El artista

Cita

“En las muchas memorias y abundantes libros de recuerdos que han ido editando los judíos que sobrevivieron al Holocausto hay una figura que aparece con frecuencia y cuya actividad posee un interés muy especial. Cuentan los supervivientes que, tras ser detenidos y agrupados por la policía política alemana y francesa, eran almacenados en trenes especiales cuyos vagones habían servido para el transporte de ganado.

Hacinados como reses, sin espacio para sentarse, sin apenas aire para respirar, sin más agua que la lluvia que se filtraba por las grietas de la cubierta, millones de desdichados atravesaron Europa de Pau a Auschwitz, de Varsovia a Daschau, de Amsterdam a Büchenwald, durante semanas, camino del matadero. Antes de llegar murieron muchos de sed, de hambre, de asfixia, de agotamiento, de enfermedad; los supervivientes acabaron el trayecto pegados a los cadáveres porque no había espacio para dejarlos reposar en el suelo.

Los vagones, que eran de puerta corredera, traían unos mínimos respiraderos en la parte superior, a un palmo del techo, y otros cuantos orificios en el suelo para la evacuación de las heces. Por los respiraderos entraba la escasa luz que permitía a los infelices saber si era de día o de noche, y, aunque pueda parecer extraño, estos detalles cobraban para ellos una enorme importancia. Los respiraderos superiores estaban situados a unos dos metros y medio del suelo.

Muchos memorialistas coinciden en relatar cómo los presos de cada vagón elegían espontáneamente a una persona para alzarla hasta el respiradero con el fin de que fuera dando cuenta de lo que desde allí se divisaba. Solían escoger a alguien liviano, aunque despierto, de modo que pudiera ponerse de pie sobre algunos compañeros que con extraordinario esfuerzo le ofrecían sus riñones como tarima. El vagón entero se retorcía con dolorosa y agotadora contorsión para facilitar a los oteadores el acceso a la mirilla. Los presos necesitaban saber dónde estaban, adónde los conducían, qué tierras cruzaba el tren, qué gentes las habitaban. Para averiguarlo estaban dispuestos a los mayores sacrificios.

Pero no todos reaccionaban igual: cuentan también que unos pocos presos se mostraban escépticos y rehusaban colaborar. “¿Qué me da a mí en dónde estemos, si me cabe la certeza de que voy camino del matadero?”, decían crudamente. Ponían toda clase de inconvenientes a colaborar, y luego se negaban a oír y aun hacían burla imitando a los oteadores. Pero hasta los más escépticos atendían disimuladamente cuando los oteadores sabían explicar lo que veían. Porque, como es natural, no todos los elegidos servían para la tarea y había que cambiarlos de vez en cuando. Incluso a menudo.

Las primeras veces que los oteadores se alzaban hasta la ventanilla no tenían fuerzas para hablar. Llevaban quizá cuatro o cinco días a oscuras, asfixiados por el hedor, aplastados por sus compañeros, y de pronto se elevaban y veían la luz del sol, o la luna, o un perro, o un río. Balbucían algunas palabras y luego se ahogaban en sollozos, o caían en un mutismo seco. Sus compañeros solían mostrarse comprensivos y les daban un tiempo para reponerse e intentarlo de nuevo. Algunos, con el aplomo que da la experiencia, iban adquiriendo cierto control sobre sí mismos. Otros no podían resistir la tensión y se negaban a seguir haciendo de oteadores pues, según decían, para soportar el horror es mejor no ver nada y hacer como si sólo hubiera un mundo, el de los condenados a muerte.

También sucedía que ciertos vigías decepcionaban a los condenados porque sus relatos eran demasiado minuciosos, exactos y científicos. “Veo una estación de ferrocarril con dos puertas laterales y una central con trampilla de madera y herrajes de latón, seguramente atornillados; hay en el andén un hombre de uniforme de unos cincuenta y dos años de edad, con gafas de alambre y una pipa apagada. A la derecha hay un hangar de doce por quince…”, decían estos malos vigías, y sus compañeros aceptaban la información pero los sustituúan de inmediato por otros no tan rigurosos.

No decepcionaban menos los distraídos, aquellos que daban una visión dispersa, inconexa, improvisada y sin orden ni concierto del panorama: ahora una nube en forma de Afrodita o una bandada de pájaros, luego una pareja de burgueses que parecen amarse, ¿o son dos soldados discutiendo?; también irritaban quienes lo interpretaban todo desde sus impresiones personales, como que a ellos les parecía demasiado verde una planta o muy sucio un leñador…Ni la ciencia ni la inocencia, ni la verdad objetiva ni la expresión subjetiva les eran de ninguna ayuda a los condenados.

