Episodio 4 – Renos nadando.

Episodio 4 – Renos nadando.

Renos nadando (pieza hecha hace unos 13.000 años). Escultura tallada en un cuerno de Mamut, encontrada en Montastruc, centro de Francia.

(Link del programa, grabación en inglés y fotografías de los objetos comentados: http://www.bbc.co.uk/ahistoryoftheworld/objects/DyfP6g6dRN6WdwdnbIVbPw)

Episodio 4 - summing reindeer 2

¿Cómo sonaría el pasado? Obviamente, tan lejos como estamos de las profundidades del tiempo en que nos hallamos esta semana, podemos no ser capaces de hacernos una idea. Podemos imaginar los inmutables sonidos de la naturaleza -el viento, la lluvia, el mar, los ríos- pero para nosotros, ineludiblemente, la historia es silencio. No obstante, y aunque no podamos oír el pasado, ciertamente, podemos verlo. Hoy, me gustaría presentarles un objeto que tiene 13.000 años de antigüedad, hecho por uno de nuestros ancestros que, buscando representar en él y para si su propio mundo, haciendo eso, nos lo transmitió con asombrosa nitidez. Esta es una de las obras maestras del arte de la Edad de Hielo, pero que también pone en evidencia el inmenso cambio que hubo en ese tiempo en cuanto al modo en que el cerebro humano estaba trabajando. Steven Mithen, profesor de la Universidad de Reading, y Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, han reflexionado al respecto en muy diferentes sentidos. Oiremos sus opiniones al respecto más adelante.

“Puedo sentir que quien hizo esto, se pro-yectó (de pro-iactum, arrojar)i a si mismo en su mundo en derredor, con enorme y generosa imaginación, viendo y sintiendo el ritmo de ese mundo en sus huesos” (Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams)

“Algo ocurrió en el cerebro humano (entre, digamos, 100.000 y 50.000 años atrás) que permitió que emergieran esa fantástica creatividad, imaginación y habilidades artísticas” (Profesor Steven Mithen)

En los últimos dos programas estuvimos viendo unas herramientas de piedra que nos pusieron ante la cuestión de si era o no, la capacidad de fabricar objetos, lo que nos hacía (nos constituía como) seres humanos. ¿Sería posible concebir seres humanos que no usaran objetos en su interactuar con el mundo? Pienso que no. Pero además hay otra cuestión que surge inmediatamente al ver este tan antiguo objeto. Aunque nuestra moderna especie humana, el “homo sapiens” (“hombre pensante”, en latín), evolucionó en Africa hace al menos 150.000 años, fue hace alrededor de 50.000 años atrás cuando algo dramático sucedió en nuestro cerebro, de modo que, a lo largo de todo el mundo habitado, los seres humanos empezaron a producir patrones de decoración, asi como joyería con la que adornar el cuerpo y representaciones de los animales que compartían el mundo con ellos. Esos seres humanos estaban haciendo objetos que servían no tanto para cambiar el mundo sino para explorar su orden y las regularidades que observaban en él. En resumen, están haciendo arte. Y la pregunta a realizarnos es ¿por qué? ¿Por qué todos los seres humanos modernos comparten esa compulsión por realizar obras de arte? ¿Por qué el fabricante de herramientas, en todos sitios, dio paso al artista?

Nuestros dos renos representan la más antigua pieza de arte de cualquier galería o museo Británico, y es extremadamente delicada. La guardamos en una caja con clima controlado, y apenas le movemos de allí porque cualquier choque repentino podría convertirla en polvo. Fue realizada al final de la última glaciación, alrededor de 13.000 años atrás. Fue tallada a lo largo del extremo de un colmillo de Mamut, y es delgada, suavemente curvada y de aproximadamente ocho pulgadas de longitud (20cm).

Los dos renos representados nadan muy juntos, uno detrás del otro, con lo que el escultor explotó brillantemente la forma ahusada del colmillo. La más pequeña figura, reno hembra, está delante y lamisma punta del colmillo da forma a la punta de su nariz; detrás de ella, en la parte más ancha, viene el macho, más grande. Gracias a la curva ambos animales tienen sus mandíbulas hacia arriba, y los cuernos apuntando hacia atrás, exactamente como hacen cuando nadan; y en la parte inferior sus pies están en completa extensión, dando la maravillosa impresión de un movimiento hidrodinámico (streamlined). Es una escena magníficamente expresada, y solo pudo ser realizada por alguien que había dedicado mucho tiempo observando nadar a los renos en el rio.

Por ello, quizás no sea una coincidencia que esta pieza fuera encontrada cerca de un rio, en un refugio de piedra en Montastruc, en el centro de Francia. Esta talla representa con increíble realismo los renos que migraban en grandes manadas, atravesando Europa, 13.000 años atrás. El continente, por esas épocas, era mucho más frio de lo que es hoy en dia: el paisaje consistía de una planicie abierta, libre de arboles como la Siberia actual, y para los cazadores-recolectores que habitaban ese implacable terreno los renos constituían una de sus mejores esperanzas de cara a la supervivencia. Su carne, piel, huesos y cuernos podían suministrar muy bien toda la comida y ropa que pudieran necesitar, asi como la materia prima con la que fabricar herramientas y armas. Su bienestar en cierta medida dependía de la caza de renos. Por ello no es sorprendente que nuestro artista homo sapiens conociera realmente muy bien a esos animales, y que eligiera representarles en su escultura.

El macho muestra un impresionante juego de cuernos que recorre la longitud de su espalda, y podemos determinar su sexo con toda seguridad porque el artista se ocupó de esculpir sus genitales bajo el vientre. La hembra, en cambio, tiene los cuernos más pequeños y cuatro pequeños bultos bajo su vientre que representan sus tetillas. Y podemos incluso ser mucho más específicos, afirmando que estos animales están claramente representados en otoño, el momento de sus rutas y migraciones hacia las pasturas de invierno. Solo en otoño ambos, macho y hembra, tienen completa su cornamenta y su pelaje se muestra tan hermoso. Además, el pecho de la hembra, sus costillas y el esternón están bellamente grabados, por lo que podemos deducir que este objeto no fue hecho solo mediante el conocimiento rudimentario de un cazador, sino gracias a la penetrante mirada de un carnicero, de alguien que no solo observaba animales sino que les despiezaba.

Por un sorprendente golpe de suerte sabemos que este detallado naturalismo fue solo uno de los cuatro estilos de que disponían los artistas de la Edad de Hielo. En el caso de los renos, el Museo Británico muestra otra escultura, encontrada también en la misma caverna de Montastruc, que por una feliz simetría (donde nuestros renos fue tallados en el colmillo de un Mamut) muestra un Mamut grabado en la cornamenta de un reno. Pero este Mamut está definido de un modo muy diferente, y aunque es reconocible instantáneamente, se muestra simplificado, esquematizado, como entre una caricatura y una abstracción; y ello no es un accidente, algo excepcional. Los artistas de la Edad de Hielo mostraban todo un abanico técnicas y estilos artísticos: desde la abstracción o el naturalismo hasta incluso el surrealismo, asi como el uso de la perspectiva y de una sofisticada composición. Estos modernos seres humanos tienen modernos cerebros, exactamente como nosotros. Ellos siguen viviendo de la caza y de la recolección, pero también están interpretando el mundo a través del arte. ¿A dónde conduce todo esto? Dice el profesor Steven Mithen:

“Ellos podían combinar lo que sabían acerca de la naturaleza con lo que sabían acerca de la fabricación de objetos, adquiriendo una nueva capacidad para producir piezas de arte. Pero además, las condiciones de vida de la Edad de Hielo fueron a la vez tanto críticas como positivas, constituyendo un verdadero desafíos para la gente que vivía en esos ásperos y largos inviernos: la necesidad de construir intensos lazos sociales, de rituales, de religión, todo se relaciona en el florecimiento de esta fantástica creatividad artística. Allí debió haber asombrosos parajes… Los mamuts, las manadas de caballos y venados, los pájaros y sus migraciones hubieron de causar inmenso impacto en estos cazadores-recolectores. Parte de este arte enraíce quizás en un abrumador sentido de la belleza, y en un sentimiento de agradecimiento y celebración del mundo natural”

Un agradecimiento, pero no solo del mundo animal: esas gentes conocían muy bien cómo trabajar la mayoría de las piedras y minerales. Si observamos la pieza detenidamente, podremos ver que esta pequeña escultura es el resultado, de cuatro técnicas del trabajo de la piedra: la punta del colmillo fue cortada con una herramienta de corte de piedra; los contornos de los animales fueron grabados con un cuchillo de piedra y una espátula o rascador; todo el objeto fue pulimentado usando oxido de hierro en polvo mezclado con agua, probablemente aplicado con una badana de piel; y finalmente, la marcas en los cuerpos y los detalles de los ojos fueron cuidadosamente realizados con una herramienta de piedra para grabado. Tanto desde el punto de vista de la ejecución como en su concepción estamos ante una muy compleja obra de arte. Y me da la impresión que tiene todas las cualidades de observación e interpretación que uno buscaría en cualquier gran artista.

¿Por qué razón alguien se tomaría tantas preocupaciones para hacer un objeto que no tueviera un propósito práctico? Dice el Arzobispo Rowan Williams:

“Pienso que el arte de este periodo nos muestra a seres humanos tratando de integrarse plenamente en el flujo de vida que hay junto a ellos, deviniendo ellos mismos parte del proceso de vida animal que se desarrolla a su alrededor. Pero no solo en el sentido de controlar el mundo animal o garantizar el éxito de la caza en todo momento. Pienso que es más que eso. Hay realmente un deseo de introducirse, y casi sentirse en casa, en ese mundo a un nivel más profundo, y pienso que eso es lo que constituye realmente un profundo impulso religioso: sentirse en el mundo como en casa. Tendemos a veces a identificar religión con no sentirnos cómodos en el mundo, como si el mundo de las cosas reales estuviera en algún lugar del cielo y no junto a nosotros; pero si realmente nos fijamos en los orígenes de las religiones, si vemos al núcleo de los asuntos tratados por las grandes religiones del mundo, el otro sentido es el apropiado, es decir, cómo vivir aquí y ahora y cómo ser parte de ese flujo de vida.”

Esta escultura no tiene una función práctica: es solo forma. ¿Esto era arte, una imagen realizada solo por su belleza? ¿O tenía un propósito diferente? Representar algo, realizar una pintura o una escultura de algo, implica darle a ese algo un tipo de vida diferente, una especie de poder mágico. Y si somos capaces de afirmar nuestra relación con el en el mundo, somos capaces si no de experimetarla, al menos de imaginarla. ¿Sería ir demasiado lejos sugerir que un arte como este podría constituir la primera evidencia física de la religión? Rowan Williams otra vez:

“Al principio, por supuesto, no podemos realmente separar arte de religión. El arte es sagrado porque te lleva a un sitio donde ya no está presente la separación sujeto/objeto propia del enfoque naturalista, sino que te lleva a un nuevo espacio que es el de la actividad religiosa. Es con el paso del tiempo cuando la religión se involucra progresivamente en asuntos relacionados con el poder, a la par que el arte deviene involucrado en asuntos de la auto-expresión. Hoy en dia, ambos se observan desde cumbres separadas, perplejos, como a través de la niebla.

No creo que los primitivos humanos tuvieran realmente una palabra en sus cabezas que sonara a Dios. Ellos fueron descubriendo, a causa de su inteligencia y de los nuevos desafíos a que los sometía el entorno, cómo era cada vez más complicado ser “ser humano” en el mundo, y lentamente el mundo les fue transformando, transformándose a si mismos. Con esto, y con su identificación con los procesos del mundo en derredor, uno puede empezar a comprender, o al menos a intuir, que era “eso” que en el Antiguo Testamento llamaban “sabiduría”: una especie de “principio de unidad”, de unidad subyacente a todo lo que existe, y que acabamos identificando con el significado de Dios”

Ello indicaría que, mucho del arte realizado alrededor del mundo durante la Edad de Hielo, habría tenido una dimensión religiosa, aunque obviamente solo podemos adivinarlo como en un uso ritual. De ser así, este arte es parte de una tradición que continúa viva aun hoy día, y que es parte de la evolución de la conciencia religiosa con que todavía nos damos forma y damos forma a muchas de las sociedades humanas. Objetos como esta escultura de renos nadando nos llevan hasta la mente y la imaginación de gente como nosotros -hasta su mundo invisible, si, pero estudiable-. Y me hacen reflexionar sobre si, esa habilidad para ver más allá de lo funcional y de lo material, usando la imaginación, sea lo que en ultima instancia nos haga tal como somos los seres humanos modernos.

Al tiempo que nuestros renos nadando eran esculpidos en Europa, gente que habitaba el noreste de Asia estaba a punto de asentarse en América. Pero eso lo veremos en el siguiente programa.

i Nota a “proyectar”. Ver en:http://etimologias.dechile.net/?proyecto

Husserl – Renovación del hombre y de la cultura ( audiolibro audio libro mp3 ) voz humana

Grabación en mp3, capítulo a capítulo, del libro del eminente filósofo Edmund Husserl, Renovación del hombre y de la cultura (cinco ensayos), en traducción de Serrano de Haro e Introducción  de Gullermo Hoyos Vásquez (Anthropos, Barcelona, 2012) (Duración de la grabación completa: 6 horas).

Esta grabación ha sido realizada sin ánimo de lucro y destinada exclusivamente a personas discapacitadas, por lo que si usted no se ajusta a este perfil no debe oír ni realizar las descargas).

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Aunque esta lectura en voz alta no puede sustituir, en cuanto a fines de estudio, el trabajo de un texto impreso, ya que se carece de las herramientas de búsqueda, marca, anotación y subrayado tan necesarias para estructurar y fijar el conocimiento, espero que la posibilidad de una audición continua facilite su visión de conjunto, y con ello su mejor comprensión y la de los temas de que trata, absolutamente vigentes y peligrosamente actuales.
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Espero y deseo que la disfruten y aprendan tanto o más que yo.

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Una petición.

quienes crean que este proyecto de grabación de audiolibros para discapacitados visuales es en si mismo algo valioso, y quieran y puedan colaborar económicamente, les ruego que contribuyan en la medida de sus posibilidades, a fin de que el tiempo invertido en esta tarea sea, a la larga, un esfuerzo sostenible.

¡Gracias a tod@s!                              donate-button

 

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 Husserl, Edmund – Renovación del hombre y de la cultura (cinco ensayos) 

 

INDICE

0 La ética fenomenológica como responsabilidad para la renovación cultural (por Guillermo Hoyos Vasquez)

00 Nota del traductor

1. Renovación. El problema y el método

2. El método de la investigación de esencia

3. Renovación como problema etico individual

4. Renovación y ciencia

5. Tipos formales de cultura en la evolución

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Presentación:

Hace unos dias presentábamos a Hans Kelsen (y a su De la esencia y valor de la democracia) como quizás el único intelectual de prestigio de su época que hizo una defensa cerrada de la democracia parlamentaria de partidos. Para Kelsen, la democracia moderna era el mejor marco formal dentro del que dotarnos, por consenso, del contenido material de las leyes. Hay que hacer notar que, la suya, era una época (el período de entreguerras) en que lo “moderno” pasaba por la exaltación de la violencia y las dictaduras (fuese la de derechas o de izquierdas)… Pero Hans Kelsen era un liberal relativista para el que el Imperio de la Ley era la condición sine qua non de todo proyecto de convivencia que mereciera ese nombre.

