Conceptos básicos de El Capital.

Jorge Negro Asensio

Aldaia, 28 de noviembre de 2014.

Presentación y resumen de los primeros 8 capítulos de El Capital (tomo I) de K.Marx.

(A continuación solo se reproduce la INTRODUCCIÓN, resto del documento disponible en el enlace  CONCEPTOS BASICOS DE EL CAPITAL).

http://people.safecreative.org/conceptos-basicos-de-el-capital/w1411232582049

 

INTRODUCCIÓN

Estado de la cuestión.

“La opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general” (Alejo Vidal-Quadras dixit 13- jul-2014)

Este es el “estado del conocimiento” a 2014. Pero no debería sorprendernos; barbaridades como esta ya se decían en 1714:

“Había una colmena que se parecía mucho a una sociedad humana bien ordenada. No faltaban bribones, ni malos médicos, malos sacerdotes, malos soldados, malos ministros. Y por supuesto, tenía una mala reina. Todos los días se cometían fraudes, y la justicia, llamada a reprimir la corrupción, era ella misma corruptible. Cada profesión y cada estamento, estaban llenos de vicios, y sin embargo la nación no era por ello menos próspera. Los vicios de los particulares contribuían a la felicidad pública; y esta felicidad, al bienestar de los particulares.

Pero un funesto dia se produjo un cambio en el espíritu de las abejas, y tuvieron la singular idea de no querer en adelante otra cosa que honradez y virtud. El amor exclusivo al bien se apoderó de los corazones, y pronto comenzó la ruina de la colmena. Desaparecidos los excesos, desaparecieron las enfermedades y no se necesitaron más médicos. Acabadas las disputas, se interrupieron los juicios y con ellos la necesidad de jueces y abogados. Las abejas, se volvieron económicas y moderadas: no más lujos, no más arte, no más comercio, y la desolación, en suma, fue general.

La conclusión fue inequívoca: Dejad, abejas, de quejaros: sólo las tontas se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado. Fraude, lujo y orgullo deben resplandecer, si queremos gozar de sus dulces beneficios”. (Bernard de Mandeville, La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1982).

Uno podría pensar que Mandeville estaba bromeando, incluso que hacía una crítica divertida y mordaz a las sinvergüencerías de la clase dirigente su época. Pero no, para nada. Mandeville, hablaba muy en serio:

“Allí donde la propiedad está bien protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, porque ¿quién haría sin pobres el trabajo?… Se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, pero no deben recibir nada que valga la pena ahorrar. Y si con todo, un pobre, gracias a una diligencia extraordinaria y apretarse el cinturón, prospera, nadie debe impedírselo; el ahorro es la mayor virtud individual. Pero a todas las naciones ricas les interesa mucho más que sus pobres gasten continuamente todo lo que perciben… pues los que se ganan la vida con su trabajo diario no tienen nada que los ayude tanto a ser serviciales como sus necesidades: estas, es prudente mitigar, pero es insensato curarlas. La única cosa que hace diligente al hombre que trabaja es un salario moderado: si es demasiado pequeño lo desanima o, según su temperamento, lo empuja a la desesperación; pero si es demasiado grande, se vuelve insolente y perezoso… De donde se desprende que en una nación libre, donde no se permite tener esclavos, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos. Porque además de ser la fuente inagotable de las armadas y los ejércitos, sin verles no habría ningún disfrute y ningún producto tendría valor. Por eso, para hacer feliz a la sociedad y para contentar al pueblo aun en su mísera situación, es necesario que la gran mayoría siga siendo tan ignorante como pobre. Pues el conocimiento amplía y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos desee un hombre tanto más fácilmente podrán satisfacerse sus necesidades” (Mandevill, B. Citado en Marx, K. El Capital, tomo I, cap XXIII)

Estas cosas se podían decir y discutir siempre y cuando la población lectora no superara el 1% de la sociedad, coincidente además con la clase dirigente. 150 años después, la alfabetización universal obligó modificar el discurso, aunque de vez en cuando sigan apareciendo un Vidal-Quadras, un Warren Buffet o un Sheldon Adelson mostrando en su lengua las pústulas de podredumbre del sistema.

