INTRODUCCION A LA TEORIA DEL VALOR-TRABAJO

(Jorge Negro, La Morada, Valencia, 16, 24 febrero y 2 de marzo de 2017).

Actividad didáctica compuesta de 3 sesiones de dos horas.

Objetivos:

  • Presentar clara y brevemente los conceptos de: valor, trabajo, empleo, mercado, mercancía, dinero, precio, capital, desposesión, dependencia, salario, explotación, alienación, pauperización, ideología.
  • Alcanzar una visión de conjunto del modo de producción capitalista y nuestra situación en el mismo.

Contenidos:

Primera sesión: LA MERCANCIA (16-2-17)
• Objeto, bien, utilidad.
• Valor de uso, valor de cambio, valor.
• Trabajo humano concreto como productor de valores de uso, y trabajo humano indiferenciado como sustancia y medida del valor.

Segunda sesión: MERCADO (24-2-17)
• Formas de expresión del valor: su evolución. Del trueque al dinero como signo de valor.
• División del trabajo.
• Dinero como medio de circulación: MDM.
• Dinero como medio de compra: MD–DM y D-M-D.
• El fetichismo de la mercancía: modos de producción no fetichistas.
• Consumo y Atesoramiento.

Tercera sesión: CAPITAL (2-3-17)
• Capital Comercial, Capital Industrial y Capital Financiero: D-M-D’ y D-D’
• Desposesión y Acumulación.
• Fuerza de Trabajo como productora de mercancías.
• Fuerza de Trabajo como mercancía.
• Plustrabajo, Plusvalor, Jornada laboral.
• Plusvalor absoluto.
• Plusvalor relativo.

Enlaces a TODOS los videos y materiales:

0 Presentación y plan de trabajo.
– Video: https://youtu.be/8kVKBd7s1LU

1 Charla 1. LA MERCANCIA (16-2-17)
– Video: https://youtu.be/6pzlmXmFSyY
– Turno de preguntas: https://youtu.be/wF6CnWo4Psg
– PowerPoint: https://1drv.ms/b/s!AlEZdcJH_Qav5QoGml5va3O5ziJy

2 Charla 2. EL MERCADO (24-2-17)
– Video: https://youtu.be/q_oS-yd8Y0w
– PowerPoint: https://1drv.ms/b/s!AlEZdcJH_Qav5HKD-v6CI9ptkhR4

3 Charla 3. EL CAPITAL (2-3-17)
– Video: https://youtu.be/FWDnxJMGXdU
– PowerPoint: https://1drv.ms/b/s!AlEZdcJH_Qav5QiI-14Wp-xm3CPj

Esquema de la actividad, bibliografía y material complementario.
– PDF: https://1drv.ms/b/s!AlEZdcJH_Qav5GWzuHEVfLI1DuZR

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Retórica y civismo. El retroceso de la palabra.

Retórica y civismo. El retroceso de la palabra. (Artículo de Philippe Breton publicado en “Le Monde Diplomatique”, marzo de 1997: http://www.monde-diplomatique.fr/1997/03/BRETON/4624 ). Traducción de Marie-Françoise Rotter.

“Estamos en una situación extraña : mientras la persuasión está por doquier, y sus procedimientos nos asaltan por todas partes, alumnos y estudiantes no están preparados para practicarla ni descodificarla. A pesar de la voluntad de algunos docentes y la tenacidad de unos cuantos investigadores en comunicación, no existe, en ninguna parte, un verdadero programa de sensibilización a la argumentación, es decir a un convencer no-manipulador.

Por culpa de este vacío relativo se ha visto estos últimos años proliferar (en el mundo de la empresa, de la comunicación, así como en el inmenso mercado que constituye la “busca de la realización personal”) múltiples “teorías”, a menudo vendidas a precio de oro, que justifican “científicamente” la instrumentalización y manipulación del otro como modo de estar en sociedad.

Porque el siglo XX es testigo de una paradoja que poco se ha subrayado hasta ahora. Por un lado se ha visto desarrollarse, de una manera sin precedente, toda clase de prácticas de la persuasión. Las batallas ideológicas se han sucedido por olas, movilizando grandes multitudes. Los recursos de la propaganda, de la desinformación, de la manipulación psicológica, se han utilizado masivamente a lo largo del siglo, tanto en época de guerra como en época de paz. Incluso la progresión mundial (en la actualidad) del liberalismo pone en juego, bajo formas nuevas, un inmenso reto de persuasión. El desarrollo del sector mercantil, igualmente sin precedente, se nutre de la influencia fundamental de la publicidad sobre las conciencias, amplia maniobra de convencimiento, poco exigente en cuanto a los medios empleados.