Hoy tenemos ante nosotros a Edmund Husserl, contemporáneo de Kelsen, austríaco como él (y como Stefan Zweig), uno de los padres fundadores de la Fenomenología y padre intelectual de buena parte de la filosofía continental del siglo XX. Husserl, tras la Gran Guerra, a la que considera como el colapso civilizatorio de Occidente, hace quizás el último intento racional serio de fundar una ética racional, de validez universal, esto es, que sea capaz de generar valores objetivos (de validez necesaria y universal y compartibles por tanto por cualquier ser racional). Renovación, refiere asi al esfuerzo por poner las bases para una reconstrucción moral (desde la racionalidad, y no desde el mito, la religión o la fuerza) de Occidente.

Ambos, fueron (y son) constantemente vapuleados (desde todo el espectro político, pero el hecho es que nada serio se ha escrito desde entonces que no fuera en mayor o menor medida a favor o contra ellos… lo que sin duda da la medida de su estatura. Ambos, cada uno a su manera, y a mi entender, cubren los extremos de la decencia dentro el espectro del pensamiento kantiano finisecular; esa especial e irrepetible manera Ilustrada de entender la vida que enfermó con los fanatismos del período de entreguerras, hasta acabar muriendo en la Segunda Guerra Mundial. Ambos merecen ser leidos; su lectura es inquietante, perturbadora: porque los problemas de que tratan, los suyos, descubrimos rápidamente que no son otros que los nuestros propios. Y que los problemas que plantearon y las claves que sus mentes poderosas y claras trataron de desentrañar, son las mismas que nos aguardan al final camino. Si es que somos capaces hacerlo.

Quedáis invitados.

 

Extracto del primer capítulo de Renovación:

“Renovación es el clamor general en nuestro atribulado presente, y lo es en todo el ámbito de la cultura europea. La guerra que desde 1914 la ha asolado y desde 1918 se ha limitado a preferir, en lugar de los medios militares de coacción, esos otros «más finos» de las torturas espirituales y las penurias económicas moralmente degradantes, ha puesto al descubierto la íntima falta de verdad, el sinsentido de esta cultura. Justo este descubrimiento significa que la auténtica fuerza impulsora de la cultura europea se ha agotado. Una nación, una colectividad humana vive y crea en la plenitud de su fuerza cuando la impulsa la fe en sí misma y en el buen sentido y la belleza de su vida cultural; o sea, cuando no se contenta con vivir sino que vive de cara a una grandeza que vislumbra, y encuentra satisfacción en su éxito progresivo por traer a la realidad valores auténticos y cada vez más altos. Serun miembro digno de tal colectividad humana, trabajar junto con otros en favor de una cultura deeste orden, contribuir a sus más sublimes valores, he aquí la dicha de quienes practican la virtud, la dicha que los eleva por sobre sus preocupaciones y desgracias individuales.

Esta fe que nos movió a nosotros y a nuestros padres, y que se transmitió a las naciones que, como la japonesa, sólo muy recientemente se vincularon a la tarea de la cultura europea, es la quehemos perdido, la que partes enteras de nuestro pueblo han perdido.

Si antes de la guerra ya se tambaleaba, hoy se ha derrumbado por completo. Tal es el hecho ante el que, como hombres libres, nos encontramos. Él debe determinar nuestra praxis.
Y por ello decimos: Algo nuevo tiene que suceder, tiene que suceder en nosotros y por medio de nosotros, por medio de nosotros como miembros de la humanidad que vive en este mundo, que daforma a este mundo, como también él nos da forma a nosotros. ¿O es que acaso hemos de aguardar aver si esta cultura sana por sí sola en el juego azaroso entre fuerzas creadoras y destructoras de valores? ¿Asistiremos acaso a «la decadencia de Occidente» como a un fatum que pasa sobre nuestras cabezas? Este fatum sólo existe si pasivamente lo contemplamos…, si pasivamente pudiéramos contemplarlo. Pero ni siquiera quienes nos lo pregonan pueden así hacer.

Somos seres humanos, somos sujetos de voluntad libre, que intervienen activamente en el mun-do que los rodea, que constantemente contribuyen a configurarlo. Querámoslo o no, hagámoslo bien o mal, es así como actuamos. ¿Y es que no podemos actuar también de modo racional, es que la racionalidad y la virtud no caen bajo nuestro poder?

«Quimeras, fines quiméricos», objetarán los pesimistas y los partidarios de la Realpolitik. Si ya para el individuo es un ideal inalcanzable el dar a su vida individual la forma de una vida en la razón, ¿cómo podemos nosotros pretender algo así para la vida colectiva, para la vida nacional, incluso para la de toda la humanidad occidental?

Ahora bien, ¿qué diríamos nosotros a un ser humano que en vista de lo inalcanzable del idealético renunciase al fin moral y no hiciese suyo el combate moral? Nosotros sabemos que este combate moral, en la medida en que es serio y es continuado, tiene en toda circunstancia un significado generador de valores; que incluso por sí solo el combate moral eleva la personalidad de quien en él sedebate, al nivel de la verdadera humanidad. ¿Quién negará, sobre ello, la posibilidad de un progreso ético continuado bajo la guía del ideal de la razón?

Pues esto mismo es lo que no nos está permitido dar por imposible «a propósito de los seres humanos a gran escala», de las colectividades humanas más grandes y de las máximamente grandes. Sin dejarnos extraviar por un pesimismo pusilánime ni por un «realismo» carente de ideales, admitiremos su posibilidad sin ningún reparo. Y tendremos que reconocer como una exigencia ética absoluta la misma actitud de combate en orden a una humanidad mejor y a una cultura auténticamente humana.

Así es como se expresa por anticipado un sentimiento natural que hunde sus raíces, patentemente, en aquella analogía platónica entre el individuo y la colectividad. Esta analogía no es en modo alguno, sin embargo, una excelsa ocurrencia de uno de esos filósofos que se remontan muypor encima del pensar natural o que llegan incluso a desvariar en las alturas. Al contrario, la analogía individuo-colectividad no es más que la expresión de una apercepción cotidiana que surge con naturalidad de situaciones reales de la vida humana. En su naturalidad la analogía se revela también, una y otra vez, como la instancia determinante de, por ejemplo, casi todos los juicios de valor relativos a la política nacional y mundial, y como el motivo de las correspondientes conductas. Ahora bien, ¿son acaso apercepciones naturales de este género y las tomas de postura emotivas que se basan en ellas,un fundamento suficiente para reformas racionales de la colectividad? ¿Y lo serán también para lamayor de todas las reformas, la que debe renovar radicalmente toda una civilización como la europea? La fe que nos embarga es que a nuestra cultura no le es dado conformarse; es la fe de que la cultura puede y debe ser reformada por la razón del hombre y por la voluntad del hombre. Cierta-mente que una fe así sólo es capaz de «mover montañas» en la realidad, no en la pura fantasía, si setransforma en pensamientos sobrios dotados de evidencia racional, y si éstos prestan plena determi-nación y claridad a la esencia y a la posibilidad de la meta que se persigue y de los métodos llamadosa hacerla realidad. De suerte que la fe en cuestión alcance con ello a darse a sí misma, por vez primera, el fundamento de su propia justificación racional. Sólo esta claridad intelectual puede convocar aun trabajo gozoso; sólo ella puede trasmitir a la voluntad la resolución y la fuerza imperativa parauna acción liberadora; sólo este conocimiento puede devenir un sólido patrimonio común, de modoque finalmente, por obra de miles y miles de convencidos de la racionalidad de la empresa, las montañas se muevan; es decir, el movimiento de renovación que se limitaba a latir emotivamente setransforme en el proceso mismo de la renovación.

Pero la claridad de que se trata no es en absoluto fácil de lograr. Ni el pesimismo escéptico antesmencionado, ni la desvergüenza de la sofística política que tan fatalmente domina nuestro tiempo, yque se vale del discurso de la ética social sólo como disfraz de los fines egoístas de un naciona-lismo totalmente pervertido, serían posibles si los conceptos que acerca de la colectividad surgen deuna manera natural no estuvieran, pese a su naturalidad, afectados de horizontes de oscuridad, demediaciones que se enredan y ocultan entre sí, y cuyo discernimiento clarificador excede con mucholas fuerzas de un pensamiento no formado. Sólo la ciencia estricta puede aportar aquí métodos seguros y resultados firmes; sólo ella puede proporcionar el trabajo teórico previo del que depende la reforma racional de la cultura.

Nos hallamos, pues, en una grave encrucijada. Pues en vano buscamos la ciencia que habría deservirnos. En ello nos va lo mismo que en las restantes dimensiones de la praxis colectiva, si es que queremos fundar a conciencia, con verdadero conocimiento de causa, nuestros juicios acerca de larealidad político-social, acerca de la política exterior, de la política nacional. Volvemos entonces lavista hacia alguna enseñanza científica que en el convulso mundo del vivir colectivo y sus destinospudiera librarnos del estadio primitivo de las representaciones y acciones instintivas, confusamente heredadas. Nuestra época abunda en ciencias magníficas y rigurosas. Tenemos las ciencias naturales«exactas» y, por medio de ellas, la tan admirada técnica aplicada a la naturaleza que ha dado a la ci-vilización moderna su agresiva superioridad, aunque también nos haya traído perjuicios muy lamentados. Pero sea como quiera de esta cuestión, la ciencia sí ha hecho posible en la esfera técnico-natural de la acción humana una verdadera racionalidad práctica y ha proporcionado el ejemplo modélicode cómo la ciencia en general debe convertirse en luz de la praxis. En cambio, una ciencia racionaldel hombre y de la colectividad humana, que diese fundamento a una racionalidad de la acción socialy política y a una técnica política racional, es cosa que falta por completo.

Lo mismo vale también a propósito de los problemas de la renovación, que tanto nos interesan.Caracterizado con mayor precisión, nos falta la ciencia que en relación con la idea de hombre (y, portanto, con el par de ideas inseparables a priori «hombre individual-comunidad») hubiese acometidolo que la matemática pura de la naturaleza acometió en relación con la idea de la naturaleza y en suscapítulos fundamentales ha conseguido realizar ya. Así como esta última idea, «naturaleza en general como forma genérica», engloba la universitas de las ciencias naturales, así la idea del ser espi-ritual, y en particular la del ser racional, la del hombre, engloba la universitas de todas las cienciasdel espíritu, en especial la de todas las ciencias humanas. Del lado de la primera tenemos la siguientesituación: mientras la matemática de la naturaleza despliega en sus disciplinas aprióricas sobre eltiempo y el espacio, sobre el movimiento y las fuerzas motrices, las necesidades aprióricas que encierran tales componentes de esencia de una naturaleza en general (natura formaliter spectata), suaplicación a la facticidad de la naturaleza que está dada hace posible ciencias naturales empíricascon métodos racionales, o sea, matemáticos. La matemática proporciona, pues, con su apriori los principios de la racionalización de lo empírico.

Del otro lado tenemos múltiples y fecundas ciencias referidas al reino del espíritu, al reino de lacondición humana; pero son ciencias enteramente empíricas y «meramente» empíricas. La ingente multitud de hechos que se ordenan temporal, morfológica, inductivamente, o bien desde puntos devista prácticos, queda en ellas sin ningún vínculo de racionalidad de principio. Falta aquí, justamente, la ciencia apriórica paralela, la mathesis del espíritu y de la condición humana, por así decir. Falta el sistema científicamente desarrollado de verdades «aprióricas» puramente racionales que arraiganen la «esencia» del hombre y que, comologos puro del método, introducirían en la empiria de las ciencias del espíritu la racionalidad teórica en un sentido semejante al de las ciencias naturales, y en sentido semejante harían posible la explicación racional de los hechos empíricos; igual, pues, a cómo la matemática pura de la naturaleza ha hecho posible la ciencia empírica de la naturaleza como ciencia teorizadora en sentido matemático y por ello racionalmente explicativa.

Ciertamente que por el lado de las ciencias del espíritu no se trata, como en la naturaleza, demera «explicación» racional. Aquí hace aparición otra forma enteramente peculiar de racionalizaciónde lo empírico, a saber: el enjuiciamiento normativo de acuerdo con normas generales que pertene-cen a la esencia apriórica de la condición humana «racional», y la dirección de la propia praxis fáctica de acuerdo con tales normas, las cuales incluyen las normas racionales de la propia dirección práctica.

Las situaciones son en ambos lados fundamentalmente distintas, y lo son por razón de la índole diversa de las realidades espirituales y las naturales. De aquí el que las formas que adoptan lasracionalizaciones de lo empírico que son en ambos casos exigibles, de nada estén tan lejos como detener uno y el mismo estilo. Bueno será por ello clarificar a continuación este punto con un brevecontraste entre ambas formas, a fin de que nuestros ulteriores análisis no se vean obstaculizados porprejuicios naturalistas, y a fin también de poder aproximarnos a la especificidad metódica de esaciencia de que carecemos —como anticipábamos— y a la que estos análisis aspiran.

La naturaleza es por esencia mera existencia fáctica y, así, hecho de la mera experiencia externa. Un examen de principio de la naturaleza en general conduce a priori sólo a una racionalidad de exterioridades; es decir, a leyes de esencia relativas a la forma espacio-temporal y, sobre ellas, sólo a lanecesidad de una ordenación regular deexactitud inductiva de lo que se extiende en el espacio-tiempo —lo que solemos designar simplemente como orden de legalidad «causal».

Frente a ello hay en el sentido específico de lo espiritual formas enteramente distintas, determi-naciones generalísimas de la esencia de las realidades individuales y de las formas esenciales de en-lace entre ellas, que son enteramente distintas. Abstracción hecha de que la forma espacio-temporaltiene en el reino del espíritu (por ejemplo en la Historia) un sentido esencialmente distinto del quetiene en la naturaleza física, hay que hacer referencia a que cada realidad espiritual individual poseesu intimidad, una «vida de conciencia» cerrada sobre sí y referida a un «yo», como un polo, por así decir, que centra todos los actos individuales de conciencia, con lo cual estos actos entran en cone-xiones de «motivación».

Además, las realidades individuales, separadas, y respectivamente sus sujetos-yo, entran en rela-ciones de comprensión mutua («empatía»). Mediante actos «sociales» de conciencia, los sujetos ins-tituyen (mediata o inmediatamente) una forma enteramente nueva de enlazarse las realidades, a saber: la forma de la colectividad, que se unifica espiritualmente por medio de momentos íntimos, pormedio de actos y de motivaciones intersubjetivos.

Y una cuestión más de la máxima importancia. A los actos y a sus motivaciones pertenecen diferencias relativas a la razón y a la sinrazón, diferencias entre el pensar, el valorar y el querer «correctos», y el pensar, el valorar y el querer «incorrectos».