Los oteadores más apreciados eran aquellos que referían con acierto la existencia del mundo verdadero, libre de la tortura y del horror, un mundo luminoso pero atado al mundo de los condenados por signos indescifrables. “Algunas mujeres de este pueblo se han reunido junto a la estación, en el abrevadero público, y están allí apiñadas mirando nuestros vagones con disimulo. Veo que una de ellas, con un crío en los brazos, le señala a nuestro vagón, justamente, así que voy a sacar la mano por la mirilla”, decía, por ejemplo, uno de los oteadores más apreciados por los presos. Sus compañeros podían pensar entonces que aquella mujer con el niño veía la mano, o algunos dedos de la mano, agitándose desde la mirilla, y que quizá así la mujer se convencería de que había gente muriendo en los vagones. Gente con manos, indudablemente. Y guardaría memoria de ello y algún día lo contaría a sus nietos: “Yo vi a los judíos pasar por la estación del pueblo y uno de ellos me agitó la mano, como saludando, desde uno de los vagones.” Así parecía redimirse una parte del dolor, aunque fuera de un modo muy ideal.

En los buenos relatos, los presos tenían la certeza de que algo circulaba de los unos a los otros, de los condenados a los libres, del mundo de la muerte al mundo de la vida. Un signo indescifrable, como el rayo que desciende del cielo e ilumina la noche un instante, ponía en relación dos universos que se desconocían mutuamente. Y a los presos les era indiferente que de verdad el oteador hubiera sacado la mano o que la mujer la hubiera visto, pues lo esencial para ellos era sentirse partícipes del mundo de los vivos y pertenecientes al mismo, aunque sólo fuera por unos segundos.

El oteador de los vagones cargados de condenados era el único que tenía, no ya fe, sino constancia de la existencia de otro mundo en el que las leyes permitían vivir a la luz del sol. La vida de los condenados hacinados en el vagón era espantosa, pero si el mundo de los vivos era verosímil, entonces la vida del vagón se convertía en una ficción resultante del juego de otras leyes que condenaban a vivir en el horror, sin culpa alguna ni haber sido acusados de nada. Se mantenía de ese modo la esperanza de que el horror tuviera un final.

Mientras el oteador era capaz de mantener la variedad del relato, mientras lograba convencer a sus oyentes acerca de la realidad del mundo luminoso, entonces el mundo del horror permanecía como la otra ficción. La realidad del mundo luminoso y la realidad del mundo de la muerte se sostenían la una a la otra como ficciones mutuas.

Sólo cuando las leyes del mundo de la muerte y las del mundo de la vida coinciden, sólo entonces la tarea del oteador carece de sentido y es inútil porque nadie la necesita. Pero cuando eso sucede, como en nuestros días posiblemente suceda, no sabemos si la indiferencia hacia oteadores, cronistas y vigías es el resultado de la victoria del mundo luminoso (es decir, del permanente desvelamiento de lo viviente) o el triunfo del escepticisimo y la resignación de los condenados.

Debe prestarse atención al hecho de que ningún vigía consideró nunca su tarea como una opción personal y libre, movida por su genialidad. Sabían que su tarea no les pertenecía, sino que era el fruto de un pacto colectivo. El conjunto entero de presos, en el vagón era la fuerza que alzaba o rechazaba sus observaciones. Las visiones y relatos no eran, por lo tanto, el fruto de su carácter o la expresión de su espíritu, sino una relación efímera e instantánea, un acuerdo compartido por unos cuantos, por muchos o por todos, sobre la verdad de lo que aparece en cada momento.

Añadamos, para concluir, un último punto de gran relevancia en nuestros días. A pesar de que las relaciones entre los condenados y los oteadores llegaron a ser muy densas e incluso en algún vagón casi institicionales, ni uno solo de los oteadores olvidó a cuál de los dos mundos pertenecía, aunque conociera dos mundos igualmente reales y verosímiles. En ninguna de las memorias y diarios que he podido leer aparece jamás un oteador que exigiera ser mantenido por la comunidad de los presos.”

Felix de Azúa. Diccionario de las Artes. (Debate, pags 51-55)

 

Música

Maurice Ravel – Pavane pour une infante defunte. Intérprete Sviatoslav Richter, 1954

¿Qué es un traidor?

Lo que pasará cuando España sea rescatada. Artículo de Juan Luis Rodríguez, clarito, clarito, clarito, sobre las condiciones del “rescate” que se quiere pedir…

¿Qué es un traidor?

El que mienta, manipula y engaña sirviendo a intereses ajenos a los que por su posición está obligado. ¿Le es aplicable a alguien en España?

Somos todos mayorcitos. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Cito a continuación la LEY DE TRAICIÓN española.

Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

TÍTULO XXIII.

DE LOS DELITOS DE TRAICIÓN Y CONTRA LA PAZ O LA INDEPENDENCIA DEL ESTADO Y RELATIVOS A LA DEFENSA NACIONAL.