 

¿Por qué hay que leer El Capital?

Primeramente, porque al Capital le pasa lo que al Quijote: que todo el mundo lo cita y comenta, pero muy pocos lo han leido de primera mano.

  • Algunos, quizás, porque han llegado a él a través de las gafas de otros autores, “facilitadores” cuya explicación puede llegar a ser tan oscura que frustre toda comprensión y acobarde cualquier intento posterior de abrevar en el original.
  • Otros, porque han sido víctimas de traducciones nefastas, algo que puede ser incapacitante cuando se llega a partes del texto de innegable aridez o complejidad.
  • Y otros, seguramente la mayoría, porque sumado a lo anterior, han hecho suyo el bulo dominante de que se trata de una obra desfasada, caduca, prescindible. Que el mundo ha cambiado, que el capitalismo globalizado y financiero ya no es el mismo… Que el marxismo es una teoría del crecimiento y del pleno empleo, y que ahora hay que abogar por decrecimiento y la renta básica. Que el modelo social que Marx propone es utópico. Que el socialismo real ha fracasado… En fin… Argumentos, hay muchos.

Menuda sorpresa se llevarían, unos y otros, si pudieran acceder sin filtros a la obra original, en alguna de las magníficas traducciones de que hoy disponemos.

  • Los primeros, encontrarían que el Capital es una obra diáfana, cristalina. Compleja y profunda, sin duda, pero extraordinariamente pedagógica y agradecida ante el esfuerzo del lector. Una obra científica y filosófica imponente, pero escrita no para científicos ni filósofos, sino con la firme voluntad de ser comprensible a cualquier obrero con un nivel de comprensión lectora de bachillerato, o de EGB bien aprovechada.
  • Los últimos se encontrarían con que de nada de eso trata El Capital. El Capital es una obra muy modesta: trata simplemente (y nada menos que) de las bases fundamentales de la economía capitalista; de su origen, de su estructura y funcionamiento profundos, de las leyes que lo rigen y de las tendencias por las que además no puede ser de otra manera.

Decir que El Capital está obsoleto, y que en su lugar hay que dedicar el tiempo a estudiar teorías alternativas, o finanzas o relaciones internacionales, es como sostener que hay que estudiar computación, química o estadística … en vez de algo tan antiguo como la aritmética.

Sería una ingenuidad, si no fuera porque no lo es: se trata de un mensaje cuyo fin es disuadir de su lectura. No quieren que lo leamos.

Y no lo quieren, porque al igual que todo empresario sabe que las decisiones estratégicas de su empresa se toman contando con los dedos (y que la estadística solo es útil para justificar o esconder chanchullos), el capitalista sabe que el ABC de su negocio está en El Capital. Sin el fundamento de El Capital, la mayor parte de lo que se enseña bajo el epígrafe de “economía política” no es más que el manto de ruido e ideología con el que hoy se encubren las relaciones de explotación, y se justifican las decisiones políticas que mantienen el statu quo en un mundo alfabetizado e interconectado.

Explotacion, desigualdad social, violencia, manipulación las hubo siempre, toda vez que alguien fue capaz de apoderarse de recursos, medios de producción o medios de subsistencia. Lo que llamamos progreso, puede resumirse en la evolución histórica de las formas de extraer plusvalía, y de contener o desactivar revueltas sociales.

“Nadie es lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.” (Rousseau, J.J. Del Contrato Social)

El capitalismo es solo la forma peculiar en que una sociedad mercantil extrae la plusvalía mediante el trabajo asalariado y el consumo. Y El Capital, es su gran desvelador. Probablemente, el único esfuerzo de desvelamiento completo y sistemático del capitalismo, hecho con toda ingenuidad, disponiendo de toda la información, y previamente a la puesta en marcha de su maquinaria de ocultación. Hasta hoy.