Es ahora cuando también podemos observar, ciertamente, a las realidades espirituales en relacio-nes de exterioridad en un cierto sentido —a saber, como su segunda naturaleza—: la conciencia como un anexo externo a las realidades físicas (a la somaticidad); hombres y animales, como meros sucesos en el espacio, «en» la naturaleza. Ahora bien, a diferencia de lo que ocurre por esencia en la naturaleza física, las regularidades inductivas que lleguen a ofrecerse por esta vía no son ya indiciosde leyes exactas, de leyes que determinen la «naturaleza» objetivamente verdadera de estas realida-des; o sea, que la determinen con verdad racional según su índole propia. Dicho en otras palabras: aquí donde la esencia peculiar de lo espiritual se manifiesta en la intimidad de la vida de conciencia, no cabe por vía causal-inductiva ninguna explicación racional de ella, y esto por razones a priori (desuerte que resulta absurdo buscarla, al modo de nuestra psicología naturalista). Con vistas a la racio-nalización efectiva de lo empírico se requiere —en el casó del espíritu igual que en el de la naturaleza— justamente un retroceso a las leyes de esencia que dan la pauta, un retroceso a lo específico delespíritu en cuanto mundo interior. Pero a las figuras de la conciencia y de la motivación delinea dasen la esencia del espíritu humano como posibles a priori pertenecen asimismo las figuras normativasde la «razón»; y existe a priori además la posibilidad de pensarlas libremente en general, y de determinarse a uno mismo en la práctica y con generalidad de acuerdo con leyes normativas aprióricas reconocidas por uno mismo. Según esto, y como ya se anticipó, encontramos en el reino del espírituhumano, y a diferencia de la naturaleza, no sólo la llamada construcción de juicios «teóricos» en sentido específico, como juicios que incumben a «meras cuestiones de hecho» (matter of fact). Y en-contramos en correspondencia con ello no sólo las tareas de una racionalización de estos hechos me-diante las llamadas «teorías explicativas» y de acuerdo con una disciplina apriórica que investigue la esencia del espíritu en su pura objetividad. Más bien aparece una forma enteramente nueva de enjui-ciamiento y racionalización de todo lo espiritual, a saber: la que procede según normas, según disciplinas aprióricas normativas de la razón, de la razón lógica, de la razón estimativa y de la razónpráctica. A esta razón que enjuicia la sigue in praxi —o puede libremente seguirla— el sujeto queconoce la norma y que, basándose en ella, actúa libremente. Así, pues, en la esfera del espíritu que-dan aún, en efecto, las tareas propias de unadirecci ón racional de la praxis, o sea, las de una formapero nueva de posible racionalización de los hechos espirituales sobre fundamento científico, a saber: mediante una disciplina apriórica previa que verse sobre las normas de dirección racional de lapraxis.

Si volvemos ahora sobre nuestro problema propio, hay que advertir con evidencia que las cien-cias humanas meramente empíricas que ya existen (como nuestras ciencias históricas de la cultura, oincluso la moderna psicología meramente inductiva), nada pueden ofrecernos, en efecto, de lo que,aspirando a la renovación, necesitamos. Y que en verdad sólo a esa ciencia apriórica de la esencia delespíritu humano —si existiera— podríamos considerarla como una ayuda desde la razón. Estable-cemos primeramente que las ciencias de meros hechos están para nosotros descartadas de antemano.Ciertamente que las cuestiones que nos planteamos acerca de la renovación guardan relación conmeras facticidades, pues atañen a la cultura del presente y en especial al círculo de la cultura euro-pea. Pero aquí los hechos, al ser valorados, son enjuiciados, son sometidos a una normativa de la ra-zón; aquí se hace cuestión de cómo una reforma de esta vida cultural carente de valor puede guiarlahacia una vida en la razón; aquí cada meditación en profundidad conduce a cuestiones de principiode la razón práctica, que con generalidad de esencia y puramente formal conciernen al individuo y ala colectividad y a la vida racional de la colectividad; una generalidad ésta que deja muy atrás todafacticidad empírica, todos los conceptos contingentes.

No son precisas demasiadas palabras para justificar estas afirmaciones y para hacer patente que precisamente esa ciencia de la esencia del hombre sería la que necesitaríamos como ayuda.

Si pronunciamos un juicio reprobatorio sobre nuestra cultura, o sea, sobre la cultura con quenuestra humanidad se cultiva a sí misma y cultiva el mundo que la rodea, ello implica que creemosen una «buena» humanidad como posibilidad ideal. Encerrada en nuestro juicio, yace implícita lacreencia en una[9] «verdadera y auténtica» humanidad como idea objetivamente válida conforme acuyo sentido ha de reformarse la cultura que existe de hecho; y tal ha de ser, obviamente, la meta denuestros afanes reformadores. Las primeras meditaciones deberían en consecuencia perseguir un es-bozo claro de esta idea. Comoquiera que nosotros no transitamos por el camino de fantasía de la utopía, comoquiera que apuntamos más bien a la sobria verdad objetiva, el esbozo debe adoptar la forma de una determinación de esencia puramente conceptual; y las posibilidades de realización de estaidea deberían asimismo sopesarse con rigor científico, primeramente a priori como puras posibilida-des de esencia. Qué figuras particulares y sujetas a norma serían posibles y serían necesarias en elseno de una humanidad conforme a la idea de la auténticahumanitas, tanto en lo que hace a las per-sonas individuales que la constituyan como miembros de la colectividad, cuanto en lo que toca a losdistintos tipos de asociaciones entre ellas, de instituciones colectivas, de actividades culturales, etc.Todo esto formaría parte del análisis científico de esencia de la idea de una humanidad racional o au-téntica humanidad, y se ramificaría en múltiples investigaciones particulares.

Ya una somera reflexión pone en claro que la índole entera de las investigaciones necesarias enfunción de nuestro interés, como también sus temas particulares, están determinados de antemano,en efecto, por estructuras genérico-formales que nuestra cultura compartiría, por sobre todas sus fac-ticidades, con infinitas otras culturasidealm ente posibles. Todos los conceptos con que topa una in-vestigación que penetra en las profundidades —que va a los principios—, tienen generalidad aprióri-ca, formal en un buen sentido del término. Así, el concepto de hombre en general como ser racional,el concepto de miembro de una colectividad, el de la propia colectividad, y no menos todos los con-ceptos de comunidades particulares: familia, pueblo, Estado, etc. E igualmente los conceptos de lacultura y de los sistemas particulares de cultura: ciencia, arte, religión, etc., y sus figuras normativas:ciencia, arte, religión, «verdaderas», «auténticas».

La sede originaria y clásica de la investigación pura de esencia y de la correspondiente abstrac-ción de esencia (abstracción de conceptos «puros», «aprióricos») es la matemática, pero tal[10] for-ma de investigar y tal método en modo alguno están ligados en exclusiva a la matemática. Por pocohabitual que nos resulte practicar tal modo de abstracción en la esfera del espíritu e indagar en ella su apriori: las necesidades de esencia del espíritu y de la razón, sin duda es igual de posible hacerlo aquí que allí. Es más, con frecuencia nos movemos en el interior de esteapriori, sólo que no de manera consciente y metódica. Pues siempre que nos vemos llevados a consideraciones de principio,nuestra mirada recae por sí misma sólo sobre la forma pura. La abstracción metódica consciente delcontenido empírico de los correspondientes conceptos, su articulación consciente como conceptos«puros», podrá no tener lugar, pero en nuestra actividad de pensamiento ese contenido empírico nodesempeña ya ninguna función que sea comotivadora. Si se medita sobre la colectividad en general,sobre el Estado o el pueblo en general, o también sobre los seres humanos, sobre los ciudadanos, ynociones similares, y sobre lo que en tales generalidades constituye «lo auténtico», lo racional, que-dan entonces indeterminadas y son «libremente variables», claro está, todas las diferencias fáctico-empíricas relativas al cuerpo o al espíritu, a las circunstancias concretas de la vida en la Tierra, etc.;en el mismo sentido en que quedan indeterminadas las propiedades concretas y los nexos empíricoscontingentes de las unidades que entran en la consideración ideal del aritmético, o los de las magni-tudes que lo hacen en la consideración del algebrista. Que el hombre tenga empíricamente órganosperceptivos articulados de esta o de aquella manera, ojos, oídos, etc., y dos ox ojos, y tales o cualesórganos de locomoción, piernas o alas, etc., todo ello está fuera de la cuestión en consideraciones deprincipio como las relativas, por ejemplo, a la razón pura, y permanece abierto-indeterminado. Sólociertasformas de la corporalidad y de la espiritualidad anímica están presupuestas y caen bajo la mi-rada. Ponerlas de manifiesto en su necesidad a priori y fijarlas conceptualmente, sí es cosa de la in-vestigación científica de esencia emprendida conscientemente. Lo cual vale a propósito de todo elsistema conceptual ramificado en múltiples direcciones, que atraviesa, como andamiaje formal, todopensar propio de las ciencias del espíritu, y en especial las investigaciones de estilo normativo quenos planteamos.

Ahora bien, si la ciencia apriórica de las formas y leyes de esencia del espíritu, y de la espiritua-lidad racional —que es lo que sobre todo nos interesa—, no ha sido todavía elaborada sistemáti-camente; y si, en orden a dar fundamento racional a nuestro afán de renovación, tampoco podemossacar esa ciencia de los tesoros cognoscitivos de que hoy disponemos…, ¿qué podemos entonces ha-cer? ¿Hemos acaso de comportarnos como en la praxis política, como al ser convocados a urnas encalidad de ciudadanos? ¿Hemos de juzgar sólo por instinto y por «olfato», según conjeturas genéri-cas orientativas? Esto puede tener plena justificación cuando la hora presente urge a una decisión, ycuando en esa misma hora la acción se consuma. Pero en nuestro caso, en que nos cuidamos de algotemporalmente infinito y de lo eterno en el tiempo, cual es el futuro de la Humanidad y el proceso dedevenir humanidad auténtica, de la que nosotros sí nos sentimos responsables… Y para nosotros que,como educados en la ciencia, sabemos asimismo que sólo la ciencia funda decisiones racionales de-finitivas y sólo ella puede ser la autoridad que las haga finalmente prevalecer… En nuestro caso, paranosotros, no puede haber duda de dónde se encuentra nuestro deber. Lo que procede es ponerse unomismo a la búsqueda de los caminos científicos que, por desgracia, ninguna ciencia precedente haallanado, y empezar seriamente por los prolegómenos metódicos y de análisis de problemas, por loscursos de pensamientos preparatorios de toda índole que se revelan como exigencias iniciales.

En este sentido, las consideraciones hasta ahora desarrolladas son ya tales prolegómenos prepa-ratorios de la ciencia que buscamos, y no carentes —así lo esperamos— de utilidad. No carecen deutilidad, sobre todo por habernos mostrado en perspectiva metódica que únicamente un modo deconsideración, que se deja describir como consideración de esencia, puede ser verdaderamente fruc-tífero; y que únicamenteeste modo puede despejar el camino a una ciencia racional no sólo de lacondición humana en general, sino también de su «renovación». Pero además, al poner en claro quela «renovación» pertenece con necesidad de esencia al desarrollo del hombre y de la colectividad hu-mana hacia la humanidad verdadera, resulta que la fundamentación de esta ciencia sería el presu-puesto necesario de la renovación efectiva; sería incluso un primer comienzo de su entrada en esce-na. Con todo, es su preparación lo único que ahora, y en primer lugar, podemos proponernos.

En el próximo artículo queremos atrevernos a seguir una serie de líneas principales de pensamiento que atañen a la idea de la humanidad auténtica y de la renovación. Llevadas a cabo con laplena conciencia de ser una actitud dirigida a la esencia, han de mostrar con mayor determinacióncómo concebimos nosotros, en su sobria y por ello apriórica cientificidad, los comienzos —comien-zos tentativos— de las investigaciones sobre la cultura en la esfera normativa (ético-social). Ennuestra circunstancia científica, el interés debe enderezarse ante todo a laprob lem á tica y al método.

De la Reforma del Código Penal: de Hobbes, del poder y de la violencia. Una ley indigna a combatir.

De la Reforma del Código Penal: de Hobbes, del poder y de la violencia. Una ley indigna a combatir.

Ya decía Hobbes, autor preferido de los neocon y de las más variopintas derechas, que la igualdad natural es la condición necesaria del pacto de convivencia por el que se crea el Estado. Pero a no engañarse: la igualdad a la que se refería Hobbes no es la igualdad formal jurídica del liberalismo ilustrado; ni es la de la racionalidad universalmente compartida, ni la de la igualdad material… La igualdad de la que nos habla el gran filósofo es la igualdad en el ejercicio de la mera fuerza bruta y en la capacidad que tenemos todos, de forma absoluta y equitativamente repartida, de ejercer violencia y de ser causa de muerte los unos de los otros.

Esa igualdad natural en la fuerza bruta, relativa solo en cuanto a las diferencias físicas interindividuales, llegará a ser un valor de tanta importancia que Rousseau, por ejemplo, lo utilizará como criterio para determinar cuándo una sociedad ha sobrepasado sus posibilidades de convivencia democrática: toda diferencia de poder ,o concentración del mismo, que vaya más allá de las meras diferencias físicas dables en estado natural, ponen en peligro la convivencia, ya que esta se basa en la libertad de darse a si mismo consensuando con otros las normas, libertad a cuya base se sitúa la más radical igualdad..

¡Qué paradoja que sea la igualdad natural en la violencia, mejor dicho, el miedo al ejercicio arbitrario de la libertad individual -fuente de toda heteronomía, como opresión e imposición del más fuerte- la que permita el paso de la igualdad natural a la igualdad jurídica (que ahora ya no es imposición externa del más fuerte, sino autocorregulación en el consenso)!

Y es que eso, tanto para Hobbes como para Rousseau, era un asunto perfectamente claro. Tan claro, como que era cuestión debatida desde Platón y Aristóteles: en tanto que las diferencias de poder se limiten a las diferencias físicas naturales, los muchos podrán mantener a raya a los pocos psicópatas (egoístas, ambiciosos, ladrones, mentirosos, manipuladores y escoria humana de toda índole) que hay en cualquier sociedad. Pero cuando el poder crece desmedidamente, y se concentra en manos de estos últimos, los muchos pierden toda capacidad de defensa, convertidos en ovejas de matadero … del único matadero, que ahora es propiedad de los psicópatas o de sus asalariados y cómplices.

Por ello, independientemente de la forma de gobierno en la que estemos, cualquiera que haya reflexionado mínimamente al respecto caerá siempre en la misma cuenta: no pueden consentirse desigualdades excesivas, ni concentraciones de poder. Pero no solo eso: en una sociedad altamente compleja como la contemporánea, frente a los sistemáticos intentos de intromisión en la Administración por parte de los partidos políticos y poderes fácticos, debe garantizarse la independencia de la Administración del Estado como garante de los Principio de Legalidad e Imperio de la Ley. La garantía contra los tejemanejes de una excesiva concentración de poder, esa y no otra, es la razón por la que ni los partidos políticos ni las organizaciones profesionales (sindicatos o gremios o patronales) pueden (o no deberían) tener acceso a los órganos de la administración pública, ni a la policía, ni a las fuerzas armadas, ni a los tribunales de justicia. Porque la función de la Administración es garantizar los principios de legalidad y de igualdad ante la ley, independientemente de la ideología política que sea mayoritaria en cada momento histórico. Los partidos tienen, así, su espacio limitado al Congreso y a los medios de difusión. Y los poderes fácticos no tienen cabida en ninguno de ellos, pues bastante tienen con serlo. Y dentro de la Administración del Estado, el Sistema Educativo, especialmente la Educación para la Democracia, como herramienta de formación de electores y elegibles en un sistema democrático, debe ser radicalmente independiente de todo poder (gubernamental, táctico, partidario, religioso, ideológico). La democracia es un sistema formal de convivencia (formal en cuanto a estructura, por oposición al contenido material de las leyes) cuyo fin es producir leyes que regulen las relaciones de convivencia (el contenido material) por mayoría o por consenso, desde el respeto a la minoría, sobre la base de ciudadanos libres en el mayor grado posible, y por tanto suficientemente iguales como para no ver condicionadas sus decisiones a nada más que a su voluntad de autorregulación. Cuando se permite la entrada de los partidos, los poderes tácticos y las ideologías en la Administración, se rompe con el Principio de Legalidad, el Estado de Derecho se cae y la democracia sucumbe. Eso, queridos amigos, se llama España.