CAPÍTULO II.
DELITOS QUE COMPROMETEN LA PAZ O LA INDEPENDENCIA DEL ESTADO.

Artículo 592.

1. Serán castigados con la pena de prisión de cuatro a ocho años los que, con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieran inteligencia o relación de cualquier género con Gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, Organismos o Asociaciones internacionales o extranjeras.

 

Del humor, y de nuestra condición ridícula y reidora.

Cita

Prefiero el humor, no porque sea más grato reír que llorar, sino porque es más desdeñoso (…). El lamento y la conmiseración se mezclan con cierto apego por aquello de lo que nos lamentamos; las cosas de las que nos reímos, las consideramos sin valor. No creo que en nosotros haya tanta desdicha como vanidad, ni tanta malicia como sandez: no estamos tan llenos de mal como de inanidad; no somos tan miserables como viles. (…) Nuestra condición propia es tan ridícula como reidora.

Montaigne. Los ensayos, L (Acantilado, Barcelona, 2007, p.439-440)

De las diferencias entre democracia, dictadura y ocupación militar

Hace unos meses atrás, cuando empezaba a advertir a mis amigos de que debíamos procurar quitarnos de encima esta dictadura (que por entonces empezaba ya a vampirizarnos a cara descubierta) mientras pudiéramos, porque cada dia que pasara iba a ser más y más difícil, uno de ellos me dijo, casi ofendido: “Oye, usar la palabra Dictadura es un poco fuerte, porque a este gobierno lo ha votado la gente libremente”… “Ya -le dije- pero, dejando a parte de que no me refería a Rajoy, que no es más que el mamporrero visible, el testaferro de los verdaderos dictadores,  también la gente votó libremente a Hitler, a Chavez y a Perón y, salvando notables diferencias  entre ellos, no se puede decir que sus gobiernos fueran (o sean) significativamente democráticos, ¿verdad?. Porque pareciera que “democracia” es algo “más” que votar… y realmente, y bien mirado, ¡es muchas cosas más!. Pero además, y no menos importante, no recuerdo que votáramos a Botín, ni a Roig ni a Lehman Brothers, ni a la CEOE ni al BCE, que son quienes nos están gobernando e imponiendo su Ley, abusando de la apisonadora que les da a sus testaferros la mayoría relativa obtenida en el Congreso, gracias a una ley electoral injusta que deja fuera de juego a enormes minorías; y abusando del control monopólico de los medios de comunicación, con los que imponen la “doctrina única” a través de la negación de alternativas y de la propagación del miedo. Si todo esto, todavía, no se ve como una “dictadura”, sigamos.

¿Por qué el criterio de la mayoría nunca es suficiente?. Porque “Las democracias reales suelen ser complejos mecanismos articulados, con múltiples reglas de participación en los procesos de deliberación, toma de decisiones, en los que el poder se divide constitucionalmente o estatutariamente, en múltiples funciones y ámbitos territoriales, y se establecen variedad de sistemas de control, contrapesos y limitaciones, que llevan a la conformación de distintos tipos de mayorías, a la preservación de ámbitos básicos para las minorías y a garantizar los derechos humanos de los individuos y grupos sociales.” (1)

Es decir, que no hay democracia sin división real de poderes, sin libertad de prensa ni pluralismo informativo, sin protección real de las minorías y de los más desfavorecidos y débiles, sin salvaguarda de los derechos civiles y políticos, sin garantizar que no hay nadie por encima de la ley ni que la ley y el Procedimiento son iguales para todos en su letra y en sus resultados; en suma, que no hay democracia posible sin un efectivo Estado de Derecho. La presencia y gradación de estos componentes es lo que permite que el criterio de la mayoría pueda ser considerado legítimo y por tanto democrático. En caso contrario estamos ante una perversión de la misma que, cuando además tiene componentes xenófobos, nacionalistas y religiosos, generalmente se llama fascismo.

Por el contrario, “La ‘dictadura’” (real o delegada a través de testaferros) “es una forma de gobierno en la cual el poder político se concentra en torno a la figura de un solo individuo dictador o una junta militar con un número de dictadores” (o un gobierno títere de tecnócratas impuestos) “, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya, la independencia del gobierno respecto a la presencia o no de consentimiento por parte de cualquiera de los gobernados, y la imposibilidad de que a través de un procedimiento o institución o institucionalizado la Oposición política o oposición llegue al poder. ” (2). Esto es, ausencia de Estado de Derecho, como todo según gradaciones..