Por otro lado, a pesar de esta presencia masiva, la palabra para convencer se expande dentro de un vacío casi total de reflexión, de enseñanza, de cultura y, para decirlo todo, de ética. No existe una verdadera “cultura del convencer” en una civilización que ya no busca (en las normas del pasado y de la tradición) los fundamentos de su destino.

Manipular las conciencias. 

La consecuencia de esta paradoja es que el ejercicio de la palabra, casi únicamente sometida a la regla de la eficacia, retrocede en beneficio de sus formas más manipuladoras.

Uno puede preguntarse si no asistimos a un verdadero retroceso de la palabra, y del papel que desempeña ésta en el progreso de la civilización. Otros períodos de la civilización humana conocieron igual retroceso. Después de cinco siglos de República, a lo largo de los cuales se había formado en el continuum del espíritu democrático ateniense una cultura del debate político, el historiador romano Tácito se pregunta (en un texto escrito en los alrededores del año 80 dC), si ésta no está desapareciendo ante sus ojos (1). “Hoy en día, escribe, hay que hacer corto : se acabó el tiempo dónde los oradores podían expresarse libremente ante un público atento y que participa en los debates”. “Hoy en día, prosigue, la cultura de los oradores que había nutrido la República ya no sirve para nada: el Imperio se está imponiendo y con él desaparece la democracia de la palabra.” Tacito ve en el empleo exagerado de la estética en el discurso –y la aparición del nuevo genero de la la literatura- la consecuencia de este final de la época inaugurada por Atenas. Hasta los juegos del circo se han convertidos en únicos temas de conversación “en las escuelas de retórica”.

Manteniendo cierto grado de prudencia en la comparación ¿no estamos viviendo un período equivalente, dónde la palabra está igualmente maltrecha? Hoy en día también hay que hacer corto : el “clip” se ha convertido en la unidad de medida del discurso. El debate in vivo se ha sustituido por procedimientos manipuladores al servicio (la mayor parte del tiempo) del pensamiento único a escala mundial. Los nuevos juegos de circo, el espectáculo televisivo multicanales, son el único tema de conversación. ¿Medimos realmente sus consecuencias en una sociedad en la que sólo se habla de lo vivido virtualmente (2)

El primer signo (al menos el más visible) del retroceso de la palabra es el intento de restringir el campo en el cual se aplica. ¿Qué es lo que se puede debatir y qué es lo que depende de una elección colectiva? La gigantesca batalla ideológica que tiene como meta imponer el liberalismo a escala mundial, tiene como característica que se libra en un registro manipulador. Lejos de presentarse como una elección posible, debatible en el espacio público, el liberalismo se presenta como “una evolución natural”, una “ley” a la cual tendríamos que someternos. Se despoja la palabra de su posibilidad de intervención, y se presenta lo esencial de lo que nos ocurre como no debatible, como ajeno a la palabra. Es muy fácil en semejante situación decir que no hay (tal como intentó hacérnos tragar Francis Fukuyama) solución alternativa al liberalismo. Nos atan las manos, nos tiran al agua y nos dicen que no sabemos nadar.

Luchar contra el retroceso de la palabra pasa por permitirnos hacer debatible nuestro destino común, por el rechazo de la ‘meteorologización’ de lo político, de la tan difundida asimilación semántica del paro a una forma de anticiclón de los Azores, a un fenómeno sobre el cual no tenemos ninguna influencia.

Otro signo del retroceso de la palabra es la ausencia de referencia, en el espacio púbico, a normas que regulen el uso de tal o cual tipo de procedimientos destinados a convencer. En las Democracias modernas resulta sorprendente ver la ausencia de disyunción entre el universo de los fines y él de los medios.

Si los fines son buenos, entonces todos los medios pueden ponerse a su servicio. La fascinación por la técnica no es ajena a esta carta blanca dada a los medios de comunicación. Así, por ejemplo, la propaganda es diabólica cuando está al servicio de los regímenes totalitarios, pero se hace respetable cuando se pone al servicio de los ideales democráticos. Como lo muestra Jacques Ellul, el mismísimo gobierno americano estrenó en 1917 la propaganda moderna Eso si, al servicio de una “buena causa”: los ideales de la democracia moderna (3). Se consideran las técnicas de manipulación (igual que la bomba atómica) como una “herramienta al servicio de la paz”, un “depósito sagrado” (como decía el presidente Truman) cuando está en manos de las democracias liberales. Pero objeto de terror diabólico cuando son “otros” quienes las fabrican.