La Revolución Francesa había mostrado que otro mundo era posible. Pero la Santa Alianza y la Restauración, en firme alianza con la alta burguesía, también habían dejado claro que no volverían a permitir vacíos de poder, ni cambios políticos ni económicos, sin poner sobre la mesa cuantos muertos ajenos fueran necesarios. Democracia y revolución condenados a ir de la mano. Pero la revolución general nunca se produjo; y los alzamientos del 48 (igual que ocurriría más tarde con la Comuna de París) acabarían ahogados en sangre.

Marx tuvo que huir y exiliarse en GB.

A partir de entonces se dedicó obsesivamente a dos actividades:

  • Promover y organizar la asociación de trabajadores, procurando entender y romper la falsa conciencia que impedía a los obreros desligarse de la ideología de la clase dominante (fenómeno que dicho sea de paso no sería empezado a comprender -entre otros, por los modelos antropológicos del Materialismo Cultural- hasta los años 80 del siglo pasado)
  • Tratar de desentrañar las leyes que subyacen a la economía capitalista.

Dedicó 20 años a bucear en la Biblioteca del Museo Británico, estudiando Historia, economía clásica, y sobre todo los datos de las extraordinarias estadísticas recogidas en los Libros Azules del gobierno inglés.

En 1867 dio a luz la primera edición de El Capital, pero la actividad política, el esfuerzo titánico de redacción del primer tomo, y la obsesión correctora de las sucesivas reimpresiones frustraron la publicación de los dos siguientes, de los que solo quedaron borradores y notas que post mortem Engels, la hija y el yerno de Marx se encargarían de publicar.

Marx murió el 14 de marzo de 1883, apátrida, y a su entierro solo acudieron 9 personas.

Sin embargo, la obra que nos legó dio lugar a una revolución política e intelectual; y hoy, aunque no se lea, es un clásico:

  • Primero, porque es una obra científica mayúscula, de apabullante vastedad, realizada con meticulosidad y precisión tan asombrosas que 150 años después sigue permitiendo a cada generación múltiples relecturas.
  • Y segundo, porque para nuestra desgracia y contra todo pronóstico, no perdió vigencia ni capacidad iluminadora. El capitalismo industrial nacional, para el que Marx formuló sus leyes, fue capaz de superar una tras otras todas sus contradicciones y crisis sistémicas, derivándolas bien sobre los trabajadores o sobre otras regiones del planeta, sobreviviendo a dos guerras mundiales, a los fascismos y comunismos, y llegar hasta nosotros reconvertido en capital financiero globalizado, trasponiendo todos los elementos que Marx había descrito para un entorno nacional acotado, a un nuevo entorno también acotado pero a escala planetaria.

El Capital década tras década sigue saliendo desde el fondo de las bibliotecas como un foco incómodo, para iluminar una y otra vez y poner ante nuestra vista todo lo que nos esconden … y también lo que no queremos ver.

La vida material de los hombres domina y condiciona el desarrollo de la vida social, política e intelectual. Por eso, toda posibilidad de libertad individual y colectiva pasa por el conocimiento profundo de las leyes que determinan nuestra vida material. Conocimiento, para la autoconciencia; autoconciencia para la emancipación.

Ese y no otro era y es el cometido de El Capital: poner de manifiesto las leyes y tendencias que subyacen al modo de producción capitalista, y correr el velo del relato dominante que esconde la desigualdad y la explotación. Correr el velo para alumbrar la estructura de lo real y dar una oportunidad a la acción humana y a la libertad.

Hoy, fuera del ámbito académico, prácticamente ni se le lee ni se le discute. Las referencias a El Capital no pasan de frases hechas, descontextualizadas y privadas de su poderoso aparato argumentativo. Sin embargo, nos es aplicado a diario y con fervor por los teóricos y técnicos del poder. Convendría tenerlo presente, al menos para reconocer ciertos gestos y verlos venir.