En esas condiciones, los elementos institucionales que debieran ser garantes de la legalidad se contaminan y sus resoluciones se vuelven espúreas, cómplices, o simplemente no defienden al ciudadano de la ilegitimdad de las leyes que pudiera dar un Parlamento corrompido y/o un Gobierno corrupto. El Tribunal Constitucional deja de ser garante de la coherencia del edificio normativo; los Tribunales Administrativos esquivan la aplicación estricta de la Ley por la Administración; los Tribunales Penales permiten que los poderosos o sus esbirros se sitúan por encima de la ley; y las Fuerzas de Seguridad del Estado, que detentan el monopolio legítimo del uso de la violencia para garantizar la aplicación estricta de la ley y de las decisiones de las instituciones de control…. devienen vulgares mamporreros de los grupos de poder infiltrados como un cáncer en las más altas magistraturas del Estado.

Con ello, el pacto de convivencia (reflejado más o menos imperfectamente en la Constitución) se rompe; y roto ese pacto vuelve a quedar a la vista el ejercicio bruto, originario y descarnado del poder: la pura fuerza bruta del aparato represivo del Estado (antes llamado de “Seguridad”).

El gobierno y los grandes poderes financieros y empresariales lo saben, razón por la que a mayor inequidad aumenta desproporcionadamente la criminalización de las protestas. Pero saben también que no hay poder que solo pueda mantenerse sobre la base exclusiva de la represión: es antieconómico y profundamente inestable. Por eso,  con la técnica del “divide y vencerás” han estimulado sin reparos la división y el enfrentamiento social: parados contra empleados, empleados contra contratados, educación contra industria, sanidad pública contra privada, inmigrantes contra nacionales, andaluces contra catalanes, vascos contra castellanos, catalanes contra andaluces, jubilados contra prejubilados, jóvenes contra maduros, pescadores contra transportistas, becarios contra asalariados, temporales contra fijos, mineros contra… todos) Pero no seguros del éxito, han monopolizado los canales de información principales (prensa, televisión) y saturado con “ruido” y basura el resto para ocultar todo mensaje que no interese repetir. Es más barato convencer que vencer. Y como “todo el que quiera vivir está condenado a la esperanza”, el ciudadano prefiere creer lo que le cuentan que pensar que vive realmente en Matrix. Fundamentalmente porque es más sano: hay que estar muy enfermo para idear permanentemente mecanismos de defensa y de ataque contra enemigos invisibles… pero va a resultar que estamos gobernados por empleados en nómina de enfermos mentales completamente invisibilizados… Y este es un asunto que, llegados a donde hemos llegado (tras nuestra renuncia cómplice y estúpida, primero a nuestras obligaciones políticas y luego a nuestros derechos humanos), tiene muy mala solución.

La “solución Gandi” es altamente costosa, injusta e ineficiente (tánto, que sospechosamente es la preferida de los mass media). Primero, porque los psicópatas nunca mandan al frente a los suyos sino a sus asalariados, pobres desgraciados más o menos convencidos como los apaleados. En la solución Gandi los muertos y los heridos los ponen siempre los mismos: los desgraciados de uno y otro lado, mientras de uno y otro lado medran y se empoderan los que de verdad mandan o esperan mandar una vez acabadas las revueltas. Y segundo, porque la “solución Gandi” solo vale para los vivos: los muertos quedan indefectiblemente sin paraíso que les redima. Dicho lo cual, deberíamos quizás pensar si dicha solución, como tal, no resulta profundamente injusta y quizás estúpida: aquellos que no luchan ni se arriesgan se benefician de los sufrimientos y muerte de los que si lo han hecho. Vamos, que no parece algo muy equitativo.

Frente a la anterior está la otra, digamos la solución “clásica”, el enfrentamiento abierto, el ¡mascalzone!, el muy castizo “¡te voy a romper la cara!”; en suma, el poder desorganizado y anárquico de los muchos, frente al poder concentrado y disciplinado de los pocos. Suena fatal. Y, encima, las experiencias pasadas acabaron siendo verdaderamente desastrosas y sangrientas (solo por citar una vencedora, la francesa de 1789; o dos perdedoras, la del 48 o la española). Pero no nos engañemos: si acabaron siendo especialmente sangrientas, no fue porque la revuelta en si lo fuera, sino porque los psicópatas, nunca dispuestos a ceder ni un milímetro de sus privilegios y sabedores de que los muertes los ponen siempre los otros, se han mostrado siempre altamente capaces de establecer alianzas de clases, incluso a nivel planetario (haberlos los habrá, pero yo no recuerdo ningún banquero muerto con las armas en la mano). El tiempo, la paciencia y el sufrimiento de los pobres juegan siempre a favor de los poderosos. “Dejad que los hambrientos vengan a mi”, podría decir un opulento emprendedor desde las islas Caimán, mientras sus fieles empleados hacen el trabajo sucio. El psicópata, usa solo de la “razón instrumental” y evalúa exclusivamente lo que tiene en relación con lo que le costará mantenerlo. Los muertos ajenos son algo barato, y con paciencia, al final siempre se gana, como en el Monopoly. Y si no gana él en persona (a veces las batallas por el poder son demasiado largas y complejas como para ser medidas respecto de una vida mortal), otro como él ganará, otro de su clase, ya que todo vencedor de hoy es heredero de pleno derecho de los vencedores del pasado.

¿Os acordáis de lo compungidos que estaban los financieros, los poderosos y los teóricos de Chicago al inicio de la crisis, cuando todos entonaban el mea culpa y hablaban de refundar el capitalismo? Pues eso, que al final no les hizo falta. Solo hubieron de re-situarse, de re-colocar a sus asalariados en los gobiernos y, controlar el mensaje único a través de los medios de comunicación. Con ello vino el golpe definitivo al sistema político y económico mundial, aumentando los beneficios más allá de todo lo conocido, y debilitando los movimientos de resistencia y de respuesta social hasta sus mínimos históricos. Contra el fascismo y el comunismo, sin duda (¡quién nos lo iba a decir, hace solo 20 años!), estábamos mejor: al menos el enemigo estaba claro y obraba a cara descubierta. El tándem “dinero – control político – poder militar – medios de comunicación – devaluación de los sistemas educativos – censura mediante ruido – crímenes selectivos”, aplicado en diferentes dosis allí donde fuera necesario, eclosionó en la nit de foc del mejor de los mundos posibles, a través de la globalización, de la naturalización de la crisis y de la pobreza y represión generalizada, con la aceptación como plaga bíblica de todo lo que no era más que obra del más repugnante y despiadado expolio de la historia de la humanidad. Una obra de arte, sin duda, las cosas como son.

Pues eso, que hoy de compungidos nada ¿y por qué? porque no les hizo falta seguir con el teatro. Al inicio de la debacle pudieron tener sus miedos, ya que cabía el peligro de que todo este robo, secuestro y asalto al poder acabara en una Bastilla. Pero, una vez estabilizada la situación, y sin Bastilla la vista, con el paso de los meses fueron recuperando la compostura, y con las tonadillas del “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y del “no hay alternativas” fueron (rápidamente, hay que reconocerlo) transformándonos en caballos de tiro, hambrientos, tristes y apaleados, pero dóciles: con esperanza. Siempre con esperanza.

La verdad es que lo teníamos muy difícil: ellos habían leído a Hobbes y nosotros no. Y ellos sabían que lo único que nos pone en igualdad radical es la violencia. Por eso tuvieron tanto miedo, y se mostraban tan arrepentidos y compungidos y su mensaje “proGandi” era tan monolítico. Hasta que vieron que no pasaba nada.

Todo el mundo sabe que no se pude negociar nada con quien pone una pistola encima de la mesa. Contra esa actitud tan pobremente democrática solo cabe la sumisión -el “es lo que hay-“. Pues, resulta que en este juego de Monopoly, en el que además de “jugadores” somos “fichas”, hay un jugador (que por cierto no es ficha) que juega con las pistolas encima de la mesa (con la criminalización y la represión, además del control ideológico), Los demás nos mantenemos ingenuamente con una confianza casi mística en el Estado de Derecho y en el principio de legalidad. Como los animales de la Granja de Orwell. Pero, por si no le fuera bastante con la pistola (seguramente por eso de que “prevenir es mejor que curar”), este jugador no-ficha, mafioso y tramposo, no contento con haber copado la administración del Estado y los tribunales, instrumentalizando los juzgados (a través del Procedimiento), la policía y la herramienta del indulto de acuerdo a sus fines políticos y amistades, ha decidido curarse en salud y cambiar las reglas de juego a su antojo, es decir todas las leyes que le pudieran molestar, a fin de asegurarse una apisonadora implacable contra los que rechistan.

Y claro, contra una apisonadora, irracional y fanática, quedan pocos argumentos. Igual que contra una picadora de carne -sobre todo cuando “uno” es la carne a picar. Es en ese contexto, donde el “argumento de Gandi” empieza a sonar a chiste: “¿saben aquel que diu… ?”

Pero, cómo no, Hobbes (¡el gran Hobbes, devenido ahora, en contra su voluntad, en paladín de la democracia!) viene nuevamente en nuestro auxilio: Es la extrema violencia sin control, la del estado natural radicalmente despersonalizada e igualitaria, la que fuerza a los hombres a la negociación y a la autocontención. El miedo a la violencia ciega, a sus consecuencias, a la falta de certeza sobre quién ganará ni a qué precio es lo que nos lleva a renunciar a ella dándonos un Estado -Estado al que hacemos depositario de esa violencia- y unas normas a las que todos sin excepción quedamos sujetos (esa famosa “igualdad ante la Ley”, de la que se llenaba la boca el futuro compañero y ciudadano Juán). Esta renuncia basada en el temor, según Hobbes, es lo que posibilita la posterior convivencia en paz y, a partir de ahí, hacer planes de futuro vacunados por completo de toda arbitrariedad particular o pública. De donde sorprendentemente resulta que, si hay algo que garantiza que no se usará la violencia, no es nuestro compromiso a no utilizarla -siempre habrá algún tarado que ponga una pistola sobre la mesa-, sino el firme convencimiento de que si alguien la usa responderemos todos conjuntamente y entre todos le reduciremos a fin de mantener la sociedad en paz. En paz y en libertad: en la libertad de la autocolegislación y en la paz a que conduce la prudencia y el respeto a las minorías y de los más desfavorecidos. Cuando una de las partes sentadas a la mesa cree que puede usar la violencia sin consecuencias, muy probablemente lo hará: el imperativo categórico solo vale entre iguales y con las cartas boca arriba. Por tanto, es el miedo a perder (más que a no ganar) lo que hace nos hace exquisitamente prudentes y considerados (especialmente a los hobbesianos con sus adversarios).

En conclusión, si queremos poner fin y revertir el proceso de degradación de la vida colectiva a que asistimos, y además queremos que esto no desemboque en un enfrentamiento civil y en una sangría a gran escala, debemos ser conscientes de que solo podremos lograrlo estando absolutamente dispuestos. La libertad, la igualdad y la democracia no son bienes que se tienen: son valores que hay que producir y mantener cada día frente a los psicópatas. Porque para un hobbesiano de ley, lo único que legitima al Poder es su capacidad para perpetuarse, principio teórico que les hace ser de muy amplio espectro, así como sentirse completamente legitimados y sin escrúpulos para ejercer una violencia infinita; y, cuando vienen mal dadas, a camuflarse como cordero mejor que nadie. Por tanto, lo único que puede conjurar el peligro de la violencia y de la fractura social, es que los psicópatas sepan clara y palpablemente que pueden perder. Es más: deben saber que perderán.

Para evitar llegar a una situación de violencia irreversible e impredecible, o a la destrucción silenciosa de todos los valores y bienes por los que considerábamos que la vida merecía la pena ser vivida (a un hobbesiano ambas cosas le dan igual, porque no van con él), el miedo tiene que cambiar de bando. Y cuanto antes lo haga, más fácil será.

Y para empezar, bien podemos estrenarnos en impedir con contundencia que este engendro de Ley vea la luz.

(Tras su aprobación, un artículo como éste también será delito.)

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Noticia referida:

El Código Penal castigará enviar tuits que inciten a alterar el orden público

El proyecto del Gobierno introduce un nuevo delito que sanciona con hasta 1 año de cárcel la difusión de mensajes de ese tipo “a través de cualquier medio”. También prevé prisión para quienes ocupen bancos.

El mejor sistema económico posible…

Enlace

EL MEJOR SISTEMA ECONOMICO POSIBLE. Un inteligente artículo de Juan Francisco Martín Seco (1). 22 septiembre 2013.

“Es sabido que Leibniz mantenía en su Teodicea una tesis muy sui géneris: Dios ha creado el mejor mundo de todos los posibles, todas las cosas tienen su justificación, su causa suficiente y todo mal posee su razón de ser al estar ordenado a conseguir un bien superior. Tal vez se encuentre aquí la explicación de que Franco tras el atentado del presidente Carrero Blanco pronunciase aquella frase aparentemente tan enigmática: “No hay mal que por bien no venga”.”

“En el mejor sistema económico posible la” igualdad “se hace cada vez mayor, los ricos son cada día más ricos y los pobres cada vez más pobres. ” Pero los Cándidos del siglo XXI “nos repiten por doquier que contamos con el mejor sistema económico posible; que la globalización maximiza las riquezas y el crecimiento económico y que la Unión Europea y Monetaria constituye la mejor opción para las economías europeas. Bien es verdad que esta visión idílica choca día a día con la realidad personal de cada uno, pero, ya se sabe, esos males particulares son simples elementos necesarios para el bien general.”

Sobre todo cuando tu realidad personal es la que va a mejor, y la que va a peor es la de los demás. Porque “cándidos”, “cándidos”, aquí realmente hay muy pocos: lo que hay son más bien un puñado de sinverguenzas medrando bajo la (vana) esperanza (mejor dicho, desesperanza) de unos muchos (demasiados, cada dia más) presos de la manipulación y la ignorancia.

 

(1) Nota biográfica de Juan Francisco Martín Seco

Juan Francisco Martín Seco, economista y funcionario de Hacienda, nació en Madrid el 5 enero de 1944.

Licenciado en Ciencias Económicas, Filosofía y Letras, Graduado Social, y diplomado en Política Económica y Análisis Monetario por el Fondo Monetario Internacional, pertenece al Cuerpo de Inspectores de Finanzas del Estado.

Ha sido profesor de Introducción a la Economía en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, y profesor de Hacienda Pública en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid.

Ocupó la Dirección de Programas de la Subsecretaría General de Estudios Económicos del Sector Público en el Ministerio de Hacienda desde diciembre de 1979 a diciembre de 1982, mes en el que fue nombrado Interventor General de la Administración del Estado.

