AVAAZ y la manipulación.

Hace unos días, unos de tantos compañeros me enviaba por lista de correo un email pidiéndome participar en una campaña de Avaaz contra la «Regulación de Internet» por parte de los gobiernos, campaña que el consideraba de la mayor importancia (http://www.avaaz.org/es/hands_off_our_internet_i/?tlQiYab).

Unas horas después me llega otro email, del mismo compañero, en el que citando a un tercero advertía sobre

 «la conveniencia de tomar precauciones respecto a este grupo, Avaaz, en base a unas sospechosas campañas de hace un par de años que me llevaron a bucear un poco y obtener indicios de que pueden no ser del todo trigo limpio, teniendo en cuanta, entre otras cosas, el tipo de apoyos millonarios con el que están respaldados. Yo me di de baja y, por si se considera útil, lo expongo. Uno de los documentos en los que me baso es este http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/2011/3/12/farsas-sistemicas-iv-la-voz-quien-o-que-me. «

 SIn poner en duda lo dicho, ni la interesante página de blog que se cita, y estando en todo de acuerdo con ambos, creo que hay una mala interpretación de los hechos que lleva a conclusiones erróneas.

 – Muy probablemente Avaaz está financiada por algunos millonarios;

– Muy probablemente Avaaz está participada por gente que forma parte a su vez de algunos think tank;

– Muy probablemente algunas de sus campañas son promovidas para generar presión social, a favor o en contra de asuntos en los que están involucrados sus intereses particulares de grupo.

 Pero, bueno, eso no es diferente de lo que hacen la inmensa mayoría de «medios de comunicación» (participados mayoritariamente por bancos y multinacionales, y todos de declarada posición ideológica) cuando dan publicidad o segregan o criban o tapan determinadas noticias (de lo que El Pais tiene vasta experiencia, y es soporte del blog que se cita). Por cierto, ¿habrá en España algo más rancio y casposo que el grupo editorial Planeta? y sin embargo Planeta es también propietario de la Sexta, donde (de momento) se siguen emitiendo Wyoming y Salvados, junto con el anuncio de Desigual, mostrando que la pela es la pela y no tiene color ni patria.

Como dice la cita que cita el blogero, «en la guerra todo es engaño». Aunque la verdad es que todo «no», pues también está la violencia; pero «lamentablemente» para los que mandan ésta generalmente resulta mucho más cara que aquél. Por eso usan la mentira, el engaño y la manipulación que, aunque son bastante menos eficaces, a la larga son mucho más eficientes.

Y puesto que vivimos en un mundo donde la desinformación, vía ruido, mentira y distracción, ha crecido exponencialmente en relación a los datos correctos (lo que antiguamente -¡qué tiempos aquéllos!- llamábamos «verdad») no nos queda más remedio que, o dejarnos caer en un nihilismo paralizante, o tratar de navegar -más bien flotar- en unas aguas que no sabemos de dónde vienen, ni a dónde van, mientras ni siquiera sabemos dónde estamos. Es decir, que nos encontramos abocados a la disyuntiva entre un suicidio intelectual (y/o personal) o a seguir intentando ejercer la libertad de acción y de pensamiento, en la esfera a que podamos aspirar, y que nunca puede ser menos que la que marca los límites de nuestra persona.

Entonces ¿cómo decidir? ¿qué hacer? En estas cosas parece que no hay brújula ni mapas fiables, porque efectivamente todo puede estar manipulado, y en todo podemos ser sujetos de engaño y piezas pasivas o colaboradores necesarios de una batalla que no es la nuestra. Ya lo decía Borges con más gracia:

 «Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 

de polvo y tiempo y sueño y agonía?»

 Pues bien, ante eso, a veces creo que es necesario dar un paso atrás y replantearse ese «qué hacer», cuando todo puede estar corrupto y no hay asideros ni garantías, buscando elementos de decisión que aunque no sean infalibles nos permitan andar con la conciencia tranquila en la confianza de que al menos probabilisticamente estamos avanzando.

Uno de ellos es hacer lo que el enemigo más teme. ¿Y cómo saberlo? bueno, porque es allí donde invierte sus recursos, para manejarlos o neutralizarlos. Por ejemplo en su desmedida infiltración en los movimientos sociales y en la generación de ruido en los canales de información.

Por tanto, independientemente de que

– Avaaz u otras organizaciones puedan estar infiltradas;

– algunas de sus campañas puedan estar manipuladas respondiendo a intereses indirectos;

 creo que, ante la imposibilidad de certeza sobre cuál es la «verdad», un buen camino, si no el único, es seguir esa vieja frase, aunque ya algo gastada de:

PROGRAMA, PROGRAMA, PROGRAMA

Es decir, lo que se propone ¿es acorde con los pasos que hay que dar para alcanzar los objetivos que yo considero deseables? los apoyo. ¿No? no lo apoyo. Sin tener la varita mágica, ni la bola de cristal, y conscientes de que además nunca las tendremos y de que muchas veces nos equivocaremos y seremos vilmente utilizados.

Porque sin duda hay algo mucho peor que hacer algo equivocado: no hacer nada. Porque «ese» es el suicidio intelectual (y personal) que quiere para nosotros el enemigo. Y que nos neguemos a ello es lo que más teme.

Propongo, por tanto, que de lo que se trata es de analizar la información que recibimos con un poco de «dedicación» (por no utilizar esa expresión también tan gastada del «espíritu crítico» que, a diferencia de lo que piensa mucha gente, no consiste en «criticar» lo que dicen los otros sino en poner en tela de juicio tus propios fundamentos para evitar ser víctima de tus propios prejuicios).

No se puede apretar el botón «me gusta» simplemente porque es «guay», porque suena «antisistema», porque es «feminista», porque suena «progre», porque habla mal de los que me caen mal, o porque viene de una página que nos gusta… hay que analizar con cuidado lo que se nos propone, informándonos mínimamente de los hechos tratando de tomar la decisión correcta, que no siempre es la más fácil. Es decir, cuesta trabajo. Obrar de otro modo es contribuir al ruido del sistema y contribuir a neutralizar las campañas verdaderamente importantes.

Me llegan a diario correos sobre niñas que requieren tratamiento para una enfermedad rarísima… algunas de ellas que no existen y otras que lamentablemente han muerto hace décadas… ¿nadie comprueba lo que reenvía? evidentemente no, y todo ello se hace en nombre de la «solidaridad». Una solidaridad mal entendida que tapa con ruido y basura las pocas y verdaderas campañas de solidaridad que sería deseable sacar adelante. Y no pretendo juzgar a nadie, si no que nos miremos a nosotros mismos, ya que muchos de los correos que recibo me vienen reenviados por gente que estimo y respeto sobremanera. Y en más de una ocasión yo mismo reenvié una maldita cadena de la que luego me avergoncé.

Por tanto, mi opinión es que no se trata tanto de participar en organizaciones «puras» (que seguramente no las hay ni las habrá, porque a poco que se vuelvan importantes o molestas siempre tratarán de ser infiltradas y manipuladas por los grupos de poder)  como de obrar con «pureza», con respeto hacia adentro de uno mismo, siendo crítico y exigente con nuestro propio comportamiento.

Y con esos criterios, apoyar las campañas y acciones que promuevan la consecución de nuestro valores combatiendo las otras.

Esas plataformas y organizaciones, como todo buen cuchillo, son solo una herramienta. El bien o el mal que se consigan con ellas dependen de su uso.

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