La clase obrera sucumbió a la falsa conciencia y al consumismo igualador, renunciando a la movilización de clase y sindical, olvidando que lo que distingue al asalariado del burgues no es su nivel de consumo sino la propiedad de los medios de producción y el acceso a los recursos naturales. Una renuncia que, no sabe, llevaba aparejada la renuncia a la ciudadanía, puesto que sin igualdad material no hay igualdad legal, y ante derechos iguales siempre gana la fuerza. Una tragedia, más tragedia aun por anunciada.

A quienes ya conocéis la obra, seguramente muchos en este foro, os invito a releerla. Personalmente, si diez veces la he leído, diez veces me he sorprendido con ella: es inagotable. Y a quienes todavía no lo habéis intentado, os invito a leerla: no se trata solo de una de las obras más importantes de la historia del pensamiento universal, sino que pocas puede haber hoy más pertinentes.

No está demás insistir en que se trata de una obra que a veces puede resultar difícil, pese al esfuerzo de su autor, con pasajes verdaderamente áridos, sobre todo los primeros 4 capítulos, por añadidura los más importantes. De esto, Marx era consciente:

“Los comienzos son siempre difíciles, y esto rige para todas las ciencias”. “Nada puedo contra esto, salvo advertir y prevenir a los lectores que buscan la verdad. En la ciencia no hay caminos fáciles, y solo podrán acceder a sus cumbres luminosas quienes no teman fatigarse escalando por senderos escarpados” (Marx, K. El Capital, tomo I. Prologo a la edición francesa, 1872.

Con esto a la vista, y con la muy modesta intención de allanar el camino de su lectura, a continuación intentaré un breve resumen, un escueto mapa, de los primeros capítulos de El Capital. Ojalá sea un estímulo, y no otro obstáculo más, para quienes luego quieran acercarse de primera mano al original.

Jorge Negro Asensio

Aldaia, 28 de noviembre de 2014

 

MATERIALES y actividades.

La edición recomendada de El Capital es:

MARX, K. – EL CAPITAL – TOMO I (Ed. Siglo XXI) Traducción y notas de Pedro Scarón, sobre la última edición supervisada personalmente por Marx.

◦ Enlace a PDF: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/

◦ Audiolibro en mp3 para discapacitados visuales (solo texto, sin notas) http://jornea.blogs.uv.es/2012/07/27/marx-el-capital-tomo-i-sin-notas/

Además, todos los años en febrero, se inicia una lectura pública, colectiva y discusión en voz alta, de la obra completa (linea a linea). Es una actividad no erudita, dirigida a ciudadanos en general. Duración 12-15 meses, en sesiones semanales de 2 horas: Seminarios de Lectura de El Capital. http://jornea.blogs.uv.es/seminarios-de-lectura/

 

Enlace al documento completo, CON EL RESUMEN CAPÍTULO A CAPÍTULO:

CONCEPTOS BASICOS DE EL CAPITAL

Husserl – Del Tribunal de la Razon a la autonomía moral como autoconstrucción del sujeto

Husserl – Del Tribunal de la Razon a la autonomía moral como autoconstrucción del sujeto

Jorge Negro Asensio

Valencia, 3 de julio de 2014

 

Ensayo sobre el pensamiento de Husserl, y su concepto de Renovación del Hombre y de la Cultura.

[Del Tribunal de la Razón kantiano a la crisis finisecular. Naturalismo, historicismo y relativismo. Eticas formales y éticas materiales. Crisis civilizatoria y de racionalidad, y la aparición del sujeto moral como autoconstrucción, como acción de determinación del sujeto.]

Enlace al documento completo en http://www.safecreative.org/work/1411262602458-husserll-del-tribunal-de-la-razon-a-la-autonomia-moral-como-autoconstruccion-del-sujeto

 

Sinopsis y justificación del ensayo:

“Del Tribunal de la Razón a la autonomía moral como autoconstrucción del sujeto”.

  

INTRODUCCION

 Por qué, Husserl, hoy.

