Episodio 2 – Herramienta de piedra para cortar, de Olduvai

Episodio 2 – Herramienta de piedra para cortar, de Olduvai (hecha 1,8 millones de años atrás), encontrada en la Garganta de Olduvai, Tanzania, Este de Africa. 

A History of the World in 100 Objects, producción del British Museum y de la BBC. Link del programa, grabación en inglés y fotografías de los objetos comentados: http://www.bbc.co.uk/ahistoryoftheworld/objects/ykHw5-oqQEGFnvat1gavxA

Episodio 2 Olduvai Stone choping tool

Quizás, lo mejor que tenga ser Director del Museo Británico, y una de las cosas que todavía más me emociona ahora igual que antes, es poder sacar algunos objetos fuera de sus cajas … y cogerlos.

Hoy tengo en las manos uno absolutamente asombroso. He de admitir que, si cualquiera de nosotros lo viera sobre el suelo, probablemente pasaría sobre él sin hacerle caso, pero resulta que es de hecho el más antiguo objeto del Museo Británico, algo que fue hecho aproximadamente dos millones de años atrás, en Africa. Parece un largo y astillado i adoquín gris. El naturalista y locutor Sir David Attenborough es hoy, junto conmigo, el último homínido en tenerle entre sus manos.

Teniéndole en las manos puedo sentir lo que era estar en la sabana africana, necesitando cortar carne, por ejemplo, o necesitando cortar dentro de una res muerta para coger algo de comida”

Este es uno de los primeros objetos que los seres humanos hicieron conscientemente. Y tocarle me pone directamente en contacto con ellos. En esta historia del mundo que estoy intentando contar a través de objetos, esta piedra tallada en Africa (donde hoy es Tanzania) es donde todo comienza.

Uno de los objetivos de cualquier museo es permitirnos viajar a través del tiempo. Pero nuestra visión de cuánto atrás hay que ir se ha ido expandiendo dramáticamente desde que el Museo Británico abrió sus puertas en 1759. En ese momento la mayoría de sus visitantes probablemente aceptaban que el mundo había comenzado en el año 4004 BC -para ser precisos apenas empezar el domingo 23 de octubre. Esa fecha, sorprendentemente exacta, había sido calculada matemáticamente por el arzobispo Ussher ii -quien predicaba justo aquí abajo, en Lincoln’s Inn-. Ussher, para alcanzar ese dato, había cernido cuidadosamente la Biblia, contando los años de vida de cada uno de los descendientes de Adan y Eva. Pero como todos sabemos en nuestros dias, no celebramos el 23 de octubre como el Dia del Inicio del Mundo, ya que en el ultimo par de centurias, arqueólogos, geólogos y conservadores de museos han empujado constantemente hacia atrás la cronología de la historia humana, mucho más atrás de los 6000 años del arzobispo Ussher hasta los casi inimaginables 2 millones de años. Por tanto, si los científicos han sugerido que Adan y Eva no estaban en el 4004 BC, al principio del tiempo humano, en el Jardin del Eden… ¿Quién estaba allí? ¿y dónde? Hubo muchas teorías al respecto, pero no respuestas concluyentes y ciertamente ninguna fecha precisa hasta 1931, cuando un joven arqueólogo llamado Louis Leakey viajó en una expedición financiada por el Museo Británico rumbo a Africa.

La meta de Leakey era la Garganta de Olduvai, una profunda grieta en la planicie de la sabana del norte de Tanzania, no muy lejos de la frontera con Kenya. Ese sitio, parte del Valle Rift del este africano, es un desgarro inmenso en la superficie terrestre de miles de kilómetros de longitud. El tiempo aquí parecía haberse detenido entre las capas geológicas, y cuando Leakey examinaba las rocas expuestas y formadas al sol, al viento o a la lluvia de las sabanas… llegando a una capa de rocas observa que está formada por otro elemento diferente: unas manos humanas. Encontraron cerca de alli unos huesos, y a partir de alli les resultó claro que esas piedras habían sido trabajadas para servir de herramientas cortando tiras de carne, o hurgando en los huesos de los animales muertos en la sabana. Y la capa en la que las herramientas habían sido encontradas tenía aproximadamente dos millones de años antiguedad… Eso era pura dinamita arqueológica.