En febrero de 1984 fue nombrado Secretario General de Hacienda, cargo del que cesó en febrero de 1987 por discrepar de la política oficial. Ese mismo mes, pasó a presidir la empresa Minas de Almadén y Arrayanes, S.A, cargo del que cesó en enero de 1990. También fue nombrado interventor delegado en el Ministerio de Cultura, puesto del que fue cesado el 22 de febrero de 1991, tras firmar un manifiesto contra la guerra en el golfo Pérsico. Fue militante del PSOE hasta el 28 de abril de 1990.

(Disponible en internet en http://www.elmundo.es/papel/biografia/15.html)

HANS KELSEN – De la Esencia y Valor de la Democracia ( audiolibro audio libro mp3 ) voz humana

Audiolibro DE LA ESENCIA Y VALOR DE LA DEMOCRACIA, del eminente filósofo y teórico del derecho HANS KELSEN, en edición y traducción de Juan Luis Requejo Pagés (Oviedo, KRK Ediciones, 2009). (Duración de la grabación completa: 5 horas).
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Grabación en mp3, capítulo a capítulo, realizada sin ánimo de lucro y destinada exclusivamente a personas discapacitadas (si usted no se ajusta a este perfil no debe oír ni realizar las descargas).
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Aunque esta lectura en voz alta no puede sustituir, en cuanto a fines de estudio, el trabajo de un texto impreso, ya que se carece de las herramientas de búsqueda, marca, anotación y subrayado tan necesarias para estructurar y fijar el conocimiento, espero que la posibilidad de una audición continua facilite su visión de conjunto, y con ello su mejor comprensión y la de los temas de que trata, absolutamente vigentes, peligrosamente actuales.
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Espero y deseo que todos aquellos a quienes va destinada esta grabación, la disfruten y aprendan con ella tanto o más que yo.

… … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … … …

Una petición.

quienes crean que este proyecto de grabación de audiolibros para discapacitados visuales es en si mismo algo valioso, y quieran y puedan colaborar económicamente, les ruego que contribuyan en la medida de sus posibilidades a fin de que el tiempo invertido en esta tarea sea, a la larga, un esfuerzo sostenible.

¡Gracias a tod@s!                              donate-button

 

Para DESCARGAR, pinchar en el link AZUL :

KELSEN, Hans – DE LA ESENCIA Y VALOR DE LA DEMOCRACIA

INDICE

1. La libertad

2. El pueblo

3. El parlamento

4. La reforma del parlamentarismo

5. La representación profesional

6. El principio de mayoría

7. La Administración

8. La selección de dirigentes

9. Democracia formal y democracia social

10. Democracia y concepción del mundo

 

 

 

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Presentación:

Hans Kelsen (padre del positivismo jurídico, y autor de obras tan importantes como la Teoría Pura del Derecho, o la Teoría General del Derecho y del Estado) quizás haya sido el único intelectual de prestigio de su época que hiciera una defensa cerrada y pública de la democracia parlamentaria de partidos, como el mejor marco formal dentro del que dotarnos por consenso del contenido material de las leyes. Hay que hacer notar que, la suya, fue una época (el período de entreguerras) en que lo “moderno” pasaba por la exaltación de la violencia y las dictaduras (fuese la de derechas o de izquierdas)… Pero Hans Kelsen era un liberal relativista para quien el Imperio de la Ley era condición sine qua non de todo proyecto de convivencia que mereciera ese nombre. Una rareza de su tiempo… y ahora. Un ejemplo de decencia intelectual que, mal que nos pese, todavía tiene mucho que decirnos: habla para sus contemporáneos, nos habla a nosotros, y nos advierte de los peligros y retos que ni su generación ni la nuestra todavía fueron capaz de conjurar.

—–

Como introducción a la obra que hemos grabado, reproduzco a continuación algunos párrafos de la interesante reseña hecha por Ignacio Torres Muro, publicada en Revista Electrónica de Historia Constitucional, Número 8 – Septiembre 2007. (Disponible en http://hc.rediris.es/08/articulos/html/Numero08.html?id=18). (Los textos o expresiones paréntesis son míos, para dar continuidad a las ideas)

 

KELSEN Y LA TEORÍA DE LA DEMOCRACIA

Ignacio Torres Muro

I

  1. (…)
  1. (…)
  1. (…) Nos hallamos, sin duda, ante uno de los juristas clave del siglo XX. (…) sus reflexiones sobre la teoría de la democracia siguen siendo un modelo para muchos (…) Los dos trabajos básicos (sobre) ella son el que hoy reseñamos y su estudio sobre “Los fundamentos de la democracia” (1955). En ambos destaca su agudeza, coherencia y rigor técnico (…) características de todas sus publicaciones, en las que abordó la teoría general del derecho, el derecho internacional público, el constitucional y los campos adyacentes.
  1. (…)

II

  1. (…) el ideal democrático aparecía en los años veinte del siglo pasado como una obviedad del pensamiento político (pág. 35), amenazad(o), sin embargo, por las dictaduras de partido, de izquierdas o de derechas (pág. 38).
  1. (Kelsen inicia el libro haciendo un análisis del concepto de libertad, tanto desde el punto de vista ideológico como real -método que será recurrente en el análisis de todos los temas tratados en el libro. Y dice así:) (…) “solo es libre el ciudadano de un Estado libre. En el lugar de la libertad del individuo se sitúa la soberanía del pueblo o, lo que es lo mismo, el Estado libre como pretensión fundamental” (pág. 58). Ese pueblo, por otra parte, no es “un conjunto o un conglomerado de hombres, sino sólo un sistema de actos individuales determinados por el ordenamiento jurídico estatal” (pág. 64).
  1. La democracia en la que cree Kelsen es una democracia realista en la que son imprescindibles los partidos políticos (…) pues “solo desde la ingenuidad o desde la hipocresía puede pretenderse que la democracia sea posible” sin ellos (pág. 73) (democracia asamblearia). En los Estados modernos (hablamos siempre) de una “democracia indirecta, parlamentaria, en la que la voluntad colectiva normativa sólo es creada por la mayoría de aquéllos que son elegidos por la mayoría de los titulares de los derechos políticos” (pág. 87).
  1. La institución central de esas democracias modernas es el Parlamento (…) La solución (a los problemas planteados y críticas justamente planteados contra este sistema, tales como la desconexión entre electores y elegidos, la delegación, la disciplina de voto, la lealtad al partido y no al votante, la falta de correspondencia entre la voluntad del elector y del elegido, y muchos etc) es el fortalecimiento del elemento democrático con mecanismos como el referéndum, la iniciativa popular, el mandato imperativo moderno y la superación del privilegio completamente anacrónico de la inmunidad.
  1. (…)
  1. Sus reflexiones sobre el principio de mayoría son igualmente importantes, entendiendo a la protección de las minorías como la función esencial de los derechos fundamentales (derechos y libertades políticos) (pág. 139) y a la (negociación) entre mayoría y minoría como (el elemento) básic(o) en la formación de la voluntad colectiva (pág. 146), transacción que se ve favorecida por un sistema electoral proporcional, del que se muestra partidario (pág. 155). En la base del entendimiento debe hallarse, sin embargo, “una sociedad relativamente homogénea (tanto)  desde el punto de vista cultural y, (como) en particular, (con) una misma lengua” (pág. 163).
  1. Sobre la Administración y los controles (respecto del cumplimiento de la legalidad) destaca Kelsen su carácter decisivo, desde el momento en que “el destino de la democracia moderna depende en gran medida de una configuración sistemática de todas las instituciones de control (tribunales para la administración -control de los actos del Estado- y tribuna constitucional -para control del acto legislativo-). La democracia sin control es a la larga imposible, pues el abandono de la autolimitación que representa el principio de legalidad supone la autodisolución de la democracia” (pág. 181). Marca el autor aquí los límites de las actividades de esos partidos que consideraba tan importantes, pues “el principio de legalidad, al que está sometida, por definición, toda ejecución, excluye cualquier influencia de los partidos políticos sobre la ejecución de la ley por los Tribunales o por las autoridades de la Administración” (pág. 182).
  1. De no menos trascendencia es la selección de dirigentes basada en la elección entre la comunidad de los dirigidos. De este modo la concepción originaria de la libertad propia de la idea de democracia, a saber: que nadie puede dirigir a los demás, se transforma en la realidad social del principio de que cualquiera puede ser un dirigente. (De donde destaca la importancia fundamental de la EDUCACION, como condición de posibilidad de la democracia -y de su supervivencia, en especial de una educación para la democracia… pág. 208 encaminada tanto para formar electores conscientes y responsables de su acto electoral y del control de los elegidos, como para formar una clase dirigente -la de los electores- capaz de gestionar correctamente la complejidad de la administración del Estado)
  1. Dentro de sus coordenadas liberales afirma Kelsen que el valor que define por encima de todo la idea de democracia no es el de la igualdad, sino el de la libertad (pág. 211) (…)
  1. (Kelsen muestra cómo hay una estrecha correspondencia entre la cosmovisión que se tenga -concepción del mundo, de la vida, y de nuestro acceso a la VERDAD- y la actitud que se tenga frente a la democracia o a la autocracia -dictadura-); la concepción del mundo metafísico-absolutista se corresponde con una actitud autocrática (en tanto que) la crítico-relativista con la actitud democrática (pág. 224). (Por tanto) el relativismo (y el consensualismo resultante) sería la concepción del mundo que está en la base la idea democrática (pág. 226), de modo que “quien únicamente apela a la verdad terrenal y orienta los fines sociales con arreglo al conocimiento humano sólo puede justificar la coerción necesaria para la realización de esos fines si logra el acuerdo de al menos la mayoría de aquellos a quienes debe aprovechar el orden coactivo. Y este orden coactivo sólo puede constituirse de manera que también la minoría, que no está absolutamente equivocada, pueda convertirse en cualquier momento en mayoría” (pág. 229).