Y la cumbre de esta confusión entre fines y medios es la publicidad moderna. Se sabe, desde Stuar Ewen, que los capitanes de la industria del siglo XIX se habían convertido, gracias a ella, en “capitanes de conciencias” (4). La publicidad , objeto complejo por la mezcla de los géneros que opera, sigue siendo una estupenda herramienta de manipulación de las mentes. Desde este punto de vista, las futuras generaciones juzgarán que tal vez habremos estado “tánto bajo influencia” como esos habitantes de países totalitarios que compadecemos por haber sido irradiados por la propaganda. Pero como la causa es buena (al menos desde el punto de vista del sector mercantil), también deben serlo los medios.

¿Decirlo todo, hacerlo todo?

El dominio político no escapa a esta contradicción: la demagogia es legítima si el programa político es bueno. Así se ha visto a parte de la izquierda francesa encontrar virtudes a un malabarista demagogo como Bernard Tapie, cuya ignominia de las estrategias de persuasión no se le escapaban sin embargo a nadie. ¿Cómo luchar contra la propaganda de extrema derecha cuando no se condena su uso en el campo democrático?

¿No habría que reflexionar sobre la disyunción entre una ética de los fines y una ética de los medios partiendo de que toda palabra se corrompe al estar difundida por medio de procedimientos manipuladores que no respetan ni al emisor ni al destinatario? Las normas que permiten separar lo que obra con respeto y lo que obra con violencia manipuladora ya existen. La cultura griega de la argumentación ya las debatía. Desde entonces, todo hombre político que pasa la línea roja de la demagogia sabe lo que está haciendo. Estas normas, que son normas de civilización, son por todos conocidas. Pero su alcance está mermado, y hasta negado, en el clima donde el “laisser-faire” también se aplica a la palabra y a los procedimientos de comunicación.

Cualquier recordatorio de estas normas se ve atrapado en la falsa disyuntiva libertad/censura, credo de las sociedades liberales. Se consideran estas normas base del espacio público: todo se puede decir, todo se puede hacer. Cualquier idea que encuentra receptor es legítima. Así es como las leyes del mercado contaminan hasta el mundo de las ideas y los medios para comunicarlas. Es necesario recordar que de la misma manera que hemos renunciado, como señal de civilización, al ejercicio de la violencia y de la venganza privada (5), también hemos reconocido en el mismo momento del nacimiento de la democracia, normas que permiten renunciar a la violencia psicológica que constituye la manipulación de la palabra. Tal vez sea hora ya de reactivar estas normas, de subrayar su importancia para la democracia y de demostrar el provecho que cada ciudadano podría sacar de ello.

Otra señal del retroceso de la palabra es el desapego de los sistemas de enseñanza y de investigación acerca de lo que Roland Barthes había cualificado de “imperio retórico”(6). En 1902 desaparecía de los programas de enseñanza pública esta asignatura que había sido, desde hace dos mil quinientos años, la base de toda enseñanza. Es cierto que la retórica, poco a poco, se había degradado hasta no ser sino una concha vacía del contenido ciudadano que tenía en la época clásica.

Pero ¿Una de las funciones cívicas esenciales de la enseñanza no sería, precisamente, enseñar que los grandes valores democráticos no son nada si los medios para defenderlos no están, ellos también, al servicio del retroceso de la violencia y de la construcción de un lazo social solidario, es decir, respetuoso de la relación con el otro?”.
Philippe Breton (Sociólogo. Estrasburgo)

 

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(1) Tacito, Dialogue des orateurs, Société d’édition Les Belles Lettres, Paris, 1985.
(2) Lire Philippe Breton, L’Utopie de la communication, le mythe du village planétaire, La Découverte, deuxième édition, Paris, 1995.
(3) Jacques Ellul, Histoire de la propagande, PUF, Paris, 1967.
(4) Stuart Ewen, Consciences sous influence : publicité et genèse de la société de consommation, Aubier, Paris, 1983.
(5) Lire sur ce point : Jean-Pierre Vernant, Les Origines de la pensée grecque, PUF, Paris, 1962.
(6) Roland Barthes, « L’ancienne rhétorique », in Communications no 16, numéro spécial consacré aux « Recherches rhétoriques », Seuil, Paris, 1970

Conceptos básicos de El Capital.

Jorge Negro Asensio

Aldaia, 28 de noviembre de 2014.

Presentación y resumen de los primeros 8 capítulos de El Capital (tomo I) de K.Marx.

(A continuación solo se reproduce la INTRODUCCIÓN, resto del documento disponible en el enlace  CONCEPTOS BASICOS DE EL CAPITAL).

http://people.safecreative.org/conceptos-basicos-de-el-capital/w1411232582049

 

INTRODUCCIÓN

Estado de la cuestión.

