Savia.

Un texto de Adriano Prandi.
A nosotros, los que en estas regiones nacimos y de estas tierras brotamos, nos desaparecieron una y mil veces. Nos exiliaron de nuestras parcelas, asfixiándonos en los socavones y humillándonos en las haciendas. Nos desterraron de la historia, negando nuestras raíces y glorificando a nuestros verdugos. Nos arrancaron nuestros derechos, a fuego de hogueras, a punta de sables, a tintazos de leyes y a fuerza de balas.
Pero como ni con un millar de azotes, ni un huracán de pestes, aprendimos a agachar la cabeza y a resignarnos al dominio y al olvido, por último, directamente nos borraron del mapa. Nos desaparecieron.
Volvemos como el viento para que quede claro que somos muchos, muchísimos más de treinta mil.
Somos los ecos de las voces desgarradas en el Estadio Nacional de Santiago de Chile. Somos los cuerpos arrojados sin piedad a uno y otro margen del Río de la Plata. Somos los estampidos de los fusiles que acribillaron a las familias mineras de Catavi y Siglo XX. Somos los escombros de la tierra arrasada en el Petén y en Morelos. Somos las generaciones arrebatadas por la guerra sucia en Honduras, El Salvador y Nicaragua. Somos los millones de desplazados por la violencia en Colombia y en México.
Somos, les podemos asegurar, muchos más de treinta mil.
Y si nuestros sueños son como esas cenizas que fertilizan la tierra desolada por el incendio, nuestros árboles nunca caen sin dejar rebrotes. En su savia no está inscrita la venganza, el odio o la revancha. Simplemente, los deseos y la confianza de que un mundo más justo es posible. Y necesario.

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