III

  1. (…) esta obra puede decirse (que es) a la vez (…) es hija de su tiempo, (…) y  de rabiosa actualidad.
  1. (…) Kelsen (…) (fue) uno de los pocos que asumió la defensa teórica de la democracia parlamentaria en un contexto en el que lo habitual era realizar críticas, más o menos fundadas, de la misma. (…) la postura de Kelsen era más bien solitaria pues, por activa o por pasiva, parecía en aquella época considerarse de buen tono efectuar críticas al sistema democrático, a veces dirigidas, además, no a su funcionamiento práctico, sino a sus fundamentos, como si fuera (algo) impropio de una sociedad moderna.
  1. No fueron pocos (importantes intelectuales y ciudadanos) los que se subieron a los carros del bolchevismo y el fascismo, (como) las doctrinas propias del hombre nuevo, condición ésta que se negaba sistemáticamente a una democracia y un parlamentarismo que eran objeto de ataques furibundos y desprecios sin límite.
  1. En este contexto (Kelsen) alza la bandera de (…) la democracia, y lo hace desde unas profundas convicciones basadas en la necesaria defensa de la libertad y de la participación del pueblo en la tarea de fijar cuáles (han) de ser sus destinos. (Por tanto) nos hallamos ante un pensamiento (…) contramayoritario.
  1. La lectura del libro nos traslada, (así), a tiempos especialmente difíciles para la supervivencia de los regímenes democráticos, que intentaban consolidarse con muchos problemas tras la Gran Guerra. (y) constituye un alegato en toda regla contra la tendencia, que se afirmaba con cada vez más fuerza, a abandonarse en manos de sistemas dictatoriales de uno u otro signo.
  1. Aparece entonces Kelsen como un firme defensor de la democracia, y como tal le hace pasar a la historia este escrito, sin que interpretaciones interesadas (y deformadoras) de su teoría jurídica normativista puedan apartarnos de este dato fundamental y fácilmente demostrable: cuando otros sucumbían a los cantos de sirena (del) fascismo y (del) comunismo (Kelsen) se mantenía firme, con un aparato teórico muy sólido, como era su costumbre, en la apreciación de que la democracia parlamentaria, bien construida, era la forma de organización política (como método de generación de normas, independientemente de sus contenidos) que mejor servía los intereses de las sociedades modernas. (“para la determinación del contenido de la ley no hay otro camino que el de la dictadura, o el compromiso entre una pluralidad de intereses” pág. 182)
  1. Pero esa obra hija de su tiempo también lo es de rabiosa actualidad. En primer término porque nos hallamos ante un libro clásico, de esos que trascienden las circunstancias concretas en las que han sido escritos, y en segundo porque también nuestros sistemas democráticos, aparentemente sólidos tras la segunda posguerra mundial y la caída del comunismo, se enfrentan a unos desafíos importantes, que quizás sean crisis de crecimiento, pero que no dejan de plantear serios problemas a los mismos, forzándoles a revisar continuamente sus postulados básicos.
  1. En ese nuevo contexto de globalización, y surgimiento de problemas mundiales que trascienden las fronteras del Estado nacional, las democracias se presentan todavía como una excepción a la regla en lo que a sistemas de gobierno se refiere, aún cuando se hayan vivido procesos muy interesantes de democratización en diferentes países que, sin embargo, no dejan de ser regímenes permanentemente amenazados.
  1. Por eso, para los que creen que esa sigue siendo la mejor manera de organizar la convivencia en una comunidad política, los trabajos clásicos como el de Kelsen  (…) continúan siendo una buena fuente de inspiración, (formulando) con sencillez y claridad unas pautas científicas que permiten identificar aquellos entramados institucionales que verdaderamente responden al ideal democrático. Se esté o no de acuerdo con las tesis de (Kelsen), nunca se le ha podido acusar de oscuridad. Y en un mundo, como el de la teoría jurídica, que parece a veces el reino de lo abstruso, siempre ha destacado (Kelsen) por lo lógico y transparente de sus construcciones.
  1. Evidentemente, al libro se le notan los años, como no podía ser menos. Recuérdese que su segunda versión, que es la que aquí se traduce, es de  1929. Muchas cosas han ocurrido desde entonces, desde la crisis de los fascismos a la caída del comunismo, pasando por los problemas de estabilidad de gran parte de los regímenes democráticos, y las amenazas para las libertades, derivadas de fenómenos como el terrorismo global, o las recurrentes crisis económicas mundiales. Hubiese sido imposible para Kelsen ejercer de profeta –mal oficio- pero también es verdad que muchos de los principios que formula siguen teniendo una vigencia indiscutible porque, por mucho que cambien las circunstancias, y teniendo en cuenta que siempre se ha de dar una lógica evolución en los planteamientos de la vida política, hay cosas que permanecen (…) y es precisamente a esas cosas a las que dedica su atención (Kelsen en este libro).
  1. Que la democracia tiene una larga y complicada historia es algo que a nadie se le oculta, como han demostrado autores de obras colectivas cuya  cita nos releva de entrar en mayores profundidades. Tampoco su presente puede decirse que esté exento de polémicas, y ha sido objeto de una diversidad de análisis que sería imposible siquiera sintetizar en el espacio del que disponemos.
  1. La obra de Hans Kelsen se inscribe en esa atormentada historia, formando parte de uno de los estadios de evolución más interesantes de la misma: el de un período de entreguerras en el que, en ciertos Estados occidentales, ya era una realidad el sufragio prácticamente universal, con todas las tensiones que esto provocaba. Se estaba realizando por primera vez el ideal de un hombre –y una mujer- un voto, y como consecuencia de ello las tensiones sociales existentes afloraban con toda su crudeza. Los Parlamentos se convertían en campos de batalla, abandonando la relativa placidez de las Asambleas censitarias. La dialéctica mayorías-minorías dejaba de ser reflejo de desacuerdos leves entre miembros de la misma clase social privilegiada y se convertía en un debate interclasista en el que los choques eran inevitables. Se trata de un momento de ajuste decisivo en el que muchos prescindieron directamente del ideal democrático para abrazar otros credos, convencidos de que el mismo no sería capaz de superar los desafíos que se le presentaban. Ya hemos resaltado como Kelsen no fue uno de ellos, sino que intentó adaptarlo a las nuevas realidades, convencido como estaba de que era un valor que podía demostrar capacidad para afrontar los retos tan radicales que se le planteaban. En eso no le faltaron dotes de prospectiva, porque los sistemas democráticos se impusieron en el mundo occidental, primero, en la segunda posguerra y luego, tras la caída del muro, en muchas otras áreas del planeta.
  1. Cabe ahora preguntarse, sin embargo, si esas tesis planteadas en los años veinte del siglo pasado, pueden servir para algo en el presente, cuando la democracia tiene que responder a una serie de desafíos de no poca entidad, y adaptarse a unas realidades que no son, ni mucho menos, las de aquella época, en un mundo en el que  las sociedades no son tan homogéneas, hasta el punto de que se presentan importantes fracturas culturales en muchos países, y en el que los debates trascienden con facilidad las fronteras del Estado nacional, e incluso las de  los entes internacionales que han intentado salvar a éste. La respuesta es que aunque, evidentemente, muchas cosas han ocurrido, varios de los principios formulados por Kelsen aparecen hoy tan sólidos como entonces, pues sin ellos no se puede hablar de verdadera democracia.
  1. Tomemos, por ejemplo, su concepción de la democracia como método, un sistema que “da prueba de sus aptitudes, en tanto que principio de organización puramente formal, principalmente en la gestión, la dirección y la determinación de la línea, pero no en la realización, la concretización final del orden social”. Vista como “simplemente una de las posibles técnicas de producción de las normas del ordenamiento” todo el entramado aparece como “fundamentalmente incierto, no en su esencia, sino en sus resultados”. Este modo de ver las cosas extremadamente formalista no puede decirse que no resulte útil en la actualidad, cuando conviven en los Estados democráticos sensibilidades muy distintas, que solo pueden alcanzar verdaderos acuerdos sobre la manera en la que se van a tomar las decisiones que se impondrán a la sociedad en su conjunto.
  1. Es verdad, por otra parte, que la posición de Kelsen, como apuntó en su momento Wrobelsky no es, en el fondo, tan formalista, porque “si uno trata con un asunto tan extremadamente relevante ideológicamente como la democracia, el impacto de la actitud y las preferencias propias hace extremadamente difícil mantener la formalidad de los valores que uno examina. La idea de democracia formal incluso en su elaboración clásica en los escritos de Kelsen no es una excepción”. En todo caso el acento que puso el autor austriaco en que el sistema democrático puede dar lugar a casi cualquier resultado en cuanto a la organización social coactiva, le dota de una flexibilidad que le permite mantenerse en el tiempo, sean cuáles sean los cambios en el sistema que esté en su base.
  1. Otra idea que parece irrenunciable hoy en día es la de la libertad como base de toda la construcción democrática. Dreier ha destacado cómo para Kelsen el valor básico es –junto al fuertemente conectado a éste del principio de igualdad– el de la libertad, y como la democracia aparece para él, con todas sus formalidades y valores neutros, como un entramado para conseguir la mayor libertad posible para los individuos. También el método democrático de toma de decisiones ha de estar rodeado de garantías, y las decisiones mayoritarias tienen que ser el resultado de procesos en que la libertad esté asegurada. Solo así estaremos hablando de verdadera democracia, pues solo un pueblo de hombres libres, que decide en condiciones de libertad, estará tomando, con los métodos previstos por el ordenamiento, decisiones que puedan considerarse como plenamente democráticas.
  1. No menos importante en la teoría kelseniana de la democracia es el relativismo en materia de valores, el principio de tolerancia, que nos recuerda Dreier que para nuestro hombre no es solamente el fundamento teórico de la democracia, sino siempre, también, e igualmente, su mecanismo de protección decisivo. Tanto en la obra que comentamos, como en sus más ambiciosos filosóficamente “Fundamentos de la democracia”, Kelsen insiste hasta la saciedad en la imposibilidad de fijar científicamente valores absolutos, lo que debe conducirnos a considerarlos todos como relativos, actitud que es la correcta para la vida democrática, pues excluye la imposición de unas determinadas concepciones del mundo sobre otras. Esta reflexión aparece también como útil en sociedades como las nuestras, en las que existe un fuerte pluralismo de base, que, siempre que no lleve a la disolución misma del orden político, hay que considerar como enriquecedor.
  1. Conviene recordar, además, que, como aquí se refleja y es bien sabido, esta era la postura de Kelsen en el campo de la teoría jurídica, y parece fuera de toda duda que, como ha escrito Troper, es un esfuerzo vano el de “oponer a un Kelsen teórico del derecho, que sería descriptivo,  un Kelsen, teórico de la politica, uno que preservaría su pureza con respecto a las ideologías, mientras que el segundo no haría sino expresar juicios de valor. Incluso cuando habla de democracia, intenta siempre describir no la democracia sino su concepto”, de modo que la ideología que expresa “no está privada de lazos con la teoría y la metateoría positivista del derecho”.
  1. No pueden separarse los dos aspectos de la obra del autor austriaco puesto que, como se nos ha recordado, “la teoría pura del derecho es la teoría del derecho adecuada para la democracia, porque no impone ningún principio jurídico indisponible a la voluntad democráticamente legitimada de la mayoría”. Puede decirse, por tanto, que Kelsen ha sido plenamente coherente en toda su obra, y que todos los aspectos de la misma vienen marcados por esta crítica radical del absolutismo en materia de valores que impregna tanto sus trabajos jurídicos como los políticos.
  1. (…)
  1. (Pero ) Otros razonan que “la teorización de Kelsen parece insuficiente, ya que no se valoran adecuadamente los problemas redistributivos, no sólo como criterios de justicia, sino también como prerrequisitos o condiciones materiales del funcionamiento de una democracia formal basada en la participación efectiva de los ciudadanos en las decisiones de gobierno y de producción jurídica” [16].
  1. (…)
  1. Todas estas reflexiones coinciden en pedirle al autor austriaco algo que el ni podía, ni quería, dar. Al limitarse a una concepción formalista de la democracia, Kelsen se plantea para su trabajo unos límites muy claros que no pretende superar en ningún momento, entre otras cosas porque piensa que son los límites de la verdadera ciencia, más allá de los cuales nos encontramos en el terreno de la palabrería más o menos vana. Lo cierto es que esto es lo que hace de este libro una obra fundamental, un excelente punto de partida, que no excluye que se pueda ir más allá, porque en este terreno de la teoría democrática mucho se ha avanzado en los últimos tiempos, como ya hemos tenido ocasión de  señalar, pero que cabe  coincidir con I. de Otto en que “es un presupuesto del que no se puede prescindir ni siquiera a la hora de discurrir por caminos divergentes e incluso opuestos”.
  1. Podemos entonces preguntarnos, para finalizar, si sirve para algo esta obra de Kelsen a la hora de abordar los problemas de la democracia de nuestro tiempo, que ha de funcionar en sociedades multiculturales, sometidas a todo tipo de presiones desintegradoras, y en las que se pone en cuestión esa relativa homogeneidad que está en la base de las construcciones de nuestro hombre. La respuesta solamente puede ser que vale como nos valen en general los clásicos, como punto de partida a tener muy en cuenta, independientemente de que podamos superar algunos de sus presupuestos, porque si siempre ha sido necesario fijar el concepto de democracia, más lo parece hoy en día, y en esa tarea las reflexiones científicas de Kelsen son una gran ayuda por su precisión. No se puede avanzar hacia ninguna parte sin tener claros los fundamentos de  la que ha de ser nuestra labor: la de conseguir que las decisiones públicas se tomen de acuerdo con los deseos de los ciudadanos. “

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La industrialización del fetichismo: crítica de Ivan Illich .

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La industrialización del fetichismo: crítica de Ivan Illich .

Extraordinario análisis (¡¡¡¡hecho en 1978!!!!!) y de absolutísima vigencia. Relato largo, como toca, y yendo a la raíz del problema: de la mano de la discusión sobre la burocracia, los colegios profesionales y la medicina, da un repaso al modo de producción en su conjunto. Merece mucho la pena.

“El Profesor Navarro, a partir del reavivamiento del pensamiento de Ivan Illich entre pensadores favorables al decrecimiento, recomienda la lectura de este artículo crítico de tal autor, por el Profesor Navarro, hecho en 1978 y publicado en su libro La medicina bajo el capitalismo.”

 

Episodio 3 – Hacha de mano de Olduvai.

Episodio 3 – Hacha de mano de Olduvai.

Hacha de mano de Olduvai (bifazi, hecha hace 1,2-1,4 millones de años) encontrada en la Garganta de Olduvai, Tanzania, Este de Africa.

(Link del programa, grabación en inglés y fotografías de los objetos comentados: http://www.bbc.co.uk/ahistoryoftheworld/objects/I3I8quLCR8exvdZeQPONrw)

Episodio 3 Olduvai Handaxe

¿Qué llevas contigo cuando viajas? La mayoría de nosotros haría una larga lista que comenzaría con un cepillo de dientes y acabaría … en un exceso de equipaje. Pero para la mayor parte de la historia de la humanidad, hubo solo una cosa que realmente era necesaria para viajar: un hacha de mano de piedra.

“Son bellas herramientas…”

“Muy afilado en los bordes, verdad?”

“Pienso que quien quiera que lo hiciera, lo hizo muy bella y cuidadosamente”

“Una vez que fueron inventados, si se quiere usar esa palabra, nunca cambiaron el diseño… y creo que es el complemento definitivo para diseño de una herramienta excelente.”

Puede parecer algo sencillo, pero realmente un hacha de mano es algo extremadamente difícil de hacer, y por más de un millón de años ella fue, literalmente, una tecnología punta. El hacha de mano acompañó a nuestros ancestros a través de la mitad de su historia, y fue la razón principal por la que se esparcieron, primero a través de Africa y luego a través del mundo.

Durante un millón de años el sonido de su fabricación procuró la percusión de cada vida, y quienquiera que elija un centenar de objetos para contar una historia del mundo tiene que incluirla. Esta semana estoy tras objetos procedente de los primeros momentos de la historia humana. Cada uno que he elegido es un documento del mundo donde fue hecho, pero también ejemplifica una etapa crítica en el proceso por el cual devinimos plenamente humanos. Y, a mi entender lo que hace esta hacha de piedra tan interesante, es todo lo que sobre eso tiene que contarnos, no ya solo sobre la “mano” que la fabricó, sino sobre la “mente” que la pensó.

El hacha de mano de la Garganta de Olduvai no se parece, por supuesto, a un hacha moderna. No tiene mango ni hoja metálica. De hecho, es un trozo de piedra volcánica, de un precioso gris verdoso, hecha en forma de una gota de lágrima, pero sin embargo es muchísimo más versátil de lo que cualquier hacha moderna pudiera ser. La piedra fue lascada (cincelada) para obtener un borde afilado a lo largo del lado largo de la “lágrima”, por decirlo así, y darle un borde agudo en un extremo. Cuando se la sostiene en una mano humana resulta sorprendente cómo coincide en la forma, pese a que esta piedra sea inusualmente larga y más grande que la mayoría de las manos humanas. Pero además, en las marcas del lascado que le dio forma, puede verse que está bellamente trabajada.

Un hacha de mano como esta vino a ser la Navaja Suiza de la Edad de Piedra, una pieza esencial de la tecnología, con múltiples usos. Un extremo podía usarse como un taladro mientras que los largos bordes podían servir para cortar arboles o carne o raspar pieles o cortezas. Uno puede imaginar el uso de esta herramienta para despiezar un elefante o cortar y remover la carne

Las primeras herramientas, como la piedra lascada que vimos en el último programa, podrían resultarnos algo rudimentarias. Parecen adoquines astillados, y fueron construidas cogiendo grandes trozos de piedra, golpeándolos unos contra otros hasta hacer saltar fragmentos y obtener el filo. Pero esta hacha de mano es un asunto de otra índole. Este es el experto tallador de piedras Phil Harding:

“He seleccionado un trozo de pedernal que es relativamente largo y delgado -no debería darnos gran trabajo reducirlo-. Y hago lo siguiente: selecciono una piedra dura como martillo, en este caso un guijarro de cuarcita del tamaño de una bola de cricket, y elijo un sitio para golpearle, y ese es el sitio donde empiezo a tallar. Golpeando con el pedernal saco una escama de un lado y luego del otro, una y otra vez hasta que, como pueden ver, he obtenido una forma basta de lo que buscábamos. Tiene forma redondeada, con muescas a ambos lados, pero fundamentalmente está provista de un borde afilado que da toda la vuelta”.

Solo viendo a un experimentado tallador haciendo su trabajo tomamos consciencia de cuántas habilidades debió poseer el fabricante de nuestro hacha de mano. Un hacha de mano no es una cosa fácil, sino que es el resultado de la experiencia, de una planificación cuidadosa y de una habilidad y aprendizaje refinados durante mucho tiempo.

“Ahora bien, si la gente quería refinarla era porque eran gentes creativas. Buscaban hacer objetos bellos y no solo funcionales, que es lo que haríamos si cambiáramos un martillo hecho con una pesada piedra por otro mucho más liviano… como por un pedazo de asta que puede ser un martillo perfecto. Y con ello, el objetivo de refinar la forma redonda y el filo se conseguiría en aproximadamente 15 minutos. (Phil Harding)

Pero, así como es necesaria una gran destreza manual, lo que resulta importante para nuestra historia es el salto conceptual requerido, la capacidad para imaginar en un simple y basto trozo de piedra la forma que queremos extraer, al modo en que lo haría un escultor moderno viendo la estatua dentro de un bloque de mármol.

Esta particular pieza de piedra de suprema hi-tech tiene una antigüedad de entre 1,2 y 1,4 millones de años. Al igual que la herramienta de cortar que vimos en el último programa, esta fue encontrada en el Este de Africa, en la Garganta de Olduvai, ese gran tajo de la sabana en Tanzania. Pero esta viene de una capa más alta que la herramienta de corte, pero además hay un gran salto entre aquella primera herramienta y este bifaz (hacha de mano) porque pienso que es en esta herramienta donde podemos encontrar los verdaderos comienzos del ser humano moderno, las características de alguien que podríamos reconocer perfectamente como uno de nosotros.

Todo este cuidadoso interés y creatividad planificada implican un enorme avance en el modo en que nuestros ancestros veían el mundo, y en cómo su cerebro trabajaba. Pero este bifaz (hacha de piedra) puede también contener evidencias de otras cuestiones aun más destacables. Por ejemplo ¿guarda esta herramienta de piedra el secreto del “discurso”, del lenguaje humano? ¿Sería haciendo objetos como estos como aprendimos a hablar entre nosotros?