“La opulencia y la extravagancia de una minoría selecta es la condición indispensable para el progreso general” (Alejo Vidal-Quadras dixit 13- jul-2014)

Este es el “estado del conocimiento” a 2014. Pero no debería sorprendernos; barbaridades como esta ya se decían en 1714:

“Había una colmena que se parecía mucho a una sociedad humana bien ordenada. No faltaban bribones, ni malos médicos, malos sacerdotes, malos soldados, malos ministros. Y por supuesto, tenía una mala reina. Todos los días se cometían fraudes, y la justicia, llamada a reprimir la corrupción, era ella misma corruptible. Cada profesión y cada estamento, estaban llenos de vicios, y sin embargo la nación no era por ello menos próspera. Los vicios de los particulares contribuían a la felicidad pública; y esta felicidad, al bienestar de los particulares.

Pero un funesto dia se produjo un cambio en el espíritu de las abejas, y tuvieron la singular idea de no querer en adelante otra cosa que honradez y virtud. El amor exclusivo al bien se apoderó de los corazones, y pronto comenzó la ruina de la colmena. Desaparecidos los excesos, desaparecieron las enfermedades y no se necesitaron más médicos. Acabadas las disputas, se interrupieron los juicios y con ellos la necesidad de jueces y abogados. Las abejas, se volvieron económicas y moderadas: no más lujos, no más arte, no más comercio, y la desolación, en suma, fue general.

La conclusión fue inequívoca: Dejad, abejas, de quejaros: sólo las tontas se esfuerzan por hacer de un gran panal un panal honrado. Fraude, lujo y orgullo deben resplandecer, si queremos gozar de sus dulces beneficios”. (Bernard de Mandeville, La fábula de las abejas, o cómo los vicios privados hacen la prosperidad pública. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1982).

Uno podría pensar que Mandeville estaba bromeando, incluso que hacía una crítica divertida y mordaz a las sinvergüencerías de la clase dirigente su época. Pero no, para nada. Mandeville, hablaba muy en serio:

“Allí donde la propiedad está bien protegida, sería más fácil vivir sin dinero que sin pobres, porque ¿quién haría sin pobres el trabajo?… Se debe velar para que los pobres no mueran de hambre, pero no deben recibir nada que valga la pena ahorrar. Y si con todo, un pobre, gracias a una diligencia extraordinaria y apretarse el cinturón, prospera, nadie debe impedírselo; el ahorro es la mayor virtud individual. Pero a todas las naciones ricas les interesa mucho más que sus pobres gasten continuamente todo lo que perciben… pues los que se ganan la vida con su trabajo diario no tienen nada que los ayude tanto a ser serviciales como sus necesidades: estas, es prudente mitigar, pero es insensato curarlas. La única cosa que hace diligente al hombre que trabaja es un salario moderado: si es demasiado pequeño lo desanima o, según su temperamento, lo empuja a la desesperación; pero si es demasiado grande, se vuelve insolente y perezoso… De donde se desprende que en una nación libre, donde no se permite tener esclavos, la riqueza más segura consiste en una multitud de pobres laboriosos. Porque además de ser la fuente inagotable de las armadas y los ejércitos, sin verles no habría ningún disfrute y ningún producto tendría valor. Por eso, para hacer feliz a la sociedad y para contentar al pueblo aun en su mísera situación, es necesario que la gran mayoría siga siendo tan ignorante como pobre. Pues el conocimiento amplía y multiplica nuestros deseos, y cuanto menos desee un hombre tanto más fácilmente podrán satisfacerse sus necesidades” (Mandevill, B. Citado en Marx, K. El Capital, tomo I, cap XXIII)

Estas cosas se podían decir y discutir siempre y cuando la población lectora no superara el 1% de la sociedad, coincidente además con la clase dirigente. 150 años después, la alfabetización universal obligó modificar el discurso, aunque de vez en cuando sigan apareciendo un Vidal-Quadras, un Warren Buffet o un Sheldon Adelson mostrando en su lengua las pústulas de podredumbre del sistema.

 

¿Por qué hay que leer El Capital?

Primeramente, porque al Capital le pasa lo que al Quijote: que todo el mundo lo cita y comenta, pero muy pocos lo han leido de primera mano.