 Por eso no debemos engañarnos. “Dictadura” y “criterio de mayorías” no son conceptos antitéticos. Porque ninguna dictadura puede funcionar sin el apoyo pasivo y/o activo de la mayor parte de la población. La violencia policial solo puede utilizarse eficazmente si es utilizada de forma selectiva con las minorías. Usarlo con las mayorías es terriblemente antieconómico y  eso convierte una dictadura en una mera ocupación militar. Y las diferencias, aunque algún despistado no las vea, son notables. Una usa predominantemente el consentimiento, la otra el miedo. Pero incluso, en este último caso, la ocupación militar siempre es algo transitorio y su mantenimiento a largo plazo es imposible si no cuenta con el respaldo abierto o encubierto de una mayoría razonable, como en el caso de Francia durante la 2GM, que permita transformar en un breve lapso de tiempo la ocupación militar en una dictadura, imponiendo un gobierno títere que recupere la ilusión del Imperio de la Ley. Porque la mayoría cómplice y necesaria, como todos nosotros, necesita de esa ilusión para vivir. Necesita creer que existe un futuro previsible y no arbitrario; que hay unas reglas de juego tales que, si se respetan y miras por ti y los tuyos y no te metes en “cosas raras”, puedes prosperar; que la política es algo “malo”; que “todos los políticos son iguales”; que las minorías y los disidentes no quieren respetar esas reglas de juego; que “algunos tendrán buenas intenciones pero…” que esas minorías ”nos meten a todos en problemas” y no son “realistas”; que lo importante es mirar por ti -”porque si tu no miras por ti, ¿quién lo hará?”-; en suma, que “ellos” son los “buenos” y que “el gobierno está haciendo todo lo que puede para beneficio de la mayoría”. Porque “no hay otra salida” y esto “es lo mejor para todos”; que ”es el mejor de los mundos posibles” y que las minorías reprimidas lo son por su propia desconsideración, pues “quieren imponer sus radicalismos” a la mayoría que solo quiere trabajar y vivir sin causar problemas a nadie; que esas minorías son el “enemigo” que les pone en peligro y que esas minorías son en gran medida los culpables de todo lo que está ocurriendo, por acción directa u omisión. La mayoría cómplice necesita creer que esa minoría “ha hecho algo” o “hace” para estar en su situación y que a ellos, en cambio, nada no les ocurrirá, … y si les ocurre será culpa de los “otros”, la minoría.

Por tanto, si bien el objetivo de toda ocupación militar es conseguir la colaboración activa o pasiva de la mayoría de la población por medio de la violencia y el puro ejercicio del poder, rápidamente procura girar a una dictadura sustituyendo el ejercicio del miedo por el de culpabilización de las minorías y/o disidentes, señalándoles doblemente como responsables de su propia suerte y como culpables de los males de la mayoría. Es mucho más barato.

Esa jugada permite a todos cumplir con sus objetivos básicos: al dictador mantener su poder a un coste económico razonable, y a la mayoría continuar con su vida normal pensando que hace lo que debe y que la culpa de lo que pasa es de otro. ¡Vivir con resignación!

 Aquí en España, de momento, se han ahorrado la ocupación militar. No les ha hecho falta, ni a los “mercados” ni a los traidores nacionales que medran a su sombra. Pero en cambio tenemos un gobierno títere (igual de títere que lo era el anterior) y un país secuestrado. La ficción democrática se reduce al ritual del voto: no hay división de poderes, no hay igualdad ante la ley y hay un monopolio de facto en los canales de información. La propaganda oficial ha dividido al país en múltiples minorías, cada una “culpable” de los males de las otras (inmigrantes, parados, funcionarios, pensionistas, dependientes, contratados, interinos, mineros, jornaleros, mileuristas, ninis, mayores de 30, menores de 30, mayores de 48, menores de 48, mayores de 52, madres, etc., etc) consiguiendo con una habilidad asombrosa (una verdaderamente genial campaña de marketing) culpapibilizar a todos, pero siempre señalando a “minorías”, de modo que ante cada recorte siempre haya una mayoría que diga: “lógico, es un abuso, no pretenderás!”; y en cambio, que cuando cada uno de ellos es señalado como una minoría “culpable” no haya por parte de los demás la menor empatía social. Es más, y esto es el colmo de la genialidad, no solo culpabiliza a las víctimas sino que consigue que la víctima crea en su propia culpabilidad: “has vivido por encima de tus posibilidades”, “si no trabajas es porque no buscas trabajo”, “si te pega es porque algo habrás hecho” (… uyyy no, que fallo, esto es violencia de género jejejeje, pero ¿a que se le parece mucho?).. El gobierno gobierna de facto, a golpe de decreto enviando al Parlamente sus propuestas de ley para que el Congreso las apruebe sin rechistar. Los debates son un circo y los parlamentarios votan según lo que ordena el jefe de su Grupo. La oposición (PSOE) vota en contra con la boca chica, pero cuando está en peligro el resultado favorable a los amos se alía con el gobierno en nombre de la “responsabilidad política”. Vistas asi las cosas nos podríamos ahorrar un montón de dinero en sueldos, ya que bastaría con cuatro o cinco diputados, uno por partido y cada uno con un voto ponderado. Pero eso no es asi, porque, como a Laura en la película, de lo que se trata es de que nos creamos que “lo que hay” es “lo que es”, y que “no puede ser de otra manera”: de que la realidad es la que se nos impone por medio de la propaganda dirigida desde el gobierno y sus acólitos y de que toda otra alternativa o es utópica o es contraria a los intereses del pueblo. Pero no es asi: lo que estamos viendo en vivo y en directo, impuestos por la manipulación, la mentira y la repetición hasta el aletargamiento, es un engaño repugnante y monstruoso, una pantomima vergonzosa y una prostitución de las instituciones democráticas: algo a lo que llaman democracia y no lo es.