Las excavaciones de Leakey dieron con los más antiguos objetos humanos del mundo, y demostraron que no solo los seres humanos, sino la cultura humana en su conjunto procedía de Africa. Nuestra herramienta cortadora de piedra que ahora tenemos entre las manos es una de aquellas que Leakey encontró.

Al cogerla, tu primera sensación es que es muy pesada, y el ser muy pesada, por supuesto, da fuerza al golpe. La segunda es que cabe sin problemas en la palma de la mano, en una posición en que queda hacia adelante un afilado borde que va desde el dedo índice hasta la muñeca -por lo que ahora yo tengo en mi mano un afilado cuchillo. Pero aun más, tiene un bulto hecho especialmente, fuerte, por encima, de tal forma que puedo agarrar firmemente el borde. Con él es posible perfectamente cortar carne. Esa es la sensación que tengo, y que me conecta con el hombre que lo ha fabricado laboriosamente, tallando uno, dos, tres, cuatro, cinco muescas en una cara y tres en la otra, ocho especificas acciones realizadas por él, golpeándolo con otra piedra para extraer las lascas, mientras deja una linea casi recta como borde afilado” (David Attenbourh)

En el Museo Británico, recientemente, hemos hecho nuevas herramientas de cortar usando la misma técnica, al modo en que podrían haberlo acostumbrado hacer en la Garganta de Olduvai. Si cogemos una de estas piezas nuevas en mi mano vemos claramente cuán bien podemos usarla para cortar la carne de un animal. No tenemos a mano ningún Ñu africano, por lo que solo podremos probar usando un trozo de pollo asado. Pero pese a todo esta herramienta de corte resulta maravillosa y rápida separando la carne del hueso, y luego permitiendo con un golpe seco romper el hueso para llegar hasta el tuétano. Pero también por supuesto se puede usar una herramienta como esta para hacer tiras de cortezas árboles, o raíces, a fin de comerlas. Es, de hecho, un muy versátil complemento de cocina. Los primeros humanos que usaron herramientas de corte como esta probablemente no fueron cazadores, sino astutos oportunistas que esperaban hasta que leones, leopardos u otras bestias hubieran matado a sus presas y luego ellos iban con sus herramientas de corte, asegurada la carne y el tuétano, jugando sobre seguro para ganar el premio de la proteína.

Hablar de la grasa del tuétano puede no sonar muy apetecible, pero es enormemente nutritiva y un combustible excelente no solo para el esfuerzo físico sino también para un gran cerebro. El cerebro es un mecanismo extremadamente hambriento de potencia, y aunque suma solo el 2 por ciento del peso corporal, es responsable del gasto del 20 por ciento de toda la energía consumida, por lo que requiere una constante alimentación. Nuestros antecesores de hace dos millones de años aseguraban su futuro siendo realmente astutos. Cuando los más fuertes, rápidos y feroces depredadores estaban descansando por calor, ellos eran capaces de buscar comida. Utilizando herramientas como estas para obtener el tuétano de los huesos, la parte más nutritiva de una res muerta, pusieron en marcha un antiguo circulo virtuoso. Esta disponibilidad de comida para el cuerpo y mente, significaba que más cerebrados individuos podrían sobrevivir, criando más cerebrados niños, capaces a su turno de hacer cada vez más complejas herramientas. Contínuo proceso del que usted y yo somos justamente la última iteración.

La mayoría de los animales usan objetos, principalmente los simios. Pero lo que nos coloca aparte de ellos en este momento de la evolución es que, a diferencia de ellos, nosotros hacemos herramientas “antes” de necesitarlas. Y, una vez que las hemos usado, las guardamos para usarlas de nuevo: es el origen de la caja de herramientas.