Hay dos cuestiones que despertaron mi interés inicial en el autor y los problemas por él planteados, y que por tanto dan justificación al ensayo:

  • por un lado, el contexto de crisis generalizada a que Husserl intentó dar respuesta;

  • y por otro, las lecciones que ese contexto y esa respuesta puedan suponer para nosotros, una generación que vive 100 años después de aquello, en un mundo sin duda profundamente diferente, pero de alguna manera inquietantementente familiar.

 Con la primera de esas cuestiones (el contexto) introduciré la sinopsis, y con la segunda (la lección) intentaré cerrarla.

La crisis finisecular.

 Es un lugar común que la Gran Guerra dio fin a un muy largo y durísimo siglo XIX.

 Un siglo que, en lo político y económico, había arrancado con la Revolución Francesa, dando fin al Antiguo Régimen. Para nosotros, es obvio que ese salto venía fuertemente marcado por la Ilustración, la independencia de las 13 colonias americanas y la primera Revolución Industrial. Pero como decía Zweig, “una Ley inexorable de la Historia impide a los hombres percibir y ser conscientes de los actos que definen su época”.

 Así, para la mayoría de sus contemporáneos, la Revolución no fue sino un eslabón más en una larga e impredecible cadena de acontecimientos: la Santa Alianza, los nacionalismos, la Restauración, los conflictos obreros; la Segunda Revolución Industrial, la política de las cañoneras, el voto universal masculino, el Estado del Bienestar, la Sociedad de Masas…

 100 años en los cuales el hambre o la represión política y religiosa expulsaron a 100 millones de europeos excedentes, seguramente, en el mayor movimiento migratorio de la Historia, contribuyendo masivamente a la colonización lingüística, política y genética de toda América, y las costas de África, Asia y Oceanía.

 En lo intelectual, artístico, científico o filosófico, semejante hecatombe no podía menos que tener su correlato:

 El neoclasicismo, medio de expresión de la Ilustración y del fin del Antiguo Régimen, cedía ante el romanticismo y el realismo, reflejos de los nacionalismos, las revueltas sociales y la represión obrera y campesina. Y el impresionismo, de la mano de la segunda revolución industrial y del Estado Social llegaba para responder de los vertiginosos y generalizados progresos en las ciencias positivas.

 La exploración y cartografía de la totalidad del globo terráqueo, la implantación de un “tiempo universal”, la revolución en biología, electromagnetismo, química, astronomía, … todo contribuía a una completa desacralización, racionalización e instrumentalización del mundo. Algo que no podía menos que provocar un asombro ingenuo y sincero, y quedar reflejado de alguna manera en la evolución filosófica desde Kant: el liberalismo (Bentham), el utilitarismo (Stuart Mill), el idealismo alemán (Hegel), el empirismo (Brentano, de gran influencia en Husserl), el positivismo (Comte), el marxismo, el nihilismo (Nietzsche), el pragmatismo (Pierce, Dewey, William James) o el existencialismo (Kierkegaard).

 Por tanto, a finales de siglo XIX (el período del que nos toca hablar), según en qué “mundo” uno hubiera nacido (o siendo algo más ácidos, según desde qué nivel de la pirámide alimenticia uno se pusiera a reflexionar), tanto la experiencia vital como las expectativas razonables podían ser de lo más disímiles. El abanico de posibilidades abarcaba desde un optimismo tecnológico, social y político como el de la Sociedad Fabiana; un decadentismo a lo Oscar Wilde; una absoluta fe en la razón y en el progreso continuado de la especie, como la promovida por las Exposiciones universales, o un nihilismo irracionalista embarcado en todo tipo de ensayo místico o esotérico, como en Maeterlinck o Huxley.

 En el caso de Husserl, su “mundo”, la Austria finisecular, no era otro que el Mundo de Ayer de Zweig, el “mundo de la seguridad”, la kakania de Musil. Un mundo donde lo esperable era una infinita fe en la Razón.

 Pero ese era un “mundo” apoyado inestablemente en la negación de los “otros” mundos, también presentes, y contradictorios y excluyentes. Una negación que a la postre acabaría engulléndoles a todos en esa inmensa picadora de carne humana que fue la Gran Guerra, un ajuste de cuentas planetario, en dos actos, en cuyo intermedio Husserl tuvo que vivir y reflexionar.

