollo. No hay tiempo. Debe estar presente o iniciarse con la emergencia.

 

Cruz Roja, como institucion de referencia.

Cruz Roja tiene capacidad más que probada para promover y liderar ese proceso negociador. Tiene el prestigio y la autoridad que dan su vasta organización y la solidez de sus principios humanitarios. Tiene capacidad técnica para alumbrar, orientar y promover proyectos realistas. Tiene capacidad para buscar financiación internacional y garantizar la supervisión del gasto, y tiene los recursos humanos adecuados para llevar a buen término esos procesos de negociación por complejos que sean. Cruz Roja puede y tiene que promover y liderar esos procesos negociadores entre la contraparte local, los grupos vulnerables, autoridades locales y países donantes.

El trabajo de prevención puede darse en diferentes momentos, pero siempre tiene que ser el hilo conductor, la referencia. En fase de desarrollo, la prevención debe incrustarse en un plan estratégico (a 10 o 20 años) desglosado, o del que surjan proyectos sostenibles, sus fuentes de financiación y planes de ejecución. Pero en fase de emergencia, la prevención tiene que actuar como brújula, estrella polar que ordena y prioriza las actividades, en especial las colaterales a la emergencia pura y dura, permitiendo racionalizar la estrategia de salida, atacando las causas y generando sinergias que permitan a la sociedad salir de la crisis, reforzada y preparada para futuros peligros (generalmente recurrentes). Se trata de dar comida, refugio, mejorar la salud, reforzar las capacidades… atender la necesidad del vulnerable, pero no solo eso: se trata de crear las condiciones en las cuales desaparezca o se minimice esa vulnerabilidad, y prevenir la aparición de otras nuevas.

 

Algunos ejemplos.

En fase de emergencia los equipos ERU, asi como los equipos de desarrollo presentes en el terreno, están desbordados por la emergencia. No se les puede pedir que tengan visión de conjunto y a largo plazo. Esta habilidad, aportación de la experiencia y oficio del Team Leader, queda irremisiblemente opacada por la urgencia diaria, que desplaza el centro de gravedad de la acción (desde la estrategia de salida y el criterio de sostenibilidad) hacia la solución inmediata de los inmensos problemas cotidianos.

Podría ser conveniente crear una figura nueva, por encima del Team Leader y junto al Jefe de Misión pero ajeno a la emergencia, cuya función fuera:

1. Supervisar las estrategias y proyectos en marcha, las estrategias de salida, y detectar las relaciones formales e informales entre los diferentes actores en terreno, que faciliten o dificulten el desempeño de las unidades desplegadas.

2. Negociar directamente (o ayudar al Jefe de Misión a negociar) las mejores estrategias, con el donante, con las autoridades locales, con los líderes locales y la sociedad nacional.

3. Generar ideas y anteproyectos de desarrollo y prevención vinculados a la emergencia.

4. Asesorar y ayudar a redirigir las actividades de desarrollo buscando la coherencia y la sostenibilidad de las acciones con visión de conjunto.

5. Dar o requerir asesoramiento jurídico en la gestión de expropiaciones, y detectar o prevenir las concentraciones de propiedad habituales en las emergencias.

6. Asesorar al Jefe de Misión (a petición o de oficio) sobre las necesidades detectadas, cuya solución tendría un mayor impacto o podría mejorar sensiblemente el impacto de las acciones en marcha.

7. Asesorar al Team Leader (a petición o de oficio) sobre cómo optimizar los recursos y las actividades, incluso en los aspectos técnicos concretos si fuera necesario.

Según las dimensiones de la misión, esta figura debería estar compuesta por una o varias personas, cubriendo distintos aspectos especialidades y/o áreas geográficas, según las características de las necesidades detectadas. Debería reportar a Madrid, y probablemente también a la Federación, pues los problemas detectados normalmente serán comunes a muchos otros equipos de trabajo, y resultará beneficioso compartir visión y experiencia.

Esta figura debe gozar de cierta autonomía para garantizar su independencia y su visión ajena al drama cotidiano, solo concentrada en el impacto, recuperación temprana, prevención y sostenibilidad.

Pero independientemente de ello hay que incoporar a los trabajos unos criterios básicos que, a la luz de la experiencia acumulada, resultan ineludibles:

1. Hay que canalizar todo lo que sea canalizable.Enterrar, empotrar, ocultar tiene que ser la norma y no la excepción. Ello da mayor durabilidad a los trabajos realizados, son más baratos (pues se ahorran averías y repetir cientos de veces la misma tarea) y obliga a una previsión a largo plazo de las necesidades presentes y futuras. Obliga a reflexionar cuidadosamente, a hacer un estudio somero del terreno, estudiar sus condiciones y acordar con el beneficiario y las autoridades el emplazamiento más adecuado, su ejecución y su mantenimiento. No se puede improvisar. No se debe improvisar. Toda actividad debe formar parte de un plan social y urbano, pactado, acordado, querido, y realizado por profesionales, fruto de la experiencia. Tuberías de agua potable, saneamiento, drenajes, instalaciones eléctricas y/o telecomunicaciones… todo debe ser enterrado en las condiciones mínimas que marcan las normas de buena construcción. Obviamente, en las primeras semanas eso no será posible… pero seguir trabajando en la provisionalidad dos meses después solo demuestra falta de visión de conjunto, imprevisión y falta de estrategia de salida. Seguir haciéndolo un año después no tiene perdón. Una previsión de necesidades permite un envío masivo de materiales desde cualquier proveedor o puerto cercano, rápidamente y a un precio económico. Los trabajos comunitarios se pueden hacer bajo fórmulas diversas, desde el trabajo familiar hasta el food for work. Lo que no se puede hacer es ignorar el problema. El problema existe aunque no lo veamos. Y esa canalización ordenada creará unas infraestructuras que permitirán rápidamente acometer tareas mayores, como el tratamiento de aguas residuales y la gestión de basuras, de gran impacto. Y vertebrará la comunidad alrededor de un proyecto común, de un “nosotros”.