Los científicos han buscado qué es lo que pasa dentro del cerebro cuando una herramienta de piedra está siendo elaborada. Utilizando un escaner hospitalario moderno, para ver qué partes del cerebro se usan cuando un tallador está trabajando con una piedra, hallaron sorprendentemente que las áreas del moderno cerebro que se activan cuando estamos haciendo un bifaz coinciden considerablemente con aquellas que usamos cuando hablamos. Lo que vendría a significar que, si uno es capaz de dar forma a una piedra, uno es capaz de dar forma a una oración.

Por supuesto que no tenemos ni idea de qué es lo que pudo haber dicho el fabricante de nuestro hacha, pero parece probable que habría tenido aproximadamente las habilidades lingüísticas de un niño de 7 años. Pero, fuera o no ese su nivel, su temprano discurso claramente podría haber constituido una nueva capacidad de comunicación, que podría haberse traducido en que la gente pudiera sentarse intercambiando ideas, planeando su trabajo o hasta chismorreando. Si puedes hacer un bifaz decente como este, posiblemente tu eres bueno para algo que nosotros reconoceríamos como sociedad (socialización).

Por tanto, 1,2 millones de años atrás ¿dónde estabamos? Podíamos hacer herramientas como nuestro bifaz, que nos ayuda a controlar el entorno y a transformarlo. Pero el hacha nos da no solo mejor comida, sino que puede también proveernos de pieles de animales (para ropa) o darnos tiras de ramas para el fuego o el refugio. Y no solo eso, gracias a ella hoy podemos hablar unos con otros e incluso imaginar algo que no está físicamente frente a nosotros. El hacha de mano nos acompañará en un inmenso viaje, porque todas esas habilidades constructivas ya no están atadas al entorno inmediato. Si necesitamos o queremos movernos, podemos hacerlo. Viajar es posible, puede que incluso deseable, y podemos movernos más allá de las cálidas sabanas africanas y sobrevivir, quizás incluso desarrollarnos -mejorar- en un clima más frio. El hacha de mano será nuestro pasaporte para el resto del mundo, por lo que en las colecciones del Museo Británico ustedes podrán encontrar bifaces provenientes de todo Africa -Nigeria, Sudáfrica, Libia-, pero también de Israel, e India, España y Korea -incluso de un hollo de gravas, cerca del aeropuerto de Heathrow-.

Y tal como se mudaron al norte, esos primerizos constructores de hachas acabaron siendo los primeros británicos. Nick Ashton ha hecho excavaciones en la costa de Nortfolk en Happisburg:

“En Happisburg tenemos estos acantilados de 30 pies (9 metros), que se componen de arcillas, limos y arenas, formados por la gran glaciación de hace 450.000 años -que llegó hasta las afueras del norte de Londres-. Por debajo de esas arcillas un hombre, paseando a su perro, encontró un bifaz embebido en estos sedimentos orgánicos. Estas herramientas, de las que las primeras fueron hechas en Africa hace 1,6 millones de años, llegaron al sur de Europa y parte de Asia hace un millón de años, y alcanzaron las islas británicas en algún momento entre los 600.000 y 500.000 años atrás. Por supuesto, hoy es playa, pero la costa hace muchos años estuvo unas cuantas millas más allá. Si camináramos por la antigua linea de costa arribaríamos a lo que hoy llamamos The Netherlands, corazón de la Europa central. Ese era por entonces el mejor puente de tierra que conectaba lo que luego fueron las Islas Británicas con el continente europeo. Realmente no sabemos por qué los humanos colonizaron el espacio de las islas británicas, pero quizás lo fue gracias a la efectividad de esa nueva tecnología llamada hacha”

El hacha de piedra fue fabricada esencialmente del mismo modo y en la misma forma durante un millón de años, y pudiendo ser la más exitosa pieza de la tecnología humana jamás construida. Pero ¿queda aun un último secreto en esta piedra? Nuestro bifaz es un poco demasiado grande para ser usado fácilmente. ¿Por qué lo harían así? Lo mostré a un experto en diseño ergonómico, el inventor Sir James Dyson:

“Lo que me resulta interesante es que realmente no es muy práctico. Es de doble cara, con filo en ambas caras, es decir, simétrico. Está casi más pensado como un objeto de belleza que como un objeto práctico. Por tanto, yo me preguntaría si es un objeto decorativo, o incluso si es algo así como una espada ceremonial para hacerte parecer más bravo, poderoso, y quizás para atraer mujeres. No me parece una herramienta práctica, sino que parece más bien un objeto de espectáculo, decorativo más que práctico. Porque haga lo que haga con él me hago daño en la mano. Por ello pienso que es un bello objeto, pero no creo que haya ninguna intención -una seria intención- detrás”

Por supuesto sigue siendo (es) un objeto práctico, y sin embargo vale la pena seguir especulando como lo hace Sir James Dyson, sobre si nuestro bifaz fue hecho bien un poco demasiado grande para facilitar su uso, o bien para mostrar que fue hecho para alguien importante. ¿Estamos quizás ante uno de los más antiguos símbolos de status, de expresión de un orden social jerárquico? Este hacha es tan placentera para el ojo como para la mano, por lo que no cabe menos que preguntarse si no fue diseñada para ser en cierta medida un objeto de belleza. ¿Es este el inicio de la larga historia del arte, e incluso, del arte puesto al servicio del poder? O estamos proyectando sobre nuestros distantes ancestros nuestro modo moderno de pensar la belleza y el estatus’

En el próximo programa vamos a entrar indiscutiblemente en el Reino del Arte: vamos a ver una obra maestra de la escultura de la Edad de Piedra, tallada en el colmillo de un Mamut.

Notas:

iHacha de mano, handaxe, bifaz. Aunque parece ser que no son lo mismo, como no afecta a la idea central del episodio, usaremos indistintamente esos términos en esta traducción. Ver discusión en http://es.wikipedia.org/wiki/Bifaz

Episodio 2 – Herramienta de piedra para cortar, de Olduvai

Episodio 2 – Herramienta de piedra para cortar, de Olduvai (hecha 1,8 millones de años atrás), encontrada en la Garganta de Olduvai, Tanzania, Este de Africa. 

A History of the World in 100 Objects, producción del British Museum y de la BBC. Link del programa, grabación en inglés y fotografías de los objetos comentados: http://www.bbc.co.uk/ahistoryoftheworld/objects/ykHw5-oqQEGFnvat1gavxA

Episodio 2 Olduvai Stone choping tool

Quizás, lo mejor que tenga ser Director del Museo Británico, y una de las cosas que todavía más me emociona ahora igual que antes, es poder sacar algunos objetos fuera de sus cajas … y cogerlos.

Hoy tengo en las manos uno absolutamente asombroso. He de admitir que, si cualquiera de nosotros lo viera sobre el suelo, probablemente pasaría sobre él sin hacerle caso, pero resulta que es de hecho el más antiguo objeto del Museo Británico, algo que fue hecho aproximadamente dos millones de años atrás, en Africa. Parece un largo y astillado i adoquín gris. El naturalista y locutor Sir David Attenborough es hoy, junto conmigo, el último homínido en tenerle entre sus manos.

Teniéndole en las manos puedo sentir lo que era estar en la sabana africana, necesitando cortar carne, por ejemplo, o necesitando cortar dentro de una res muerta para coger algo de comida”

Este es uno de los primeros objetos que los seres humanos hicieron conscientemente. Y tocarle me pone directamente en contacto con ellos. En esta historia del mundo que estoy intentando contar a través de objetos, esta piedra tallada en Africa (donde hoy es Tanzania) es donde todo comienza.

Uno de los objetivos de cualquier museo es permitirnos viajar a través del tiempo. Pero nuestra visión de cuánto atrás hay que ir se ha ido expandiendo dramáticamente desde que el Museo Británico abrió sus puertas en 1759. En ese momento la mayoría de sus visitantes probablemente aceptaban que el mundo había comenzado en el año 4004 BC -para ser precisos apenas empezar el domingo 23 de octubre. Esa fecha, sorprendentemente exacta, había sido calculada matemáticamente por el arzobispo Ussher ii -quien predicaba justo aquí abajo, en Lincoln’s Inn-. Ussher, para alcanzar ese dato, había cernido cuidadosamente la Biblia, contando los años de vida de cada uno de los descendientes de Adan y Eva. Pero como todos sabemos en nuestros dias, no celebramos el 23 de octubre como el Dia del Inicio del Mundo, ya que en el ultimo par de centurias, arqueólogos, geólogos y conservadores de museos han empujado constantemente hacia atrás la cronología de la historia humana, mucho más atrás de los 6000 años del arzobispo Ussher hasta los casi inimaginables 2 millones de años. Por tanto, si los científicos han sugerido que Adan y Eva no estaban en el 4004 BC, al principio del tiempo humano, en el Jardin del Eden… ¿Quién estaba allí? ¿y dónde? Hubo muchas teorías al respecto, pero no respuestas concluyentes y ciertamente ninguna fecha precisa hasta 1931, cuando un joven arqueólogo llamado Louis Leakey viajó en una expedición financiada por el Museo Británico rumbo a Africa.

La meta de Leakey era la Garganta de Olduvai, una profunda grieta en la planicie de la sabana del norte de Tanzania, no muy lejos de la frontera con Kenya. Ese sitio, parte del Valle Rift del este africano, es un desgarro inmenso en la superficie terrestre de miles de kilómetros de longitud. El tiempo aquí parecía haberse detenido entre las capas geológicas, y cuando Leakey examinaba las rocas expuestas y formadas al sol, al viento o a la lluvia de las sabanas… llegando a una capa de rocas observa que está formada por otro elemento diferente: unas manos humanas. Encontraron cerca de alli unos huesos, y a partir de alli les resultó claro que esas piedras habían sido trabajadas para servir de herramientas cortando tiras de carne, o hurgando en los huesos de los animales muertos en la sabana. Y la capa en la que las herramientas habían sido encontradas tenía aproximadamente dos millones de años antiguedad… Eso era pura dinamita arqueológica.

Las excavaciones de Leakey dieron con los más antiguos objetos humanos del mundo, y demostraron que no solo los seres humanos, sino la cultura humana en su conjunto procedía de Africa. Nuestra herramienta cortadora de piedra que ahora tenemos entre las manos es una de aquellas que Leakey encontró.

Al cogerla, tu primera sensación es que es muy pesada, y el ser muy pesada, por supuesto, da fuerza al golpe. La segunda es que cabe sin problemas en la palma de la mano, en una posición en que queda hacia adelante un afilado borde que va desde el dedo índice hasta la muñeca -por lo que ahora yo tengo en mi mano un afilado cuchillo. Pero aun más, tiene un bulto hecho especialmente, fuerte, por encima, de tal forma que puedo agarrar firmemente el borde. Con él es posible perfectamente cortar carne. Esa es la sensación que tengo, y que me conecta con el hombre que lo ha fabricado laboriosamente, tallando uno, dos, tres, cuatro, cinco muescas en una cara y tres en la otra, ocho especificas acciones realizadas por él, golpeándolo con otra piedra para extraer las lascas, mientras deja una linea casi recta como borde afilado” (David Attenbourh)

En el Museo Británico, recientemente, hemos hecho nuevas herramientas de cortar usando la misma técnica, al modo en que podrían haberlo acostumbrado hacer en la Garganta de Olduvai. Si cogemos una de estas piezas nuevas en mi mano vemos claramente cuán bien podemos usarla para cortar la carne de un animal. No tenemos a mano ningún Ñu africano, por lo que solo podremos probar usando un trozo de pollo asado. Pero pese a todo esta herramienta de corte resulta maravillosa y rápida separando la carne del hueso, y luego permitiendo con un golpe seco romper el hueso para llegar hasta el tuétano. Pero también por supuesto se puede usar una herramienta como esta para hacer tiras de cortezas árboles, o raíces, a fin de comerlas. Es, de hecho, un muy versátil complemento de cocina. Los primeros humanos que usaron herramientas de corte como esta probablemente no fueron cazadores, sino astutos oportunistas que esperaban hasta que leones, leopardos u otras bestias hubieran matado a sus presas y luego ellos iban con sus herramientas de corte, asegurada la carne y el tuétano, jugando sobre seguro para ganar el premio de la proteína.

Hablar de la grasa del tuétano puede no sonar muy apetecible, pero es enormemente nutritiva y un combustible excelente no solo para el esfuerzo físico sino también para un gran cerebro. El cerebro es un mecanismo extremadamente hambriento de potencia, y aunque suma solo el 2 por ciento del peso corporal, es responsable del gasto del 20 por ciento de toda la energía consumida, por lo que requiere una constante alimentación. Nuestros antecesores de hace dos millones de años aseguraban su futuro siendo realmente astutos. Cuando los más fuertes, rápidos y feroces depredadores estaban descansando por calor, ellos eran capaces de buscar comida. Utilizando herramientas como estas para obtener el tuétano de los huesos, la parte más nutritiva de una res muerta, pusieron en marcha un antiguo circulo virtuoso. Esta disponibilidad de comida para el cuerpo y mente, significaba que más cerebrados individuos podrían sobrevivir, criando más cerebrados niños, capaces a su turno de hacer cada vez más complejas herramientas. Contínuo proceso del que usted y yo somos justamente la última iteración.

La mayoría de los animales usan objetos, principalmente los simios. Pero lo que nos coloca aparte de ellos en este momento de la evolución es que, a diferencia de ellos, nosotros hacemos herramientas “antes” de necesitarlas. Y, una vez que las hemos usado, las guardamos para usarlas de nuevo: es el origen de la caja de herramientas.

El cerebro humano ha continuado evolucionando constantemente durante miles de años. Y lo que resulta realmente interesante es que nuestro cerebro empezó a devenir asimétrico bajo la presión de todo un conjunto de diferentes funciones -lógica, lenguaje, coordinación de movimientos necesarios para la fabricación de herramientas, imaginación y pensamiento creativo- a diferencia del cerebro de los simios que permaneció más pequeño y simétrico. Lo que ahora estamos viendo en esta herramienta de corte es el momento exacto en el que devinimos distintivamente inteligentes, y con un impulso no tanto a hacer cosas… como a imaginar cómo podríamos hacerlas mejores.

Este objeto está a la base de un proceso que ha resultado casi obsesivo entre los seres humanos. Es algo creado a partir de una substancia natural, pero con un propósito particular y de una particular forma, con una noción previa en el cerebro del constructor de para qué necesidad estaba destinado. ¿Es más complejo de lo que era estrictamente necesario para servir a la función para la iba a ser usado? Pienso que ustedes podrían casi decir que si. ¿Realmente, él necesitaba hacer uno, dos, tres, cuatro, cinco tallas en un lado y cuatro en la otra? ¿Podría haberlo resuelto solo  con dos? Yo también pienso que sí. El hombre o mujer que cogió esto, lo  hizo exactamente para esa particular tarea, y quizás quedara muy satisfecho de saber que iba a ser muy efectivo, económico y preciso. Pero aunque en un principio se pudiera decir que lo había hecho “muy bien”, tal vez todavía no era asi, y se trataba solo del comienzo de un viaje” (David Attenbourgh)

Sin todos esos “extras” en el borde de la herramienta de cortar, toda esta serie de programas sería imposible, porque esos “extras” nos dicen que desde el mismo comienzo, nosotros, a diferencia de otros animales, hemos procurado hacer “objetos” más complicados de lo que “realmente” necesitaban ser. Como puede verse, estos objetos traen poderosos mensajes acerca de sus fabricantes, y esta herramienta de corte está en el inicio de una relación entre humanos y las cosas creadas por ellos, que conjuntamente han devenido en una historia de amor y de dependencia.

