TEORIA PURA DEL DERECHO. Hans KELSEN

SEMINARIO DE LECTURA

Actividad presencial en VALENCIA (2016)

Inicio: Sin programar

 

HORARIOS:

  • LUGAR: Doctor Zamenhof, 46008 Valencia.
  • INICIO Sin programar.
  • INFORMACION E INSCRIPCIÓN: escribir a jnegroasensio@gmail.com, indicando nombre, edad, profesión/estudios, teléfono de contacto .

DURACION: 16-20 horas (15-20 sesiones) (dependiendo del ritmo de cada grupo) en sesiones de dos horas semanales, en día y horario a pactar con el grupo.

 

OBJETIVOS:

Principal: Realizar una lectura completa de la TEORIA PURA DEL DERECHO, de Hans KELSEN (Buenos Aires: Eudeba, 1983) Traducción de Moises Nilve. La lectura será llana, no erudita, literal, con el fin de entenderlo con la mayor profundidad que nos sea posible (sin sectarismo ni prejuicios de ningún tipo, ni a favor ni en contra) y reflexionar y discutir sobre su contenido, problemas y vigencia.

Secundarios:

  • Esbozar el marco filosófico, conceptual y político de la sociedad contemporánea, y sus desafíos (derecho, naturaleza, moral, obligación, ilícito, responsabilidad, jerarquía, interpretación, fuentes de derecho, Estado, Poder, Legitimidad, Administración, Constitución, separación de poderes, Imperio de la Ley).

 

DESARROLLO:

La obra es excepcional.

Denostada, atacada y tergiversada por iusnaturalistas y marxistas, coloca inapelablemente los cimientos del hecho jurídico, y define por completo sus criterios formales.

La TEORIA GENERAL DEL DERECHO Y DEL ESTADO, o  DE LA ESENCIA Y VALOR DE LA DEMOCRACIA, de Hans KELSEN pueden ser excelentes textos de referencia.

Materiales de trabajo:

Al inicio de la actividad y a medida que avance la misma, se facilitará a los asistentes los pdf y mp3 con el audiolibro de la obra. Ello permitirá evitar problemas de traducción y agilizar la lectura y comprensión de la obra.

¡Bienvenid@s a tod@s!

 

 

¿Por qué Grecia?

“Los recortes en educación y humanidades
no son nunca para economizar recursos: son para atajar la disidencia.”

¿Por qué Grecia?

Extraordinario audiovisual, conferencia de Pedro Olalla sobre el valor de la Humanidades.

En cierta medida, y más allá de su innegable valor intelectual, una obra de arte. Merece la pena disfrutar atenta y detenidamente del mismo.

http://www.youtube.com/watch?v=U9NeWHJ3yw8

 

Naturaleza humana : poder, justicia, revolución, utopía. Debate Chomsky-Foucault (1971)

“Naturaleza” humana, poder, justicia, revolución, utopía. Debate Chomsky-Foucault (1971)

Hoy, queridos amigos y amantes de la filosofía y de la reflexión en general, tengo el gusto de compartir con vosotros un enlace que es un completo lujo para los sentidos y el intelecto:

Nada menos que el debate completo Foucault-Chomsky (1971) en torno a la gran cuestión:

¿Existe algo así como una “naturaleza” humana -de carácter innato-? Y si es así,

¿qué implicaciones tiene para nuestra concepción del poder, la justicia, la revolución y la forma de sociedad humana ideal?

En fin, casi nada!. ¡Qué lo disfrutéis!

(Video con subtítulos en inglés y transcripción completa en el enlace. Es decir, que no hay excusas)

Comentario y transcripción: The historic Chomsky-Foucault debate

Video:  Full Chomsky-Foucault Debate (with English subtitles)

Texto en castellano: http://new.pensamientopenal.com.ar/01082010/filosofia02.pdf

  (Os ruego me informéis si los enlaces aparecen rotos, para repararlos)

 

A continuación os extracto algunas “perlas” de la segunda parte, sobre Poder y Justicia, menos técnica y más estimulante que la primera concentrada en cuestiones epistemológicas:

 

FOUCAULT:  ¿por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos.

De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa; sólo podría responder mediante la pregunta respecto de cómo podría no interesarme.

(…) No estar interesado por la política es lo que constituye un problema.