 (Y dicho todo esto, es muy triste ver cómo la mayoría de la población, ¡las víctimas!, caen en el engaño y permanecen pasivas ante su propio secuestro. Muy triste. La manifestación de ayer en Madrid es un ejemplo)

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia

(2) El texto en cursiva y entre paréntesis es mio. Cita de Molina, Ignacio. Conceptos fundamentales de Ciencia Política. Alianza Editorial. ISBN 84-206-8653-0. (Ver cita en http://es.wikipedia.org/wiki/ Dictadura)


De las diferencias entre buen gobierno y buena administración

Se construirá ciudad privada en Honduras. 07 de septiembre de 2012      por Guillermo Campos

“La idea de la ciudad modelo nació de la idea de una charter city del economista estadounidense Paul Romer, que comenzaría como un fragmento de territorio inhabitado, del tamaño de una ciudad, así como una Constitución que determinará las leyes que regirán el lugar.

Romer afirma que una buena Constitución atraerá a millones de personas a formar una nueva ciudaddirigida correctamente, atrayendo beneficios para todos y asegurando que mientras más gente viva en ella, será mayor su productividad y mejores sus beneficios.

“La evidencia sugiere que muchas sociedades están atrapadas por reglas deficientes. Moverse hacia mejores normas puede ser mucho más difícil de lo que cree la mayoría de los economistas. La construcción de una charter city es una sugerencia acerca de cómo podemos cambiar la dinámica de las reglas”, puntualizó el economista.””

La derecha neoliberal, con el coro acrítico de la mayoría, insiste en la confusión deliberada entre “buen gobierno” y “buena administración”.

Un pais requiere de un buen gobierno, que atienda a los interéses generales y comunes.

Una empresa, en cambio, solo requiere de una buena administración que maximice beneficios de los inversores, dentro de las reglas de juego previamente marcadas por los responsables del buen gobierno del pais donde opera.

Son dos cosas tan radicalmente opuestas que, llevadas a sus últimas consecuencia, son prácticamente irreconciliables, por no decir incompatibles.

El primero procura la redistribución de cargas y beneficios, de cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades, desde una igualdad formal absoluta, tendiendo a una mayor igualdad material en las condiciones de partida, para que las desigualdades efectivas que aparezcan sean solo debidas al esfuerzo y a la inteligencia utilizados con honradez y para el bien común, y siempre dentro de los estrechos límites que permite la solidaridad social. Y como lo que no se paga con dinero, riqueza o poder se puede pagar con honores, las desigualdades producto de ese esfuerzo podrán manifestarse en los honores recibidos de todos, en función de la contribución de cada cual al incremento común de Bien, Belleza o Verdad.

El segundo, en cambio, procura la extracción de recursos de la mayoría, propia y ajena (recursos naturales, capital y/o trabajo), para concentrarlos en unos pocos: cuanta mayor sea esa extracción y esa concentración tanto mejor habrá sido la dirección y administración de la empresa. En una empresa (que no sea cooperativa) no hay bien común que defender, salvo el incremento patrimonial del propietario o colectivo de accionistas. Una empresa se define solo por su objetivo de obtener ganancias para ponerlas a la libre disposición de su propietario. Los intereses de sus administradores son frontalmente opuestos a los de sus trabajadores y a los de las personas que viven y comercian con esa empresa, ya que el administrador procurará consumir todos los recursos (naturales y financieros) del entorno lo más rápidamente posible y extraer el mayor excedente de horas de trabajo humano de sus trabajadores a fin de canalizar todos esos excedentes a sus fondos de libre disponibilidad. Esa es la razón por la que una empresa solo puede ser socialmente útil (individualmente util siempre lo es, faltaría más) cuando está severamente regulada en cuanto a los límites con los que puede operar respecto de sus trabajadores y respecto del uso del entorno natural y social en el que se desenvuelve. La desregulación externa solo puede conducir al colapso social y empresarial, por mero agotamiento de los recursos propios y ajenos. Una empresa sin regulación es como un perro rabioso descontrolado. No tiene cura, y solo puede sacrificársele. Pero el daño que ha hecho, entretanto, es también irreparable, como irreparable es el dolor y la muerte en un universo donde la flecha del tiempo solo tiene una dirección. Los experimentos hay que hacerlos en laboratorio. Y los experimentos sociales, solo con gaseosa.