Hoy, nosotros no podemos ya sobrevivir sin los objetos que hemos hecho, y en este sentido, haciendo objetos es como nos hacemos humanos. El descubrimiento de Leakey en la cálida tierra del Valle del Rift hizo algo más que llevar a los hombres más atrás en el tiempo: puso de manifiesto que todos nosotros descendemos de aquellos ancestros africanos; de modo que cada uno de nosotros es parte de la gigantesca diáspora africana. Nosotros no solo tenemos a Africa en nuestro ADN sino que toda nuestra cultura empezó en ese mismo lugar. Wangari Maathai, es una ambientalista keniata y Premio Nobel de la Paz:

Hasta ahora pareciera que la información que tenemos nos dice que provenimos de algún lugar del este de Africa. Y, por supuesto, para mucha gente esto puede ser sorprendente porque estamos acostumbrados a ser divididos en lineas étnicas o raciales, y miramos todo el tiempo por las razones que nos hacen ser diferentes unos de otros. Puede ser sorprendente para nosotros tomar consciencia de que nuestras diferencias son muy superficiales, como el color de la piel o de los ojos, o la textura de tu cabello, pero que esencialmente todos provenimos del mismo tallo, del mismo origen. Por eso pienso que en la medida en que continuemos comprendiendonos a nosotros mismos y en esa medida apreciando al otro, tomando conocimiento de un común origen, seremos capaces de librarnos del montón de prejuicios que albergamos en el pasado”

Oyendo las noticias en la radio es fácil imaginar un mundo dividido en tribus rivales y civilizaciones en competencia. Por eso es bueno, esencial de hecho, recordar que la idea de una común humanidad no es solo un sueño ilustrado, sino una realidad genética y cultural. Y eso es algo a lo que veremos una y otra vez en este programa.

Nuestro próximo objeto es una herramienta que la gente llevaba con ella cuando dejaron Africa por primera vez, comenzando su expansión a lo largo del mundo. Ella fue, muy propiamente, llamada la Navaja Suiza de la Edad de Piedra… : El hacha de mano.

Notas:

iIndustria lítica. Ver en http://es.wikipedia.org/wiki/Industria_l%C3%ADtica

iiArzobispo Ussher. Ver en http://es.wikipedia.org/wiki/James_Ussher

Episodio 1 – La momia de Hornedjitef.

Episodio 1 – La momia de Hornedjitef. Momia de Hornedjitef (3ra centuria a.C). Un ataúd de madera de Tebas, Egipto. 

A History of the World in 100 Objects, producción del British Museum y de la BBC. Link del programa, grabación en inglés y fotografías de los objetos comentados: http://www.bbc.co.uk/ahistoryoftheworld/objects/sogITE3FSKStlk12qd2W3w)

Episodio 1 Mummy of Hornedjitef

Lo que oyen es el sonido del pasado -de hecho, es el sonido de un fantasma-: el inquietante pulso magnético -todo lo que queda de una inmensa estrella-, que podemos oír todavía gracias al Centro de Astrofísica Jodrell Bank(1). La explosión que mató esa estrella fue tan intensa que fue vista a plena luz del día a lo largo de Europa, Norteamérica y China, en el verano del año 1054(2), hasta el extremo de que ese año fue el nombre con el que se la conoció en Europa(3). ¿Cómo era nuestro mundo entonces, mientras hombres y mujeres de todos sitios, como fuera que contaran los años, miraban al cielo, a esa estrella moribunda que ellos entonces podían ver -y nosotros todavía podemos oír?. Pues bien, un millar de años atrás las pirámides empezaban a tomar forma sobre el rio Mississippi; los primeros billetes bancarios circulaban en China; una magnífica Bagdad era la más grande ciudad del mundo; en el oeste de Africa, Ghana gobernaba un vasto imperio, y en una fría isla del norte de Europa una desagradable sorpresa aparecía en el horizonte de un rey llamado Harold.

En estos programas viajaré atrás en el tiempo, y a lo largo del mundo, para ver cómo los humanos alrededor de dos millones de años atrás dimos forma al mundo mientras éramos formados por el. Y contaré esa historia exclusivamente a través de objetos hechos por el hombre… toda una suerte de “cosas”, algunas de las cuales fueron cuidadosamente diseñadas, admiradas y preservadas, y de otras que fuero usadas o rotas o tiradas a la basura. Hemos elegido solo un centenar de objetos, procedentes de diferentes extremos de nuestro viaje -desde una olla a un galeón de oro, desde una herramienta de la Edad de Piedra a una tarjeta de crédito-, y en cada programa hablaremos sobre uno de esos objetos, todos pertenecientes a la colección del Museo Británico.

“Cuando lo vi, inmediatamente pensé en la maestría de tecnología y arte, en la intima unión de ambos…”

“Pensé que era hermoso de mirar, que me hacía sentir que era usado y usado una y otra vez…”

“Es un bello objeto, y fascinante, por supuesto, porque probablemente es muy preciso…”

“Con esto puedo sentir lo que era salir por la sabana africana…”

En nuestro camino, iremos hasta los primeros orígenes de la historia humana, pero no empezaremos allí. Hoy, yo quiero empezar con las momias, que es donde empecé la primera vez que crucé las puertas del Museo Británico en 1954 a la edad de 8 años, y que es donde pienso que empiezan la mayoría de los visitantes en su primera visita al museo, y a donde con toda seguridad, la mayoría de los niños que oís a mi alrededor se dirigen. Lo que me fascinaba por entonces eran las momias en si mismas, esa horripilante y emocionante imagen de los cuerpos muertos… pero ahora en cambio estoy mucho más interesado en sus ataúdes. Y para este primer programa he escogido uno en particular, porque este ataúd trae hasta nosotros todo tipo de diferentes mensajes a través de los milenios, de cosas que comunicarnos como si se tratara de señales desde el pasado, y que son el tipo de mensajes que voy seguiremos buscando en todos los objetos de esta serie.

Contar la historia a través de objetos, se trate de un ataúd de momia o de una tarjeta de crédito, es el cometido para el que fueron hechos los museos; y como el Museo Británico ha coleccionado objetos de todo el mundo, no parece un mal sitio para intentar contar una historia del mundo. Obviamente ella solo puede ser “una” historia del mundo, no “la” historia del mundo. Cuando la gente viene al museo elige sus propios objetos y hacen su propio viaje alrededor del mundo y a través del tiempo. Pero pienso que lo que ellos rápidamente encuentran es que sus propias “historias” rápidamente intersectan con las de todos los demás, y que cuando ello ocurre no obtienes solo la historia de un pueblo particular o nación, sino la historia de sus infinitas interconexiones. Nadie ha pensado más profundamente acerca de esto que el economista indio y Premio Nobel Amartya Sen:

“Pienso que es verdaderamente importante reconocer que, cuando observamos la historia del mundo, no estamos viendo la historia de diferentes civilizaciones, truncadas y separadas unas de otras. Ellas han tenido un inmenso número de contactos, de interconexiones. Por eso, siempre sentí que había que pensar la historia del mundo no como la historia de las civilizaciones, sino como la historia de las -interconexiones de las- civilizaciones del mundo en a menudo similares o diversos modos, pero siempre interaccionando unas con otras. Y esto es una muy diferente manera de ver el conflicto de civilizaciones al que nos enfrentamos desde hace unos años atrás, así como un modo diferente de entender la “enemistad” en el mundo. La enemistad no ha sido el modo general de relaciones entre la gente a través de la historia del mundo”.

La mayoría de nosotros piensa que si volviéramos al museo que visitamos cuando chicos, tendríamos la sensación de que nosotros somos los que hemos cambiado enormemente, mientras las “cosas” se han mantenido siempre serenamente estables… pero por supuesto, eso no es lo que verdaderamente ha ocurrido. Y gracias a las constantes investigaciones, y a las nuevas técnicas científicas, lo que sabemos acerca de ellas está en permanente crecimiento.

Echemos un vistazo a uno de los más impresionantes ataúdes de momias del Museo Británico. Este fue realizado alrededor del 240 BC para un sacerdote egipcio de alto rango llamado Hornedjitef. Por un lado, tenemos una caja maciza exterior negra en forma de cuerpo humano, por otro una caja interior elaboradamente decorada, y dentro de esta, la momia. Todo lo que sabemos sobre Hornedjitef lo sabemos exclusivamente por este grupo de objetos. Se podría decir que él es su propio documento, y se trata de un documento que continúa entregando cada dia sus secretos. A mi colega John Tylor, quien ha estado investigando momias en el Museo Británico durante 20 años, le pregunté qué habíamos aprendido acerca de Hornedjitef, desde que él llegó al museo:

“Cuando él llegó al museo en 1835, la escritura jeroglífica acababa de ser descifrada, por lo que el primer paso importante fue leer todas las inscripciones de estos ataúdes, que nos dirían quién era, cuál era su trabajo, y algo sobre el trasfondo religioso que el conocía”.

El fue un sacerdote del templo de Karnak alrededor del 250 BC. Como todos los egipcios, creía que si su cuerpo era preservado podría vivir más allá de la muerte. Pero antes de alcanzar la otra vida debería acometer un azaroso viaje, para el que necesitaba prepararse con sumo cuidado. Para ello, llevó consigo magias, amuletos y hechizos para atender todo tipo de eventualidades; y en la tapa de su ataúd interior hizo pintar un mapa del cielo, extendido sobre el, que le ayudase en la navegación. De hecho, Hornedjitef había encargado en su ataúd su propio cielo y su propia máquina del tiempo. Este elaborado ataúd que le permitiría navegar a través del tiempo y del espacio, gracias a su meticulosa preparación, nos ha permitido a nosotros viajar en la dirección opuesta, regresando hacia él y su mundo.

“En los últimos 20 años ha habido grandes pasos en la reunión de información. Así, hoy miramos el estado de los cuerpos escaneándolos en forma no invasiva. Ello nos permite examinar los dientes con gran detalle, ver su uso, desgaste y enfermedades sufridas. O estudiar sus huesos, y ver por ejemplo que Hornedjitef padecía una artritis en su espalda que pudo resultarle muy dolorosa” (John Tylor)

Pero los avances científicos del último par de décadas nos han permitido descubrir mucho más que el mal de espalda que sufriera Hornedjitef. Si las palabras escritas en su ataúd nos hablaban sobre su lugar en la sociedad, y sobre lo que esa sociedad creía respecto de la vida después de la muerte, las nuevas técnicas científicas nos llevaron un paso más allá, y por medio del análisis de los materiales con que fueron construidos momias y ataúdes pudimos ver cómo Egipto estaba conectado con el mundo que le rodeaba.

“Pero también podemos ver las substancias que fueron usadas en la momificación, testarlas, ver su composición química, y encontrar no solo qué materiales eran, sino su procedencia. Hoy podemos comparar esos inventos químicos con substancias encontradas en diferentes partes del Mediterráneo, y comenzar a reconstruir la red de tráfico de mercancías que suministraba esos productos a Egipto. Algunas de esas momias tienen betun sobre su superficie -una sustancia alquitranada negra- y por análisis de su composición es posible trazar su fuente -que hoy sabemos provenía del Mar Muerto. Toda esa información ahora va rellenando las lagunas que los textos no nos decían” (John Tylor)

Y por supuesto, no es solo el ataúd de Hornedjitef quien nos dice cada día más y más. Todos los objetos que iremos viendo en esta serie van progresivamente liberando información a medida que los estudiosos encuentran nuevos modos de examinarlos.

La mayor parte del material que Hornedjitef tenía consigo fue diseñado para guiarle a través de gran viaje a la otra vida, con mapas estelares y frases que le ayudarían a superar todas las previsibles dificultades. Lo único que su mapa estelar quizás no predijo, fue que a la larga acabaría en el Museo Británico. Francamente, la perspectiva de Bloomsbury podría no haberle sido muy agradable, pero el hecho es que él y sus posesiones acabaron aquí de todos modos. Cuestiones como estas surgen frecuentemente: ¿a dónde pertenecen las cosas que recibimos del pasado? ¿siempre deben exhibirse en el lugar donde fueron construidas? Volveremos una y otra vez sobre este asunto en distintas ocasiones, a lo largo de los diferentes programas, pero yo pregunté a la escritora egipcia Ahdaf Souief sobre cómo ella se sentía respecto de ver tantas antigüedades egipcias tan lejos de casa:

“En ultima instancia, probablemente no es mala cosa tener obeliscos, piedras y estatuas egipcias esparcidas por todo el mundo. Ello puede recordar las épocas del colonialismo, es verdad, pero también recuerda al mundo una común herencia. Y esa idea de un pasado común es la que deviene más y mas evidente e importante para mi, tanto más cuanto más tiempo paso trabajando en el Museo Británico. Personalmente, pienso que nada hay tan importante hoy como pensar sobre que la historia del mundo es una historia compartida.

Si yo pudiera diseñar un programa de educación universal, haría que cada niño del mundo aprendiese una breve historia del mundo centrada en los elementos comunes. Ello mostraría cómo la gente percibe sus relaciones con los otros, con el planeta y con el universo, y mostraría la historia humana como una suerte de proyecto en marcha, inacabado y conjuntamente articulado, en la que un montón de gente se levanta donde otros tuvieron que dejarlo” (Ahda Soueif)

Empezamos este programa con el sonido de una estrella, cuya explosión fue vista a lo largo de medio mundo alrededor del año 1066. Pero la historia de gentes que construían objetos empezó cerca de 2 millones de años más atrás. Y una vez más, el radiotelescopio puede permitirnos sintonizar el eco de otra estrella agonizante, una que nuestros ancestros, hace cerca de dos millones de años pudieron ser capaces de ver. Pero llegados a este punto de la historia, todos nuestros ancestros vivían en Africa.

Y si en ese momento, 1,8 millones de años atrás, usted hubiera estado mirando la explosión de esa estrella en el Valle Rift, en el Este de Africa(4), usted también habría oido el sonido de las primeras manos humanas creando el más antiguo objeto conocido, manufacturado por humanos. Aquellas manos dieron forma a unas herramientas de piedra que representan el primer paso en ese gran viaje de dar forma a nuestro mundo. Y para mi, ese hacer cosas y empezar a depender de ellas, es lo que nos aparta de todos los demás animales y, en definitiva, nos vuelve en los seres humanos que somos hoy en día. Y, esa, una de las primeras herramientas de piedra, es de la que vamos a hablar en el próximo programa.

 

Notas:

1 Observatorio Jodrell Bank. Ver en: http://es.wikipedia.org/wiki/Observatorio_Jodrell_Bank

2 La explosión de una estrella supernova ocurrida en el año 1054 quedó registrada en la inscripción prehispánica de Tuitán en Durango, México. Ver en : http://terraeantiqvae.blogia.com/2008/012901-la-explosion-de-una-estrella-supernova-ocurrida-en-el-ano-1054-quedo-registrada-.php

3 Supernova (SN) 1054. Ver en: http://es.wikipedia.org/wiki/SN_1054.

4 Valle del Rift. Ver en http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Valle_del_Rift