  • Algunos, quizás, porque han llegado a él a través de las gafas de otros autores, “facilitadores” cuya explicación puede llegar a ser tan oscura que frustre toda comprensión y acobarde cualquier intento posterior de abrevar en el original.
  • Otros, porque han sido víctimas de traducciones nefastas, algo que puede ser incapacitante cuando se llega a partes del texto de innegable aridez o complejidad.
  • Y otros, seguramente la mayoría, porque sumado a lo anterior, han hecho suyo el bulo dominante de que se trata de una obra desfasada, caduca, prescindible. Que el mundo ha cambiado, que el capitalismo globalizado y financiero ya no es el mismo… Que el marxismo es una teoría del crecimiento y del pleno empleo, y que ahora hay que abogar por decrecimiento y la renta básica. Que el modelo social que Marx propone es utópico. Que el socialismo real ha fracasado… En fin… Argumentos, hay muchos.

Menuda sorpresa se llevarían, unos y otros, si pudieran acceder sin filtros a la obra original, en alguna de las magníficas traducciones de que hoy disponemos.

  • Los primeros, encontrarían que el Capital es una obra diáfana, cristalina. Compleja y profunda, sin duda, pero extraordinariamente pedagógica y agradecida ante el esfuerzo del lector. Una obra científica y filosófica imponente, pero escrita no para científicos ni filósofos, sino con la firme voluntad de ser comprensible a cualquier obrero con un nivel de comprensión lectora de bachillerato, o de EGB bien aprovechada.
  • Los últimos se encontrarían con que de nada de eso trata El Capital. El Capital es una obra muy modesta: trata simplemente (y nada menos que) de las bases fundamentales de la economía capitalista; de su origen, de su estructura y funcionamiento profundos, de las leyes que lo rigen y de las tendencias por las que además no puede ser de otra manera.

Decir que El Capital está obsoleto, y que en su lugar hay que dedicar el tiempo a estudiar teorías alternativas, o finanzas o relaciones internacionales, es como sostener que hay que estudiar computación, química o estadística … en vez de algo tan antiguo como la aritmética.

Sería una ingenuidad, si no fuera porque no lo es: se trata de un mensaje cuyo fin es disuadir de su lectura. No quieren que lo leamos.

Y no lo quieren, porque al igual que todo empresario sabe que las decisiones estratégicas de su empresa se toman contando con los dedos (y que la estadística solo es útil para justificar o esconder chanchullos), el capitalista sabe que el ABC de su negocio está en El Capital. Sin el fundamento de El Capital, la mayor parte de lo que se enseña bajo el epígrafe de “economía política” no es más que el manto de ruido e ideología con el que hoy se encubren las relaciones de explotación, y se justifican las decisiones políticas que mantienen el statu quo en un mundo alfabetizado e interconectado.

Explotacion, desigualdad social, violencia, manipulación las hubo siempre, toda vez que alguien fue capaz de apoderarse de recursos, medios de producción o medios de subsistencia. Lo que llamamos progreso, puede resumirse en la evolución histórica de las formas de extraer plusvalía, y de contener o desactivar revueltas sociales.

“Nadie es lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.” (Rousseau, J.J. Del Contrato Social)

El capitalismo es solo la forma peculiar en que una sociedad mercantil extrae la plusvalía mediante el trabajo asalariado y el consumo. Y El Capital, es su gran desvelador. Probablemente, el único esfuerzo de desvelamiento completo y sistemático del capitalismo, hecho con toda ingenuidad, disponiendo de toda la información, y previamente a la puesta en marcha de su maquinaria de ocultación. Hasta hoy.

La Revolución Francesa había mostrado que otro mundo era posible. Pero la Santa Alianza y la Restauración, en firme alianza con la alta burguesía, también habían dejado claro que no volverían a permitir vacíos de poder, ni cambios políticos ni económicos, sin poner sobre la mesa cuantos muertos ajenos fueran necesarios. Democracia y revolución condenados a ir de la mano. Pero la revolución general nunca se produjo; y los alzamientos del 48 (igual que ocurriría más tarde con la Comuna de París) acabarían ahogados en sangre.

Marx tuvo que huir y exiliarse en GB.

A partir de entonces se dedicó obsesivamente a dos actividades:

  • Promover y organizar la asociación de trabajadores, procurando entender y romper la falsa conciencia que impedía a los obreros desligarse de la ideología de la clase dominante (fenómeno que dicho sea de paso no sería empezado a comprender -entre otros, por los modelos antropológicos del Materialismo Cultural- hasta los años 80 del siglo pasado)
  • Tratar de desentrañar las leyes que subyacen a la economía capitalista.

Dedicó 20 años a bucear en la Biblioteca del Museo Británico, estudiando Historia, economía clásica, y sobre todo los datos de las extraordinarias estadísticas recogidas en los Libros Azules del gobierno inglés.