SINOPSIS POR EPÍGRAFES

 1. Del Tribunal de la Razón a la Post-filosofía

 Para Husserl, estábamos ante una crisis civilizatoria, generalizada, que abarcaba todas las facetas de lo humano. A los conflictos sociales y políticos, se sumaba un constante cuestionamiento de todas las ramas del saber, que afectaba no solo a las ciencias del espíritu, sino incluso a saberes que se suponía establecidos con firmeza como los de la Física o los de la Biología. Y esa crisis era el resultado de una completa falta de fundamentos, a causa del abandono negligente del esfuerzo por establecer las condiciones trascendentales de la experiencia, ya fuera intelectual, moral o estética.

2. HUSSERL VS DILTHEY

 El historicismo y el naturalismo (personificados en Dilthey) y el psicologismo, consistente en una reducción de la conciencia y del conocimiento a realidad natural, nos habían hecho olvidar la necesaria y legítima aspiración a contar con un Tribunal de la Razón. Habíamos sido presa de un relativismo suicida, y aceptarlo era no solo renunciar al ideal de Tribunal de la Razón, sino también renunciar, junto con ello, a la aspiración de que la filosofia pudiera funcionar como una ciencia estricta de esencias y por tanto como un saber normativo.

3. HUSSERL VS. HEIDEGGER

 Por eso Husserl se empeña en procurar una fenomenología de la conciencia; en alcanzar un conocimiento apriórico, normativo, que permita fundar las ciencias y una teoría de la verdad. Pero la barbarie de entreguerras cambiaba el mundo muy rápidamente, sepultando junto con el “mundo de la seguridad”, buena parte de lo que quedaba de la antigua fe en la razón. Incluso su mismo discípulo, Heidegger, abriría el camino de la facticidad, yendo a buscar el fundamento último del sujeto (y por tanto de toda experiencia) por detrás de la Razón, por detrás de la conciencia, e incluso por detrás de la propia lógica.

 Tras su depuración como judío, en la Alemania nazi de 1933, un Husserl ya anciano seguirá fiel a su empeño de perfeccionar el método fenomenológico, … pero ya cada vez menos ocupado del trascendentalismo (como ciencia de esencias) y cada vez más volcado en determinar el lugar de la Razón en medio de la crisis, como una Razón que garantice la Verdad y la validez de los imperativos. Como si el inminente holocausto que se cernía nuevamente sobre todos les empujara, de alguna manera, más hacia un problema ético y político que a uno gnoseológico.

4. RENOVACION

 Frente a una parte creciente de la humanidad que creía y sostenía que podían y debían resolverse los problemas humanos por medio de la fuerza, había otra, de la que formaba parte Husserl, que insistía en defender que la vida no merecía la pena vivirse si no era con “responsabilidad”, es decir, bajo la obligación de dar respuesta de los propios actos ante una crítica racional (“crítica racional” como razonable, como ponderación prudencial de los actos y valores en juego).

 Para Husserl, estábamos ante el fracaso injustificado e inasumible de un proyecto milenario. La Renovación del hombre y de la cultura exigía una completa reflexión sobre lo verdadero y lo falso, sobre la base de la Responsabilidad y la Verdad como el compromiso básico de la Fenomenología, con el fin de producir una Etica capaz de responder a las exigencias de una lógica trascendental.

 Husserl repite así ese gesto tan hegeliano según el cual para ver el mundo racional hay que mirarlo racionalmente. Y eso es para Husserl, precisamente, la filosofía: un mirar racionalmente el mundo que no admite compromisos con nada más que con la Razón. Y la Fenomenología asume ese compromiso.

 Por ello, debe romper con todo relativismo y con las “filosofías de la sospecha”, buscando recuperar una teoría normativa de la racionalidad que permita reorganizar no solo el conocimiento del mundo, sino también la vida axiológica personal y colectiva, repensando lo humano en términos de acción.