 

CHOMSKY: En caso de que sea correcto, como creo, que un componente fundamental de la naturaleza humana es la necesidad del trabajo creativo, de la investigación creativa, de la creación libre sin las limitaciones arbitrarias de las instituciones coercitivas, se desprende que una sociedad decente debería llevar al máximo las posibilidades de realización de esta característica humana fundamental. Esto significa intentar la superación de los elementos represivos, opresivos, destructivos y coercitivos que se encuentran en toda sociedad real -la nuestra, por ejemplo- como residuo histórico.

Ahora bien, toda forma de coerción o de represión, cualquier forma de control autocrático de cierto dominio de la existencia, como, por ejemplo, la propiedad privada del capital o el control estatal sobre algunos aspectos de la vida humana, cualquiera de las restricciones autocráticas de este tipo sobre algún área del esfuerzo humano, pueden justificarse, si esto es posible, sólo en términos de la necesidad de subsistencia, o la necesidad de supervivencia, o de defensa ante un destino horrible, o algo semejante. No es posible justificarlas de forma intrínseca. Más bien, se las debe superar y eliminar.

Pienso que, al menos en las sociedades tecnológicamente avanzadas de Occidente, sin duda nos encontramos en una posición en la que las tareas monótonas y sin sentido pueden en gran parte ser eliminadas y, reducidas a lo estrictamente necesario, ser compartidas por toda la población en la que el control autocrático centralizado, sobre todo de las instituciones económicas -y con esto me refiero al capitalismo privado, al totalitarismo estatal o a las variadas formas mixtas de capitalismo de Estado existentes-, se ha vuelto un vestigio histórico destructivo.

Se trata de vestigios que deben ser derrocados, eliminados en favor de la participación directa mediante asambleas de trabajadores u otras asociaciones libres que los individuos constituirán por su cuenta sobre la base de su existencia social y de su trabajo productivo.

 

FOUCAULT: (…) nunca se me ocurriría llamar democrática a nuestra sociedad.

Si por democracia entendemos el ejercicio efectivo del poder por parte de un pueblo que no está dividido ni ordenado jerárquicamente en clases, es claro que estamos muy lejos de una democracia. Me parece evidente que estamos viviendo bajo un régimen de dictadura de clase, de un poder de clase que se impone a través de la violencia, incluso cuando los instrumentos de esta violencia son institucionales y constitucionales; y a ese nivel, hablar de democracia carece de sentido por completo.

(…) una de las tareas que considero urgentes y apremiantes, por encima y más allá de todo lo demás, es la siguiente: deberíamos indicar y mostrar, incluso cuando están ocultas, todas las relaciones del poder político que actualmente controlan el cuerpo social, lo oprimen y lo reprimen.

(…)  es una costumbre considerar, al menos en la sociedad europea, que el poder está en manos del gobierno y que se ejerce a través de ciertas instituciones determinadas, como la administración, la policía, el ejército y los aparatos de Estado. Sabemos que la función de estas instituciones es idear y transmitir ciertas decisiones para su aplicación en nombre de la nación o del Estado, y para castigar a quienes no obedecen. Pero creo que el poder político también se ejerce a través de la mediación de ciertas instituciones que parecerían no tener nada en común con el poder político, que se presentan como independientes a éste, cuando en realidad no lo son.

(…) todos los sistemas de enseñanza, que al parecer sólo diseminan conocimiento, se utilizan para mantener a cierta clase social en el poder y para excluir a otra de los instrumentos del poder. Las instituciones del saber, de la previsión y el cuidado, como la medicina, también ayudan a apuntalar el poder político. Esto también es evidente, incluso a un nivel escandaloso, en ciertos casos vinculados con la psiquiatría.

Me parece que la verdadera tarea política en una sociedad como la nuestra es realizar una crítica del funcionamiento de las instituciones que parecen neutrales e independientes; hacer una crítica y atacarlas de modo tal de desenmascarar la violencia política que se ha ejercido a través de éstas de manera oculta, para que podamos combatirlas.