En 1867 dio a luz la primera edición de El Capital, pero la actividad política, el esfuerzo titánico de redacción del primer tomo, y la obsesión correctora de las sucesivas reimpresiones frustraron la publicación de los dos siguientes, de los que solo quedaron borradores y notas que post mortem Engels, la hija y el yerno de Marx se encargarían de publicar.

Marx murió el 14 de marzo de 1883, apátrida, y a su entierro solo acudieron 9 personas.

Sin embargo, la obra que nos legó dio lugar a una revolución política e intelectual; y hoy, aunque no se lea, es un clásico:

  • Primero, porque es una obra científica mayúscula, de apabullante vastedad, realizada con meticulosidad y precisión tan asombrosas que 150 años después sigue permitiendo a cada generación múltiples relecturas.
  • Y segundo, porque para nuestra desgracia y contra todo pronóstico, no perdió vigencia ni capacidad iluminadora. El capitalismo industrial nacional, para el que Marx formuló sus leyes, fue capaz de superar una tras otras todas sus contradicciones y crisis sistémicas, derivándolas bien sobre los trabajadores o sobre otras regiones del planeta, sobreviviendo a dos guerras mundiales, a los fascismos y comunismos, y llegar hasta nosotros reconvertido en capital financiero globalizado, trasponiendo todos los elementos que Marx había descrito para un entorno nacional acotado, a un nuevo entorno también acotado pero a escala planetaria.

El Capital década tras década sigue saliendo desde el fondo de las bibliotecas como un foco incómodo, para iluminar una y otra vez y poner ante nuestra vista todo lo que nos esconden … y también lo que no queremos ver.

La vida material de los hombres domina y condiciona el desarrollo de la vida social, política e intelectual. Por eso, toda posibilidad de libertad individual y colectiva pasa por el conocimiento profundo de las leyes que determinan nuestra vida material. Conocimiento, para la autoconciencia; autoconciencia para la emancipación.

Ese y no otro era y es el cometido de El Capital: poner de manifiesto las leyes y tendencias que subyacen al modo de producción capitalista, y correr el velo del relato dominante que esconde la desigualdad y la explotación. Correr el velo para alumbrar la estructura de lo real y dar una oportunidad a la acción humana y a la libertad.

Hoy, fuera del ámbito académico, prácticamente ni se le lee ni se le discute. Las referencias a El Capital no pasan de frases hechas, descontextualizadas y privadas de su poderoso aparato argumentativo. Sin embargo, nos es aplicado a diario y con fervor por los teóricos y técnicos del poder. Convendría tenerlo presente, al menos para reconocer ciertos gestos y verlos venir.

La clase obrera sucumbió a la falsa conciencia y al consumismo igualador, renunciando a la movilización de clase y sindical, olvidando que lo que distingue al asalariado del burgues no es su nivel de consumo sino la propiedad de los medios de producción y el acceso a los recursos naturales. Una renuncia que, no sabe, llevaba aparejada la renuncia a la ciudadanía, puesto que sin igualdad material no hay igualdad legal, y ante derechos iguales siempre gana la fuerza. Una tragedia, más tragedia aun por anunciada.

A quienes ya conocéis la obra, seguramente muchos en este foro, os invito a releerla. Personalmente, si diez veces la he leído, diez veces me he sorprendido con ella: es inagotable. Y a quienes todavía no lo habéis intentado, os invito a leerla: no se trata solo de una de las obras más importantes de la historia del pensamiento universal, sino que pocas puede haber hoy más pertinentes.

No está demás insistir en que se trata de una obra que a veces puede resultar difícil, pese al esfuerzo de su autor, con pasajes verdaderamente áridos, sobre todo los primeros 4 capítulos, por añadidura los más importantes. De esto, Marx era consciente:

“Los comienzos son siempre difíciles, y esto rige para todas las ciencias”. “Nada puedo contra esto, salvo advertir y prevenir a los lectores que buscan la verdad. En la ciencia no hay caminos fáciles, y solo podrán acceder a sus cumbres luminosas quienes no teman fatigarse escalando por senderos escarpados” (Marx, K. El Capital, tomo I. Prologo a la edición francesa, 1872.

Con esto a la vista, y con la muy modesta intención de allanar el camino de su lectura, a continuación intentaré un breve resumen, un escueto mapa, de los primeros capítulos de El Capital. Ojalá sea un estímulo, y no otro obstáculo más, para quienes luego quieran acercarse de primera mano al original.

Jorge Negro Asensio

Aldaia, 28 de noviembre de 2014

 

MATERIALES y actividades.