5. EL CONCEPTO DE CIENCIA.

 ¿Cómo tiene que ser esa filosofía comprometida con la explicación y comprensión racional del mundo y de lo humano? Como matemático que es, Husserl no puede menos que aspirar a que esa Filosofía se instituya como ciencia estricta, para lo que tiene que cumplir al menos dos requisitos:

  1. debe generar una mathesis universalis, y

  2. debe conducir a un saber apodíctico (necesario –epistemevs empírico –science-).

 El método para conseguirlo será la epojé, una duda metódica no esceptica que permita obviar el problema de la historia, de la realidad o de la existencia de la propia conciencia (e incluso del mundo exterior), a fin de llegar a un principio apodíctico respecto de lo que puramente se presenta como fenómeno: la misma conciencia (cogito) y sus contenidos (cogitata).

6. LO QUE SURJGE TRAS LA EPOJE.

 Lo primero que surge tras la epojé es el concepto de conciencia. Pero junto con ello también surge el hecho de que nos damos cuenta de que nos damos cuenta. Ambos elementos, condición de posibilidad de todos los demás fenómenos.

 La conciencia se muestra compuesta por actos de conciencia (noesis) y por contenidos (noemas). Pero los actos de la conciencia no se dan solos, sino que están siempre están referidos a un algo, son conciencia de algo, están orientados a algo (intentio): por lo que se dice que la conciencia es intencional, aunque ese algo pueda ser ella misma (como en un acto de reflexión), u objetos exteriores a ella.

 Del análisis y clasificación de las formas de noesis y de noema surgirá una tipología completa de los actos y contenidos de conciencia que, junto a las reglas de deducción, constituirán la deseada mathesis universalis, la ciencia estricta de esencias que permita la organización axiomática de las Razónes Teorica, Practica y Estimativa.

7. LOS ELEMENTOS PARA SALIR DE LA CRISIS. LA FILOSOFIA Y SU FUNCION: LA RENOVACION.

 Pero una idea de esencia es un resultado a la vez fáctico y normativo: saber cómo las cosas son (apodícticamente) es también saber cómo las cosas deben ser. Por eso, al igual que la “ciencia de esencias”, como mathesis universalis, fundamenta axiomáticamente la matemática; la ciencia a priori del espíritu y de lo humano debe dar lugar a una idea del hombre que sea fundamento de las ciencias del espíritu; una idea de auténtica humanidad, una Teoría del Sujeto que permita redefinir todos los conceptos humanos, no solo los individuales sino también los colectivos, como familia, pueblo, Estado, ciencia, arte, religión, cultura, vínculo social…

 Con lo que, esta vez de la mano de la intuición de esencia, Razón teórica, practica y estimativa vuelven a quedar otra vez vinculadas.

 ¿Y todo esto para qué? Para salir del relativismo, para conseguir una ciencia de lo humano que de fundamento firme a nuestro afán de Renovación. Y el asunto no es baladí. Porque, desacralizado el mundo y habiendo perdido credibilidad todo argumento de autoridad, si no somos capaces de sostener la Razón como Tribunal, estamos abocados a un consenso siempre inestable, condenados a vivir en un terreno de azar e improvisación.

8. EL SUJETO COMO INTUICION DE ESENCIA .

 Por tanto, era prioritario intuir/deducir/construir esa idea de Hombre y de auténtica Humanidad, a fin de obtener una Teoría del Sujeto. La idea de Hombre, desde la Modernidad, había pasado por diferentes formas:

  • Por un lado estaba el Yo “biográfico” (ejemplar para lo universal) de Montaigne o Rousseau;

  • Por otro, el “Yo que somos todos” de Descartes.

  • Luego, teníamos al Sujeto Teórico de Kant, el “yo pienso que debe poder acompañar todas mis representaciones” (universal y válido para todo ser racional), y

  • Y por último habíamos visto emerger al Yo de Hegel, aquel que solo es tal cuando está en posición realizativa ante actos significativos para la vida del Espíritu (y que por tanto, introduce con su acción un nuevo sentido).