En mi opinión, esta crítica y esta lucha son esenciales por distintos motivos: en primer lugar, porque el poder político va mucho más allá de lo que uno sospecha; hay centros y puntos de apoyo invisibles y poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez quizá se encuentra donde uno menos espera. Probablemente, sea insuficiente afirmar que detrás de los gobiernos, detrás de los aparatos de Estado, está la clase dominante; debemos localizar el punto de actividad, los lugares y las formas en las que se ejerce la dominación. Y porque esta dominación no es sólo la expresión, en términos políticos, de la explotación económica, sino su instrumento y, en gran medida, su condición de posibilidad, para suprimir a una es necesario discernir la otra de forma exhaustiva. Si no logramos reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase, corremos el riesgo de permitir la continuidad de su existencia y de ver a este poder de clase reconstituirse a sí mismo, incluso luego de un aparente proceso revolucionario.

 

CHOMSKY: Sin duda estoy de acuerdo, no sólo en teoría sino también en la acción. Creo que hay dos tareas intelectuales: una, a la que me referí, es intentar crear la visión de una sociedad futura donde impere la justicia; esto significa crear una teoría social humanista basada, si es posible, en una concepción humanista y firme de la esencia humana, o de la naturaleza humana. Ésa es una de las tareas.

La otra consiste en comprender cabalmente la naturaleza del poder, la opresión, el terror y la destrucción en nuestra propia sociedad. Y sin duda esto incluye las instituciones que mencionó, así como las instituciones clave de toda sociedad industrial, a saber, las instituciones económicas, comerciales y financieras y, en particular, en el período que se avecina, las grandes corporaciones multinacionales que físicamente no están lejos de nosotros esta noche (…)

Éstas son las instituciones básicas de opresión, coerción y gobierno autocrático que parecen neutrales a pesar de todo lo que afirman. Estamos sujetos a la democracia del mercado, y esto debe entenderse precisamente en términos del poder autocrático, incluida su forma particular de control que procede del dominio de las fuerzas de mercado en una sociedad no igualitaria.(…)

Sin embargo, creo que sería una pena abandonar por completo la tarea, en cierto modo más abstracta y filosófica, de intentar establecer las conexiones entre un concepto de la naturaleza humana que dé lugar a la libertad, la dignidad, la creatividad y otras características humanas fundamentales, y una noción de la estructura social donde estas propiedades puedan realizarse y la vida humana adquiera un sentido pleno.

Y de hecho, si estamos pensando en la transformación social o la revolución social, aunque por supuesto sería absurdo presentar una descripción detallada del objetivo que intentamos alcanzar, debemos saber algo acerca de hacia dónde creemos que vamos, y dicha teoría puede indicárnoslo.

(…) Creo que en la esfera intelectual de la acción política, donde se intenta construir una visión de una sociedad justa y libre sobre la base de alguna noción de la naturaleza humana, enfrentamos exactamente el mismo problema que encontramos en la acción política inmediata, a saber, el de estar obligados a actuar, porque los problemas son muy graves, y sin por eso desconocer que cualquier cosa que hagamos se basa en una comprensión muy parcial de las realidades sociales y, en este caso, de las realidades humanas.

Por ejemplo, para hablar en términos concretos, gran parte de mi activismo político está relacionado con la guerra de Vietnam, y con la participación en actos de desobediencia civil. La desobediencia civil en los Estados Unidos se lleva a cabo con una gran incertidumbre acerca de sus efectos. Se podría argumentar, por ejemplo, que amenaza el orden social en modos que podrían conducir al fascismo; y eso sería algo muy nocivo para los Estados Unidos, para Vietnam, para Holanda y para todos. Sabemos que si un gran Leviatán como los Estados Unidos se volviera realmente fascista, provocaría muchos problemas; así que ése es uno de los peligros de este acto concreto.

Por otro lado, corremos un grave peligro en el caso de no llevarlo a la práctica; esto es, si no se lo hiciera, el poder estadounidense destruiría a la sociedad de Indochina. Enfrentados a estas incertidumbres, debemos elegir un curso de acción.

Del mismo modo, en el ámbito intelectual enfrentamos las incertidumbres que usted plantea correctamente. Nuestro concepto de naturaleza humana es sin duda limitado, está condicionado parcialmente por la sociedad, coartado por nuestras propias deficiencias de carácter y por las limitaciones de la cultura intelectual en la que vivimos. Pero, al mismo tiempo, es de una importancia crucial saber qué objetivos imposibles queremos alcanzar si nuestra intención es alcanzar algunos de los objetivos posibles. Y esto significa que debemos ser lo suficientemente audaces como para especular y crear teorías sociales basadas en un conocimiento parcial, muy atentos a la posibilidad, y de hecho a la alta probabilidad, de que al menos en algunos aspectos estemos muy lejos de dar en el blanco.