La edición recomendada de El Capital es:

MARX, K. – EL CAPITAL – TOMO I (Ed. Siglo XXI) Traducción y notas de Pedro Scarón, sobre la última edición supervisada personalmente por Marx.

◦ Enlace a PDF: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/

◦ Audiolibro en mp3 para discapacitados visuales (solo texto, sin notas) http://jornea.blogs.uv.es/2012/07/27/marx-el-capital-tomo-i-sin-notas/

Además, todos los años en febrero, se inicia una lectura pública, colectiva y discusión en voz alta, de la obra completa (linea a linea). Es una actividad no erudita, dirigida a ciudadanos en general. Duración 12-15 meses, en sesiones semanales de 2 horas: Seminarios de Lectura de El Capital. http://jornea.blogs.uv.es/seminarios-de-lectura/

 

Enlace al documento completo, CON EL RESUMEN CAPÍTULO A CAPÍTULO:

CONCEPTOS BASICOS DE EL CAPITAL

La gran mentira de la sanidad privada en 8 gráficos

 

Excelente artículo de Alberto Sicilia (Principio Marsupia) que reproduzco íntegramente a continuación porque lo considero del mayor interés. (no obstante pinchando en el siguiente enlace puede accederse a la fuente original).

 

La gran mentira de la sanidad privada en 8 gráficos

Publicado por Alberto Sicilia el

 

 

“El mercado es más eficiente que el Estado gestionando la sanidad”. Desde que comenzó la crisis escucho cada vez más este argumento. Podríamos abrir un debate filosófico al respecto. Pero en realidad no hace falta: hay datos.

Entre los países ricos existen dos grandes grupos en cuanto a cobertura sanitaria: EEUU y el resto. La diferencia entre estos dos “universos” puede observarse bien en este primer gráfico.

¿Qué porcentaje de la población tiene garantizada la protección sanitaria a través de un programa público?

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Antes de continuar, hagamos algunos matices importantes. En EEUU hay ciertos programas públicos: Medicare, Medicaid, Veteran Health Administration, etc. (de ahí el 27% del gráfico anterior). En el “resto del mundo” las formas de gestión sanitaria no son exactamente iguales. En algunos países el Estado emplea directamente a los médicos (Reino Unido, España), en otros países la mayoría de las consultas son privadas pero el Estado paga las facturas (Francia) y también existe el “modelo suizo” donde la gestión se deja en manos privadas pero el Estado regula muy fuertemente a las compañías (ningún ciudadano puede quedarse sin seguro sanitario y las familias pobres tienen subsidios para pagarlo).

Si el mercado es más eficiente que el Estado gestionando la sanidad privada, entonces en EEUU la sanidad será muy barata y en el resto de países muy cara, ¿no?

Ocurre todo lo contrario, los estadounidenses son quienes más dinero se gastan en su sanidad (linea negra del gráfico)

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Bueno, quizás en EEUU la sanidad sea muy cara, pero los resultados serán mucho mejores que en el resto de los países, ¿no?

Todo lo contrario. EEUU tiene los peores índices sanitarios entre los países ricos. Veamos por ejemplo su mortalidad infantil.

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¿Y la esperanza de vida?

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Otro ejemplo: amputaciones de extremidades inferiores por diabetes.

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Entonces se gastarán tanto porque van mucho más al médico que el resto del mundo, ¿no?

Que no, que no.

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Bueno, pero siendo tan caro, seguro que las listas de espera no existen, ¿verdad?

Error.

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OECD, Health Care Data

En el país más rico y poderoso del planeta, más de un tercio de los enfermos no pueden seguir un tratamiento por problemas económicos.

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OECD Health Care Data

Cada vez que escucho que “el mercado libre el más eficiente que el Estado gestionando la sanidad” tengo una respuesta clara: mira los datos.

Cuando la competitividad entra por la puerta, las Humanidades salen por la ventana.

Reflexionar sobre qué ha sido estudiar Humanidades, nos remite directamente a la vivencia compartida. Y emerge el sentimiento que ha simbolizado al compañerismo: la generosidad. Porque sin generosidad no hay Humanidad posible.
.

Independientemente del porqué se impulsaron estos estudios de segundo ciclo, e independientemente de por qué cada una de nosotras empezó a estudiarla,  el resultado ha sido la creación de un espacio de intercambio intergeneracional entre gente joven y gente con juventud acumulada, que ha constituido una experiencia vital transformadora, de afectos y aprendizaje. Ha sido un ambiente idóneo, donde la motivación por aprender y la pasión por enseñar han hecho que se estudie desde el amor y la responsabilidad, y no desde la obligación impuesta.