2. Crear o reparar o mejorar los sistemas de potabilización y distribución de agua.

3. Crear o reparar o mejorar los sistemas de saneamiento, drenaje de lluvia y aguas grises, y depuración de aguas residuales.

4. Racionalización de los recursos hídricos, con aprovechamiento de aguas para regadío.

5. Creación o mejora de los sistemas de recogida y tratamiento de residuos sólidos.

6. Crear o reparar las vías de acceso y urbanas.

7. Crear o reparar las fuentes de energía tradicional, impulsando alternativas y sostenibles.

8. Promover la ordenación de los espacios públicos.

9. Ayudar al catastro y parcelación.

10.Promover planes de reforestación.

11. Ordenar y racionalizar los campos de desplazados dotándoles de infraestructuras y servicios mínimos.

12.Promover la actividad cooperativa en tierras públicas con vistas a la soberanía alimentaria y la sostenibilidad.

13.Promover talleres de formación profesional y artesanado para dotarse de los conocimientos básicos en construcción, carpintería, fontanería, electricidad…

14.Promover la creación de relaciones sociales que permitan la construcción, atención y mantenimiento de las instalaciones comunes, con sentido cumunitario.

Y todo ello (en mayor o menor medida, de acuerdo a las circunstancias razonadas de cada caso) debe hacerse desde el minuto cero de la emergencia. No puede esperarse a la fase de desarrollo (pero también hay que hacerlo en desarrollo). Porque la estrategia de salida depende de la sostenibilidad de las actividades, y esto depende de la racionalidad con que se ejecuten y de la fortaleza en que se traduzcan. Esta fortaleza a largo plazo, barata, se llama “infraestructuras”, “sensibilización” y “capacitación”. Ello redundará en una mejora notable de la eficiencia de nuestras acciones y en un aprovechamiento exhaustivo de los recursos invertidos. Este ahorro, producto de la eficiencia, permitirá invertir los excedentes en nuevas y más ambiciosas actividades de desarrollo que potencien las capacidades local reduciendo la vulnerabilidad.

No hace falta cambiar el mundo para hacer todo o una parte de esto. Cualquiera de las actividades que se haga, con modestia, por pequeño que sea el grupo con que se trabaje, redundará en beneficios indudables. Y los beneficios serán contagiosos. Será muy fácil, poco a poco y con humildad, aprender de las sucesivas experiencias. Solo hace falta tener el objetivo claro, empezar, medir el impacto, corregir y volver a empezar. No más. Para hacer las cosas solo hace falta hacerlas.

 



Notas: 

 

1 PEREZ DE ARMIÑO, K. HEGOA Artículo “Vinculación emergencia-desarrollo” Disponible internet en http://www.dicc.hegoa.ehu.es/listar/mostrar/226). “La construcción de infraestructuras de emergencia (hospitales, suministros de agua, etc.) debe realizarse de tal forma y en tales lugares que puedan ser utilizadas después de la crisis. A esto puede contribuir el que los recursos de la ayuda de emergencia se utilicen para reforzar programas ya existentes. Otra fórmula consiste en no repartir la ayuda (como la alimentaria) de forma gratuita, sino en forma de salarios en el marco de programas de empleo de mano de obra intensiva, que generan ingresos e infraestructuras, al tiempo que reducen el riesgo de una mentalidad de dependencia hacia la ayuda (ver [comida o dinero por trabajo, proyectos/programas de]).”

2 BBC News 30-11-10.

3 Esto es algo que no “puede” decirse pero “debe” decirse: en un mundo en el que las necesidades humanas (y humanitarias) son infinitas, inabarcables; donde los obstáculos físicos, económicos y políticos son prácticamente insuperables, y donde los recursos de que disponemos son penósamente limitados, carece de todo fundamento y es profundamente inmoral disipar los esfuerzos y recursos en lugares donde no se logrará ninguno o casi ningún impacto, dejando en cambio desatendidos otros sitios y poblaciones donde la simple actitud de las autoridades y/o del beneficiario, generarían expectativas razonables de éxito a largo plazo. Pero como esto no puede hacerse, porque toda víctima, cada una de ellas, es por definición el 100% del objetivo humanitario, nos vemos obligados a la acción política allí donde la política no acomete su función primordial: el deber de proteger en general y en especial el de velar por los intereses de los más desfavorecidos. Asi , nuestro imperativo de eficiencia nos fuerza a involucrarnos en la acción política alli donde los actores hacen omisión o dejación de sus deberes.
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