Proponer y/o permitir la creación de una ciudad privada gobernada por una corporación de empresarios, con leyes y seguridad propias, sin un techo de beneficios por encima del cual se fuerce a la redistribución y sin un suelo de derechos y de obligaciones por debajo del cual la explotación no puede descender, sin restricciones al ejercicio de la libertad individual más allá de las que da el poder individual, sin separación de poderes ni libertad de prensa ni expresión, sustituyendo la defensa sindical por la defensa del consumidor, y reduciendo la carta de DDHH y los derechos civiles y políticos por los criterios de  Responsabilidad Social Corporativa… es una aberración que, conscientemente, solo puede caber en una mente psicópata, o simplemente retorcida y enferma. De sus precursores no tengo dudas; y de los “eruditos” que gastan papel en justificarlo tampoco.

Es algo mucho peor que volver al Medioevo. Es mucho más que la mera privatización de la política y el poder… Es ir hacia una sociedad donde se ejerza un poder casi infinito, fruto de la tecnología y la capacidad económica y militar actual, pero sin los controles que entonces imponía a unos y otros la religión. Un Poder que impone arbitrariamente una Ley, sin Moral y sin Control. Eso, es un campo de exterminio nazi.

El hecho de que se haga y de que se publique, y de que haya gente que vea ese proyecto de esclavitud y prostitución masivas como una muestra de “progreso” y “futuro” ante la crisis política y económica que vivimos (que por cierto crearon los mismos que quieren ahora hacer esa ciudad modelo), el hecho de que funcionarios de un gobierno elegido en las urnas lo autoricen y justifiquen y de que miles de personas (ante la mirada estúpida y envidiosa de otros millones que no cabrán) vayan alli a “trabajar” más o menos engañadas o más o menos forzadas, … y que simplemente no pase “nada”, es otra muestra más de hasta qué punto llegan la manipulación y el engaño y esta sedación colectiva en la que nos tienen postrados mientras nos sangran y vampirizan como a ganado.

(Por cierto, quien quiera hacerse una idea de cómo funcionarán estos engendros sociales, no tiene más que intentar acercarse a sus precursores y añadirles algunas luces de neón y glamour: por ejemplo, a alguna maquila, o a una explotación minera, de coltan o diamantes del Congo; o, con menos tecnología, a un campo de esclavos en Mauritania, Sudán o Brasil. El infierno existe en este mundo, y no hay que ir a otro para encontrarlo, ni colocarlo en el lugar de una utopía. Está a la vuelta de la esquina y siempre es el resultado de la ambición unida a la estupidez y a la más abyecta inmoralidad e individualismo.

Pero otro dia hablaremos de la esclavitud, que no solo está en los campos de cereal, ni en los trabajadores atados a una hipoteca, ni en el desempleo estructural unido a la restricción de acceso a los recursos naturales -tierra, agua-. 500.000 mujeres prostituidas solo en España, a plena luz del día y con pleno conocimiento social, político, policial y judicial. ¿Quién es el canalla? ¿Quién arroja la primera piedra?)

 

SIn duda, hay muchos peores mundos posibles…

Los prisioneros eran ganado humano(*).

El Ejército japonés practicó el canibalismo como “una estrategia militar organizada” al final de la II Guerra Mundial, concluye Antony Beevor en su último libro.

A veces se dicen cosas que me asombran. Y, si, es verdad que con las barbaridades que leemos y oímos a diario, ¡ya debería estar uno acostumbrado…! Pero cuando una aparente barbaridad como esta viene de la mano de un erudito reconocido, me saltan todas las alarmas.Y entonces me entran ganas de leer el libro, aunque sea solo para ver si lo que pone en el artículo se ajusta al texto, o simplemente es una de tantas interpretaciones “libres” de las que se permiten impunemente los periodistas, abusando de la amnesia colectiva y de que el papel lo aguanta todo…

“(…) atrocidad japonesa al final del conflicto: el canibalismo y el uso de prisioneros de guerra como “ganado humano”, que eran mantenidos con vida solo para ser asesinados de uno en uno con el objetivo de ser devorados. Esta salvajada formó parte (…) de “una estrategia militar sistemática y organizada”.”

Vamos a ver… Pido perdón, porque lo que voy a decir puede sonar muy mal, pero ruego paciencia.