El cerebro humano ha continuado evolucionando constantemente durante miles de años. Y lo que resulta realmente interesante es que nuestro cerebro empezó a devenir asimétrico bajo la presión de todo un conjunto de diferentes funciones -lógica, lenguaje, coordinación de movimientos necesarios para la fabricación de herramientas, imaginación y pensamiento creativo- a diferencia del cerebro de los simios que permaneció más pequeño y simétrico. Lo que ahora estamos viendo en esta herramienta de corte es el momento exacto en el que devinimos distintivamente inteligentes, y con un impulso no tanto a hacer cosas… como a imaginar cómo podríamos hacerlas mejores.

Este objeto está a la base de un proceso que ha resultado casi obsesivo entre los seres humanos. Es algo creado a partir de una substancia natural, pero con un propósito particular y de una particular forma, con una noción previa en el cerebro del constructor de para qué necesidad estaba destinado. ¿Es más complejo de lo que era estrictamente necesario para servir a la función para la iba a ser usado? Pienso que ustedes podrían casi decir que si. ¿Realmente, él necesitaba hacer uno, dos, tres, cuatro, cinco tallas en un lado y cuatro en la otra? ¿Podría haberlo resuelto solo  con dos? Yo también pienso que sí. El hombre o mujer que cogió esto, lo  hizo exactamente para esa particular tarea, y quizás quedara muy satisfecho de saber que iba a ser muy efectivo, económico y preciso. Pero aunque en un principio se pudiera decir que lo había hecho “muy bien”, tal vez todavía no era asi, y se trataba solo del comienzo de un viaje” (David Attenbourgh)

Sin todos esos “extras” en el borde de la herramienta de cortar, toda esta serie de programas sería imposible, porque esos “extras” nos dicen que desde el mismo comienzo, nosotros, a diferencia de otros animales, hemos procurado hacer “objetos” más complicados de lo que “realmente” necesitaban ser. Como puede verse, estos objetos traen poderosos mensajes acerca de sus fabricantes, y esta herramienta de corte está en el inicio de una relación entre humanos y las cosas creadas por ellos, que conjuntamente han devenido en una historia de amor y de dependencia.

Hoy, nosotros no podemos ya sobrevivir sin los objetos que hemos hecho, y en este sentido, haciendo objetos es como nos hacemos humanos. El descubrimiento de Leakey en la cálida tierra del Valle del Rift hizo algo más que llevar a los hombres más atrás en el tiempo: puso de manifiesto que todos nosotros descendemos de aquellos ancestros africanos; de modo que cada uno de nosotros es parte de la gigantesca diáspora africana. Nosotros no solo tenemos a Africa en nuestro ADN sino que toda nuestra cultura empezó en ese mismo lugar. Wangari Maathai, es una ambientalista keniata y Premio Nobel de la Paz:

Hasta ahora pareciera que la información que tenemos nos dice que provenimos de algún lugar del este de Africa. Y, por supuesto, para mucha gente esto puede ser sorprendente porque estamos acostumbrados a ser divididos en lineas étnicas o raciales, y miramos todo el tiempo por las razones que nos hacen ser diferentes unos de otros. Puede ser sorprendente para nosotros tomar consciencia de que nuestras diferencias son muy superficiales, como el color de la piel o de los ojos, o la textura de tu cabello, pero que esencialmente todos provenimos del mismo tallo, del mismo origen. Por eso pienso que en la medida en que continuemos comprendiendonos a nosotros mismos y en esa medida apreciando al otro, tomando conocimiento de un común origen, seremos capaces de librarnos del montón de prejuicios que albergamos en el pasado”

Oyendo las noticias en la radio es fácil imaginar un mundo dividido en tribus rivales y civilizaciones en competencia. Por eso es bueno, esencial de hecho, recordar que la idea de una común humanidad no es solo un sueño ilustrado, sino una realidad genética y cultural. Y eso es algo a lo que veremos una y otra vez en este programa.

Nuestro próximo objeto es una herramienta que la gente llevaba con ella cuando dejaron Africa por primera vez, comenzando su expansión a lo largo del mundo. Ella fue, muy propiamente, llamada la Navaja Suiza de la Edad de Piedra… : El hacha de mano.

Notas:

iIndustria lítica. Ver en http://es.wikipedia.org/wiki/Industria_l%C3%ADtica

iiArzobispo Ussher. Ver en http://es.wikipedia.org/wiki/James_Ussher

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