(…) el Estado tiene el poder de hacer cumplir un cierto concepto de lo que es legal, pero el poder no implica justicia y tampoco lo correcto;  (…) Es correcto llevar a cabo actos que impidan acciones criminales del Estado, así como lo es violar una orden de tránsito para evitar un asesinato.

(…) Del mismo modo, gran parte de lo que las autoridades estatales definen como actos de desobediencia civil en realidad no lo son: de hecho, es un comportamiento legal y obligatorio que viola el mandato del Estado, que puede ser o no un mandato legal.”

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En fin, como podéis ver (y comprobar), sin desperdicio.

 

De la libertad: ¿valor individual o valor social?

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¿Pagamos entre todos o cada uno paga lo suyo?

Un excelente artículo del profesor Augusto Klappenbach (Público, 25 de enero de 2013)

Sobre las diferencias de entender la libertad como valor individual o como valor social. No es lo mismo, ni de lejos, y sus consecuencias tampoco.

Por ir aclarando las ideas. Sin desperdicio.

““Los que tienen más renta han de acostumbrarse a aportar más a la financiación de los servicios por la vía de la tasa cuando utilizan esos servicios públicos, no por la vía del IRPF”, dijo Alberto Núñez Feijóo, Presidente de la Junta de Galicia, del Partido Popular. Una afirmación que suena muy bien a primera vista: ¿por qué una persona con un alto poder adquisitivo debe beneficiarse de prestaciones gratuitas del Estado? Quienes la utilicen deberán pagar en su momento las tasas correspondientes al servicio que reciben según su capacidad económica y solo aquellos que no tengan ninguna posibilidad de hacerlo podrán recibir asistencia gratuita. Y una persona que no utilice la sanidad o la enseñanza pública no tiene por qué pagar con sus impuestos lo mismo que los usuarios habituales. Una teoría que está penetrando progresivamente en el ámbito de la sanidad, la justicia y la educación y que es menos inocente de lo que parece.”

De las diferencias entre fascismo político y fascismo social.

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De las diferencias entre fascismo político y fascismo social.

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No todo está perdido (Attac – 19 enero 2013)

Por Boaventura de Sousa Santos, sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra (Portugal).

“Esperar sin esperanza es la peor maldición que puede caer sobre un pueblo. La esperanza no se inventa, se construye con alternativas a la situación presente a partir de diagnósticos que permitan a los agentes sociales y políticos ser convincentes en su inconformismo y realistas en las alternativas que proponen. Si se produjera el desmantelamiento del Estado de bienestar y se llevaran a cabo ciertas privatizaciones (la del agua), estaríamos entrando en una sociedad políticamente democrática pero socialmente fascista, en la medida en que las clases sociales más vulnerables (la gran mayoría de la población) verían depender sus expectativas de vida de la benevolencia y, por tanto, del derecho de veto de grupos sociales minoritarios más poderosos. El fascismo que surge no es político, sino social y convive con una democracia de bajísima intensidad. La derecha en el poder no es homogénea, pero en ella domina la facción para la cual la democracia, lejos de ser un valor incalculable, es un costo económico y el fascismo social es un estado normal.

La construcción de alternativas se apoya en dos distinciones cruciales: entre la derecha de la democracia como coste y la derecha de la democracia como valor; y entre esta última y las izquierdas (en el espectro político actual no hay una izquierda que asuma la democracia como un coste). Las alternativas democráticas tienen que surgir de esta última distinción. Los demócratas portugueses, de izquierda y de derecha, tendrán que tener en cuenta tanto lo que los une como lo que los divide. Lo que los une es la idea de que la democracia no se sostiene sin las condiciones que la hacen creíble para la mayoría de la población. Esta credibilidad se basa en la representatividad efectiva de quien representa (sistema político, sistema electoral, democracia interna de los partidos, financiación de campañas, etc.); en el desempeño de quien gobierna (rendición de cuentas, castigo de la corrupción y del abuso de poder); en el mínimo de ética política y de equidad para que el ciudadano no lo sea únicamente cuando vota, sino también cuando trabaja, cuando está enfermo, cuando va la escuela, cuando se divierte y cultiva, cuando envejece. En la coyuntura que atravesamos, este mínimo denominador común es más importante que nunca, pero al contrario de lo que puede parecer, las divergencias que se dan a partir de él también son más importantes que nunca. Son ellas las que van a dominar la vida política de los portugueses y europeos en las próximas décadas.