Casos de canibalismo documentado hay en abundancia a lo largo y ancho del globo. Pero, salvo en el caso ritualista Azteca (que nunca ha estado claro, aunque parece fundarse en un déficit regional y crónico de proteína animal per cápita que hacía al canibalismo de las élites ventajosamente adaptativo) en todos los demás casos el canibalismo ha sido una práctica puntual, fundada bien en alguna perversión psicópata personal o en la necesidad imperiosa de sobrevivir devorando los cadáveres humanos como si fueran mera carroña. Hasta donde yo se (que debo reconocer que es poco) ni siquiera el tan pregonado canibalismo entre tribus, tras enfrentamientos guerreros, ha sido documentado fuera del “dicen que dicen” de los misioneros europeos. Matar para comer, sea al prójimo o al enemigo, entre gentes de bien, no estuvo nunca bien visto. Básicamente porque alguien que te mira como a un filete no parece ser un interlocutor muy fiable. Y eso es una actitud muy poco inteligente… ya que obviamente crea enemistades irreconciliables y por tanto es en general muy poco adaptativa. Esa es la razón por la cual el canibalismo nunca formó parte de una estrategia sistemática y organizada de ningún grupo social, ¡y menos aun, hombre de Dios -si existe que baje y lo vea-, la cría y engorde de seres humanos como ganado! Entre otras razones, además de las anteriores, por la muy sencilla y triste razón de que la cantidad de calorías requeridas para alimentar y mantener un omnívoro (como es el caso de un ser humano) es mayor que las que se obtienen de su peso en carne; a parte de que un omnívoro es un competidor directo por los recursos escasos del hábitat del ganadero: un hombre-ganado al que no se pueda alimentar con pienso consume los mismos alimentos y agua que el criador y, además, los desperdicia quemando calorías viviendo. Vamos, un desastre.

La cria como ganado de un omnívoro, fuera de una organización industrial, es un lujo que solo pueden permitirse las sociedades más opulentas, que destinan una gran parte de sus excedentes alimenticios al engorde de carne de excelente calidad (por ejemplo el cerdo, animal de lujo por excelencia, dados sus consumos de protenina y agua). Las sociedades menos opulentas, o las empobrecidas, tienen que recurrir a los herbívoros, ya que aunque su carne no es tan buena desde un punto de vista metabólico, su mantenimiento no pone en peligro al grupo humano dado que su fuente de alimentación principal es la celulosa, alimento totalmente indigerible por un hombre. Esto y no su sonrisa es lo que hace a los herbívoros tan queridos en todas las culturas, y a los cerdos -pese a su sonrisa- generalmente malditos.

Conclusión: que hubiera canibalismo, vale; que se comieran a los prisioneros, también, pero que los mantuvieran vivos como ganado para comérselos uno a uno, y que ello formara parte de una “estrategia militar sistemática y organizada”… ¡hombre, eso ya es ir muy lejos y tengo que leerlo con más detenimiento, de la misma fuente, y ver las razones que aporta para una afirmación tan extraordinaria!

¿O será parte de la campaña a la que nos están sometiendo para que seamos conscientes de que hay muchos peores mundos posibles?

(*) GUILLERMO ALTARES Madrid 13 SEP 2012 – 01:33 CET
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/09/12/actualidad/1347478479_303840.html

Del valor de las cosas

Cita

“Que nuestra opinión da valor a las cosas se ve por aquellas muchas que no miramos sólo porque las apreciemos, sino porque nos apreciamos. Y no atendemos ni a sus cualidades ni a sus usos, sino únicamente a lo que nos cuesta conseguirlas -como si eso formara parte de su sustancia-; y llamamos valor en ellas no a lo que aportan sino a lo que aportamos nosotros. Con esto me doy cuenta de que administramos muy bien nuestro gasto. Según cuál sea su importe, es útil por su importe mismo. Nuestra opinión no le deja acudir jamás a gastos inútiles. La compra da valor al diamante, y la dificultad a la virtud, y el dolor a la devoción, y la aspereza a la medicina.

Alguno, para alcanzar la pobreza, arrojó sus escudos en este mismo mar que tantos otros exploran por todas partes para pescar riquezas. Dice Epicuro que ser rico no alivia sino cambia las necesidades. En verdad, no es la escasez, sino más bien la abundancia lo que produce la avaricia”

Montaigne. Los ensayos, XL (Acantilado, Barcelona, 2007, p.366)

Mientras la bola rueda

¡Qué listos son quienes nos gobiernan!…

¡Qué envidia no poder disponer de tanta inteligencia, capacidad y habilidad para hacer el bien… y no solo para el mal y la rapiña!

