El que no sabe es porque no quiere.

No hay nada oculto. Toda la información relevante está ahí fuera, a la mano, disponible para quien sepa, pueda y quiera separarla del ruido, la propaganda, la contrapropaganda, la mentira, la basura y el miedo. No hay Matrix, ni siquiera parece haber una conspiración en la sombra, ni ejecutores señalables. Solo hay desidia, negligencia, complacencia, soberbia, estupidez, pereza. La nuestra. La misma que tiene seguramente cualquier chancho de cualquier modélico y moderno chiquero finlandés. Hasta el dia en que llega el matarife, claro. Entonces empiezan las quejas. Pero ya es tarde.

Entre nosotros (y que cada uno juzgue según su conciencia), que somos parte de esa minoría de la humanidad que tuvo el inmerecido privilegio de acceder a una educación y salud razonables, a comer todos los dias, a disfrutar de una infancia mínimamente protegida y feliz; a contar con un acceso casi irrestricto a la información, junto con una protección jurídica de derechos fundamentales y una conciencia de su inviolabilidad sin parangón en la Historia de la Humanidad; entre nosotros, el que no sabe es porque no quiere.

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