Sin lugar a dudas, la labor del profesorado ha sido maravillosa en la gran mayoría de casos, demostrando una profesionalidad docente impecable, y una calidad humana impresionante. Podría decirse que esto es una obviedad, que es su trabajo. Pero no menos cierto es que a los profesores y profesoras se les paga exclusivamente por cumplir su horario lectivo, preparar el currículum docente, y realizar las horas de investigación requeridas. La pasión y la dedicación es algo que no se les reconoce en sus nóminas. Ese es un regalo que se llamaEducación. Y es que no se pueden enseñar las Humanidades sin una coherencia en la práctica diaria, con la Humanidad que se requiere para ello.

Dice el primer párrafo del anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Educación) de 2012:

La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.

Solo en una primera lectura, nos damos cuenta de que se alude de manera explícita tres veces a la competitividad (sin ni siquiera molestarse en usar sinónimos). No hay ni rastro de las Humanidades. Se habla de mercado, pero no de seres humanos; se habla de crecimiento económico, pero no de Justicia Social.

Se habla de ciudadanos… ¿Acaso todas las personas son ciudadanos? ¿Quiénes serán ciudadanos de pleno derecho? En el contexto actual de expropiación de derechos, y por tanto de acceso a los recursos (los derechos no se “recortan”: o están asegurados o se vulneran), ya estamos de facto en una sociedad donde se ha implantado legalmente el apartheid sanitario, y donde, en breve, tampoco tendremos acceso a la Justicia. ¿No vamos acaso hacia una misma situación en el ámbito educativo universitario?

Este es el paradigma educativo que se nos está imponiendo desde hace tiempo. Pero cuandola competitividad entra por la puerta, las Humanidades salen por la ventana. Aplicar la perspectiva economicista a la Educación, es hacer un giro perverso sobre el fin de la misma. Ni las Humanidades, ni la Educación, se pueden medir en términos cuantitativos: sobre cuántas horas de asistencia, cuántos trabajos realizados, sobre las veces que se ha levantado la mano para intervenir… La Educación es un cambio transformador que nos ayuda a posicionarnos críticamente respecto al mundo y respecto a nosotras mismas, para ayudarnos a ser mejores personas. Y en este sentido, no solo ni la eficacia, ni la competitividad no tienen absolutamente nada que ver, sino que en todo caso, lo que hacen es interferir negativamente.

Por ello, deberíamos apelar a que desde nuestra facultad, la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, se luche para que la Universitat de València, siga siendo una Universidad Pública, en el sentido más amplio de lo público: una Universidad humanista, humana, crítica y trasformadora. Porque el conocimiento no se gestiona, sino que se cuestiona y se construye colectivamente.

La carrera universitaria de Humanidades desaparece porque ya no se nos considera estudiantes, sino clientes. Por ello, cada Grado necesita una cartera suficiente de clientela para poder ser rentable. Este es el paradigma de la competitividad. Tal vez, en este contexto, sea más coherente que las Humanidades dejen de cursarse, pero esperemos, no obstante, que no abandonen definitivamente la Universidad. Quienes sí deberán abandonar la posibilidad de acceder a la Universidad serán quienes no tengan recursos económicos, quienes tengan que compatibilizar los estudios con el trabajo (y/o con la familia), o simplemente, quienes no sean lo suficientemente competitivos.

La Educación no es una mercancía. Pero vivimos en un mundo donde la propia vida se ha mercantilizado, donde el economicismo ha invadido todas las esferas de la vida, y donde lo político (como lo intrínsecamente más humano) y, por tanto, lo público, está desapareciendo de nuestro código social. En este sentido, la Universidad, debería de posicionarse críticamente en vez de entrar en una carrera que ya está perdida de antemano, ya que simplemente con que la Universidad pública pugne por ser competitiva, pierde su significado más auténtico.

Nosotras, las personas que estudiamos y hemos estudiado Humanidades, hemos querido agradecer a todas nuestras profesoras y profesores, ese regalo que nos han hecho, que es compartir su amor por el saber humano, y les pedimos de todo corazón, que sigan haciéndolo como hasta ahora, con la misma pasión, y con la coherencia y el posicionamiento crítico que conlleva ser Humanista.

 

Por Ana I. Fornés Constán, 25 de noviembre de 2012·

(A propósito del acto de Graduación 2005-2012 de la Licenciatura de Humanidades de laUniversitat de València.)

Disponible en internet: https://www.facebook.com/notes/bicho-del-cesto/cuando-la-competitividad-entra-por-la-puerta-las-humanidades-salen-por-la-ventan/511589615526274