Hussserl, lejos de elegir o de dar prioridad a uno sobre otro, da unidad a todos, atando en un mismo sujeto ético al sujeto del conocimiento cartesiano, al de la autonomía moral kantiana y al de la capacidad de acción significativa.

 Con lo que culmina la tematización de la subjetividad moderna, pasando de un particular ejemplar a un universal que se construye a si mismo, y poniendo con ello el primer peldaño a la consideración de la esencia del sujeto como una capacidad autoformativa.

9. LA ACCION DE AUTOCONSTRUCCION COMO ESENCIA DEL SUJETO.

 Pero el resultado no deja de ser sorprendente: pues, frente a lo que teníamos asumido desde Platón como idea tradicional de “esencia”, como un contenido descriptible y fijo, Husserl acaba presentando una idea del hombre que es una forma de ser y de hacerse planteada en términos de un proceso de acción abierto, es decir, un rasgo de esencia formal, que no da al Sujeto ningún contenido material, ni un optimo de referencia, ni un ejemplar ideal de perfección. Por el contrario, el Sujeto Ético de Husserl, como ser personal y libre, carece por completo de un ejemplar señalable: es, consiste en, unas formas de ser y de vivir, además, plurales.

 El hombre ético queda así planteado como un hombre capaz de autoconciencia, y por tanto de autoexamen personal, por lo que es capaz de reflexión sobre si y sobre la propia vida. Ello le conduce a un autoconocimiento y a una autovaloración que (unidos a la capacidad de frenar las pasiones) posibilita una autodeterminación práctica, que no es sino una volición referida a si mismo, es decir, una auto-construcción.

 Pero el sujeto ético, además, sabe que esa autodeterminación práctica depende de un proceso falible, susceptible de error, ya sea por la información deficiente con que cuenta (siempre fraccionaria) o por las pasiones que puedan interferir en su volición. Por ello el sujeto ético está abocado a una permanente reflexión crítica, con miras a la auto-corrección; y la acción moral deviene una acción de aprendizaje, una acción de ponderación crítica y de elección razonable. El sujeto ético es una autoconstrucción en aprendizaje.

CONCLUSIONES

Lo que nos pone otra vez ante el problema inicial. Si no hay un ejemplar óptimo, si el sujeto ético está condenado a la autoconstrucción y si la acción moral finalmente es una acción de aprendizaje…, pareciera que debiéramos sopesar otra vez un cierto relativismo.

 Pero no. La confianza en la razón, como herramienta de elección razonable (que no de elección racional), nos obliga a mirar racionalmente al mundo y a dar respuesta (con responsabilidad) de nuestras acciones, buscando con otros (y frente a otros que son iguales a nosotros), un consenso infinitamente perfectible, sabedores y conscientes de que cualquier decisión es falible y que por tanto debe estar sujeta a permanente crítica y corrección. En el sujeto ético no hay cabida para una elección arbitraria.

Muy lejos del relativismo que imponen el imperio de la fuerza, la improvisación o el azar, Husserl en una -para mi- asombrosa (o no tan asombrosa, según se mire) coincidencia con otros dos austríacos universales (Zweig, desde la literatura y Kelsen, desde el positivismo jurídico) parece proponernos un camino de convivencia en la razón y la responsabilidad, que no hace sino recordarnos otra vez las bases mismas de la democracia y de la ciudadanía griegas: isonomía, isegoría y koinomía, los presupuestos de toda deliberación racional y honesta que busque alcanzar un acuerdo sobre el bien común.

 Y todo ello en medio de un mundo que se desmoronaba sin control, el que les había tocado vivir. Un mundo, por cierto, pese a las diferencias, perturbadoramente parecido al nuestro, al mundo desde el que nosotros, igual que ellos, nos vemos hoy obligados a reflexionar.

 Fin.

ENLACE AL TEXTO COMPLETO: http://www.safecreative.org/work/1411262602700-sinopsis-husserl-del-tribunal-de-la-razon-a-la-autonomia-moral-como-autoconstruccion-del-sujeto