Montaigne – Los Ensayos – Libros I, II y III ( completo ) (audio libro audiolibro mp3) voz humana

Los enlaces situados a continuación corresponden a la grabación en mp3, capítulo a capítulo, de

  • los Ensayos de MONTAIGNE (libros I), tomada de la edición de Acantilado, Barcelona, 2007 (edición de  Bayod Brau); y de
  • los Ensayos de MONTAIGNE (libros II y III) realizada a partir de una lectura completa del ejemplar editado por Garnier de Paris en 1898, primera traducción al castellano, bajo edición de Constantino Roman y Salamero.

Esta grabación, al igual que las otras, está dedicada exclusivamente a aquellas personas que por sufrir una minusvalía o impedimento físico no tienen posibilidad de disfrutar de la obra en edición impresa (por lo que si usted no se ajusta a este perfil no debe oír ni realizar las descargas ni compartir este enlace).

Para quienes deseen cotejar la audición con el original, el ejemplar en PDF de los libros (I) II y III está disponible en el siguiente enlace:

 

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Una petición.

quienes crean que este proyecto de grabación de audiolibros para discapacitados visuales es en si mismo algo valioso, y quieran y puedan colaborar económicamente, les ruego que contribuyan en la medida de sus posibilidades a fin de que el tiempo invertido en esta tarea sea, a la larga, un esfuerzo sostenible.

¡Gracias a tod@s!                              donate-button

 

Para DESCARGAR pinchar en el link AZUL :

 