Principales divergencias

Primero, para la izquierda, la democracia representativa de raíz liberal es hoy incapaz de garantizar, por sí misma, las condiciones de su sostenibilidad. El poder económico y financiero está concentrado y globalizado de tal modo que su musculatura logra secuestrar con facilidad a los representantes y gobernantes (¿por qué hay dinero para rescatar bancos y no lo hay para rescatar familias?). De ahí la necesidad de complementar la democracia representativa con la democracia participativa (presupuestos participativos, referendos, consultas populares y consejos de ciudadanos). En el contexto europeo no habrá democracia de alta intensidad sin la democratización de las instituciones y procesos de decisión comunitarios.

Segundo, el crecimiento sólo se transforma en desarrollo cuando es ecológicamente sustentable y contribuye a democratizar las relaciones sociales en todos los ámbitos de la vida colectiva (en la empresa, la calle, la escuela, la familia, el acceso al derecho, la opción religiosa). Democracia es todo proceso de transformación de relaciones de poder desigual en relaciones de autoridad compartida. El socialismo es la democracia sin fin.

Tercero, sólo un Estado providencia fuerte hace posible una sociedad providencia fuerte (padres jubilados con pensiones recortadas dejan de poder ayudar a sus hijos desempleados, así como hijos desempleados dejan de poder ayudar a sus padres ancianos o enfermos). La filantropía y la caridad son políticamente reaccionarias cuando, en lugar de complementar los derechos sociales, los sustituyen.

Y cuarto, la diversidad cultural, sexual, racial, religiosa debe ser celebrada y no sólo tolerada.

Notas
Nótese que el texto está pensado para el actual contexto europeo de crisis y, sobre todo, para el contexto portugués. El combate del fascismo social requiere una nueva política de frentes en Europa formados por fuerzas democráticas que, unidas en su diversidad, sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción flexibles, de una notable unidad de propósitos y de centrar sus luchas en torno al fascismo social y sus efectos. La situación no es la misma que justificó los frentes antifascistas de los años 1930 en Europa, pero tiene algunas semejanzas perturbadoras. (N. T.)

Traducido por Antoni Jesús Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
Fuente Visão”

La justicia

Cita

“Una mañana, cuando nuestro nuevo profesor de “Introducción al Derecho” entró en la clase, lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:

– ¿Cómo te llamas?

– Me llamo Juan, señor.

– ¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! – gritó el desagradable profesor.

Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó, se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos miramos asustados e indignados, pero nadie dijo nada.

– Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las Leyes?…

Seguíamos asustados, pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta: “Para que haya un orden en nuestra sociedad”. “¡No!” contestaba el profesor. “Para cumplirlas”. “¡No!”. “Para que la gente mala pague por sus actos”. “¡¡No, no no!! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?!”… “Para que haya justicia”, dijo tímidamente una chica. “¡Por fin! Eso es… para que haya justicia. Y, ahora ¿para qué sirve la justicia?”

Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera pero, sin embargo, seguíamos respondiendo: “Para salvaguardar los Derechos Humanos”. “Bien, ¿qué más?”, decía el profesor. “Para discriminar lo que está bien de lo que está mal”… “Seguid”… “Para premiar a quien hace el Bien.”

– Bueno, no está mal…, pero… respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar a Juan de la clase?….

Todos nos quedamos callados, y nadie respondía.

– ¡Quiero una respuesta ya, decidida y unánime!.

– ¡¡No!!- dijimos todos a la vez.

– ¿Podría decirse que cometí una injusticia?

– ¡Sí!

– Entonces, ¿por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos Leyes y Reglas si no disponemos de la valentía que hace falta para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más! Anda, vete a buscar a Juan- dijo mirándome fijamente.”

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(de un autor lamentablemente desconocido)