En fin, que ahora toca hablar de “independentismo”…

Las élites extractivas catalanas han convencido en un plis plas a su población vampirizada de que ¡¡la culpa de los recortes la tiene el Reino de España!! Vaya tela, y la gente, pobres y clases medias venidas a menos, van y lo compran… ¡hasta Guardiola! jajajajaja

Ahora Aguirre y los suyos tienen el discurso complementario: el verdadero problema de España y de los españoles es que “España se rompe”, y para evitar eso deberemos hacer cuantos sacrificios sean necesarios, y sean cuantos sean los pobres que tengan que morir en el intento.

¡Qué me maten si no es algo pactado!

Y mientras, rueda que te rueda, nos plantaremos en Diciembre, fecha para la que PP y PSOE nos hablarán de que la emergencia obliga a un gobierno de unidad nacional, poniendo la responsabilidad política por encima de las ideologías y las divisiones de partido.

Esa será su coraza frente a la repulsa de la calle, mientras la bola siga rodando.

¡Qué misterios tiene la política!

 

Hoy recomiendo un artículo simpático al respecto:

El verdadero independentismo, de Jesús Moreno Abad. No está mal.

 

Y, como siempre, brillante, el artículo de García Montero

La realidad y el deseo

Anomia, función y estructura social

Cita

“Una sociedad estable y bien gobernada tiende, en términos generales, a garantizar que el Aprendiz Virtuoso e Industrioso alcanzará el éxito en la vida y que, en cambio, el Aprendiz perverso e Indolente fracasará. […] Pero (en una sociedad que padece anomia)…, las virtudes ordinarias de la diligencia, la honradez y la bondad parecen ser de poco provecho.”

Robert Merton, sobre los conceptos de anomia, función y estructura social.

Cita extraída de “INDIGNIDAD, a propósito de EUROVEGAS. Artículos de Francisco Altemir | 11-09-2012

Las élites extractivas.

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LAS ÉLITES “EXTRACTIVAS” » Una teoría de la clase política española. Los partidos han generado burbujas compulsivamente.

Gran artículo de Cesar Molinas. En general, muy bien explicado.

Aunque como es lógico, hay muchos puntos que matizar o discutir, como hace el autor del siguiente artículo, en unos con más razón y en otros con más encono, pero no por ello ninguno indigno de ser tenido muy en cuenta.

Desmontando a César Molinas y su “teoría de la clase política española”

Los desempleados no son culpables

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¡¡Qué se jodan, los desempleados!!. Brillante artículo de Fernando Luengo

“Conociendo (parcialmente, pues tan sólo emerge la punta del iceberg) las retribuciones que se auto asignan los directivos de las grandes corporaciones, las indemnizaciones que reciben cuando abandonan sus cargos (a menudo, tras enriquecerse llevando a sus empresas a una situación financiera límite o directamente a la quiebra), cuando se sabe que las grandes fortunas apenas tributan, cuando se acaba de amnistiar, a cambio de una mínima penalización, a los defraudadores… resulta obsceno y cínico, además de ineficaz, meter la tijera en la prestación por desempleo y pretender mejorar el balance ocupacional a través de este “estímulo”.

Reducir la prestación, en un contexto de desempleo masivo y de desequilibrio en las relaciones de poder, en beneficio del capital, sólo servirá para reducir todavía más los salarios, de los que tienen la suerte de trabajar, reduciendo asimismo la muy limitada capacidad de presión de las organizaciones sindicales. Si no hay suelo o éste se tambalea (porque se recorte el importe de la prestación o se rebaje el salario mínimo), las empresas jugarán, como ya lo están haciendo, la baza de los bajos salarios, perjudicando sobre todo a los colectivos más vulnerables.”

Legalidad y legitimidad

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Desobediencia civil, Estado de Derecho y la izquierda. Brillante artículo de Alberto Garzón Espinosa

“(…) el ideal del ciudadano de la ilustración y del liberalismo (…)t y que se refleja en el “libertad, fraternidad e igualdad” de la Revolución Francesa de 1789 (…) es incompatible con el capitalismo. Bajo el capitalismo el Estado de Derecho se convierte en una mentira, en una apariencia, en una simulación. El ideal de la ilustración aplicada al ámbito económico -el famoso laissez faire y el papel de la mano invisible- anula el concepto de ciudadano libre. (…) Bajo el capitalismo los ciudadanos no existen como se espera de ellos en el ideal liberal, sino que únicamente existen trabajadores forzados a ser alquilados por algún poseedor de medios de producción; trabajadores esclavos de su situación de desposeídos.”

Me enseñaron a leer, y después me enseñaron que no debía leer más que lo que ellos me dejaran.

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Democracia y crisis social. Artículo de Marcos Roitman Rosenmann

“la democracia de mercado. Invento para satisfacer las malas conciencias y los comportamientos más propios de dictaduras. Así, por defecto, la inexistente democracia de mercado cubre el expediente celebrando elecciones disque libres y democráticas y deja al desnudo lo abyecto de un orden de explotación totalitario, excluyente y desigual.”