INDICE DE LA OBRA

  • Introducción
  • Advertencia del editor
  • El autor al lector
  • Libro I
    • Capítulo I Por diversos caminos se llega a semejante fin
    • Capítulo II De la tristeza
    • Capítulo III Como lo porvenir nos preocupa más que lo presente
    • Capítulo IV Como el alma descarga sus pasiones sobre objetos falsos, cuando los verdaderos la faltan
    • Capítulo V Si el jefe de una plaza sitiada debe o no salir a parlamentar
    • Capítulo VI Hora peligrosa de los parlamentos
    • Capítulo VII Que la intención juzga nuestras acciones
    • Capítulo VIII De la ociosidad
    • Capítulo IX De los mentirosos
    • Capítulo X Del hablar pronto o tardío
    • Capítulo XI De los pronósticos
    • Capítulo XII De la firmeza
    • Capítulo XIII Ceremonias de la entrevista de reyes
    • Capítulo XIV Del castigo por obstinarse sin fundamento en la defensa de una plaza
    • Capítulo XV Castigo de la cobardía
    • Capítulo XVI Un rasgo de algunos embajadores
    • Capítulo XVII Del miedo
    • Capítulo XVIII Que no debe juzgarse de nuestra dicha hasta después de la muerte
    • Capítulo XIX Que filosofar es prepararse a morir
    • Capítulo XX De la fuerza de imaginación
    • Capítulo XXI El beneficio de unos es perjuicio de otros
    • Capítulo XXII De la costumbre y de la dificultad de cambiar los usos recibidos
    • Capítulo XXIII Diversos sucesos del mismo orden
    • Capítulo XXIV Del pedantismo
    • Capítulo XXV De la educación de los hijos a la señora Diana de Foix, condesa de Gurson
    • Capítulo XXVI Locura de los que pretenden distinguir lo verdadero de lo falso con la aplicación de su exclusiva capacidad
    • Capítulo XXVII De la amistad
    • Capítulo XXVIII Veintinueve sonetos de Esteban de La Boëtie
    • Capítulo XXIX De la moderación
    • Capítulo XXX De los caníbales
    • Capítulo XXXI De la conveniencia de juzgar sobriamente de las cosas divinas
    • Capítulo XXXII De cómo algunos buscaron la muerte por huir los placeres de la vida
    • Capítulo XXXIII Coincidencias del acaso y la razón
    • Capítulo XXXIV De un vacío en nuestros usos públicos
    • Capítulo XXXV De la costumbre de vestirse
    • Capítulo XXXVI Del joven Catón
    • Capítulo XXXVII De cómo reímos y lloramos por la misma causa
    • Capítulo XXXVIII De la soledad
    • Capítulo XXXIX Consideración sobre Cicerón
    • Capítulo XL Como el sentimiento de los bienes y los males depende en gran parte de la idea que de ellos nos formamos
    • Capítulo XLI De la codicia de la gloria
    • Capítulo XLII De la desigualdad que existe entre nosotros
    • Capítulo XLIII De las leyes suntuarias
    • Capítulo XLIV Del dormir
    • Capítulo XLV De la batalla de Dreux
    • Capítulo XLVI De los nombres
    • Capítulo XLVII De la incertidumbre de nuestro juicio
    • Capítulo XLVIII De los caballos de combate
    • Capítulo XLIX De las costumbres antiguas
    • Capítulo L De Demócrito y Heráclito
    • Capítulo LI De la vanidad de las palabras
    • Capítulo LII De la parsimonia de los antiguos
    • Capítulo LIII De una sentencia de César
    • Capítulo LIV De las vanas sutilidades
    • Capítulo LV De los olores
    • Capítulo LVI De las oraciones
    • Capítulo LVII De la edad
  • Libro II
    • Capítulo I De la inconstancia de nuestras acciones
    • Capítulo II De la embriaguez
    • Capítulo III Costumbre de la isla de Cea
    • Capítulo IV Mañana será otro día
    • Capítulo V De la conciencia
    • Capítulo VI De la ejercitación
    • Capítulo VII De las recompensas del honor
    • Capítulo VIII Del amor de los padres a los hijos
    • Capítulo IX De las armas de los partos
    • Capítulo X De los libros
    • Capítulo XI De la crueldad
    • Capítulo XII Apología de Raimundo Sabunde
    • Capítulo XIII Del juzgar de la muerte ajena
    • Capítulo XIV Cómo nuestro espíritu se embaraza a sí mismo
    • Capítulo XV La privación es causa de apetito
    • Capítulo XVI De la gloria
    • Capítulo XVII De la presunción
    • Capítulo XVIII Del desmentir
    • Capítulo XIX De la libertad de conciencia
    • Capítulo XX No gustamos nada puro
    • Capítulo XXI Contra la holganza
    • Capítulo XXI De las postas
    • Capítulo XXIII De los malos medios encaminados a buen fin
    • Capítulo XXIV De la grandeza romana
    • Capítulo XXV Inconvenientes de simular las enfermedades
    • Capítulo XXVI De los pulgares
    • Capítulo XXVII Cobardía, madre de crueldad
    • Capítulo XXVIII Cada cosa quiere su tiempo
    • Capítulo XXIX De la virtud
    • Capítulo XXX De una criatura monstruosa
    • Capítulo XXXI De la cólera
    • Capítulo XXXII Defensa de Séneca y de Plutarco
    • Capítulo XXXIII La historia de Espurina
    • Capítulo XXXIV Observaciones sobre los medios de hacer la guerra de Julio César
    • Capítulo XXXV De tres virtuosas mujeres
    • Capítulo XXXVI De los hombres más relevantes
    • Capítulo XXXVII De la semejanza entre padres e hijos
  • Libro III
    • Capítulo I De lo útil y de lo honroso
    • Capítulo II Del arrepentimiento
    • Capítulo III De tres comercios
    • Capítulo IV De la diversión
    • Capítulo V Sobre unos versos de Virgilio
    • Capítulo VI De los vehículos
    • Capítulo VII De la incomodidad de la grandeza
    • Capítulo VIII Del arte de platicar
    • Capítulo IX De la vanidad
    • Capítulo X Gobierno de la voluntad
    • Capítulo XI De los cojos
    • Capítulo XII De la fisonomía
    • Capítulo XIII De la experiencia

¡Ojalá los disfrutéis y aprendáis con ellos tanto o más que yo!.

 

 

3 pensamientos en “Montaigne – Los Ensayos – Libros I, II y III ( completo ) (audio libro audiolibro mp3) voz humana

  1. Hace unas semanas descubrí este blog y pude leer que cierta cantidad había de ser donada para poder acceder a la totalidad de las grabaciones. No tengo absolutamente ningún problema con esto y de hecho estaría contento de poder ayudar a tan única y encomiable labor, pero ahora veo que no tengo ninguna traba a la hora de descargar los archivos.
    Me gustaría saber cuál es la situación en esta materia ahora mismo para poder estar en paz a la hora de descargarlo y estar seguro de que no perjudico tu trabajo.

    Muchas gracias

    • Estimado Daniel:

      La triste realidad es que la inmensa mayoría de la gente no tiene interés por esto… Dicho al revés, prácticamente nadie se ha interesado por ello.

      Paradójicamente, mucha gente tiene interés en la descarga pero no en la audición, comportándose como meros coleccionistas de conchas marinas, por lo que no están dispuestos a contribuir ni siquiera con la mísera aportación que se pedía por hora de grabación (entre 25ct y 50ct de euro por hora, ya ves). Les da igual la obra, si es buena o mala, si la traducción es correcta o no, si está completa, si está leída por una persona que se ha tomado el trabajo y el tiempo de grabarla personalmente o si es una voz mecánica automática partir de un pdf deficiente… Solo interesa si es “gratis”. Si es asi, lo bajan “todo” …para llenar discos duros. Y si no, nada.

      Por otro lado, ese mismo bloqueo impedía que otra gente, de ésta u otras latitudes, que sí tenían un deseo genuino por aprender, no pudieran acceder a las audiciones por la barrera económica o bancaria.

      Cualquiera que tenga dos dedos de frente ve inmediatamente que este proyecto no es “empresarial” y que la solicitud de aportación económica era una modestísima manera de pedir ayuda y contribuir a parte del esfuerzo (del mismo modo que, con el mismo poco éxito, pedí que se aportaran grabaciones, y a fecha de hoy no obtuve ninguna).

      Sin embargo, si hubo algunas personas, como tu, que colaboraron económicamente. Y sobre todo, lo que más me enorgulleció, es que hubo varias decenas de personas de distintos lugares del mundo, con deficiencias visuales, que además de su ayuda económica me hicieron llegar su agradecimiento. Y este fue para mi el mayor reconocimiento: que sus auténticos destinatarios encontraran valioso el esfuerzo.

      Por eso, después de acumular invisibilidad y fracaso, decidí abrir los enlaces. Volviendo a advertir, eso si, que estas grabaciones están destinadas exclusivamente a discapacitados visuales, y recordando que se espera ayuda y/o una contribución de carácter voluntario.

      Seguramente, en una cultura mercantilizada como la que nos asola, obrar así es una ingenuidad. Pero insistir en la estrategia anterior era una absurdidad: ni cumplía con su propósito, ni el trabajo (que es mucho) llegaba con seguridad a sus destinatarios.

      Espero al menos, que los “coleccionistas de audios” sientan que están robando, porque lo que coleccionan no son conchas tiradas en el suelo, sino manzanas y naranjas colgadas del árbol de un huerto, frutos del cariño y del trabajo humano. Allá cada uno con su conciencia.

      Con todo, grabar libros para mi es una pasión (me enseña mucho y no se por qué me da gran felicidad), por lo que sin duda lo seguiré haciendo. Pero salvo, claro está, que me toque la lotería o aparezca un mecenas, no podré seguir haciéndolo con la dedicación y regularidad con que empecé. Las grabaciones se volverán más espaciadas e irregulares, limitadas al tiempo libre de que disponga.

      Espero haber contestado a tu inquietud, aunque lamento haber sido algo desordenado en la respuesta: he ido reflexionando sobre el asunto a la par que escribía.

      Eres siempre muy bienvenido en el blog.

      Un cordial saludo

      Jorge Negro

      • Gracias por la respuesta Jorge!

        Te agradezco que hayas podido aclararme las dudas que tenía al respecto. Es una verdadera pena que un proyecto como este no pueda ser más grande de lo que es y conseguir más atención. Muy poca gente es capaz de valorar estas acciones pero puedes estar seguro de que, aun siendo minoría, unos pocos bichos raros lo encuentran de un valor incalculable (entre los que me incluyo).
        Aprovecharé las obras que ya están grabadas y estaré atento a cualquier novedad para la que consigas encontrar tiempo.

        De hecho los audiolibros no son para mí. Yo actúo como ojos para mi padre que sufre de síndrome de Stargardt, una distrofia macular degenerativa que te va robando vista con el paso de los años. Se inicia en la adolescencia y poco a poco te va dejando ciego. Actualmente él cuenta con un 10% de visión y desde ya hace tiempo tenía en la cabeza poder encontrar algo como lo que tu creas aquí. Es un hombre al que le encanta leer y es una verdadera desgracia que le haya tocado este mal.
        En concreto encontré tu página buscando los ensayos de Montaigne (el primer libro que me ha pedido).

        De nuevo agradezco tu preocupación y sinceridad. Le facilitaré tu trabajo y comentare con él las donaciones. Procuraré ayudar todo lo que se pueda. También te quiero dar las gracias de su parte y puedes estar seguro que has ayudado a que este hombre pueda volver a leer después de muchos años.

        Atentamente, Daniel G.

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